El universo acaba de sorprendernos con una explosión que nadie esperaba.
El Telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi, de la NASA, captó un estallido de rayos gamma que duró siete horas completas, una eternidad para este tipo de eventos que normalmente se extinguen en segundos o minutos.
El fenómeno, bautizado GRB 250702B, fue detectado el 2 de julio de 2025 y ha puesto en alerta a observatorios de todo el mundo, desde el Very Large Telescope (VLT) de Europa hasta los telescopios espaciales Hubble y James Webb.
Los astrónomos sospechan que este evento podría representar un tipo completamente nuevo de catástrofe cósmica, distinta a cualquier explosión estelar conocida.
Un estallido que desafía las leyes conocidas de la astrofísica
Los estallidos de rayos gamma (GRB) son las explosiones más brillantes del cosmos, originadas cuando una estrella masiva agota su combustible y colapsa en un agujero negro.
Sin embargo, GRB 250702B no encaja en esa descripción: su señal se prolongó durante casi un día, con pulsos repetitivos de energía que desafiaron todas las teorías existentes.
“Básicamente, no se parece en nada a lo que habíamos visto antes”, explicó el astrofísico Daniel Perley, de la Universidad John Moores de Liverpool.
El análisis espectral mostró un resplandor infrarrojo débil en una galaxia lejana, confirmando que el evento ocurrió fuera de la Vía Láctea, a miles de millones de años luz de distancia.
A esa escala, la energía liberada fue tan colosal que superó todos los GRB registrados hasta la fecha.
El comportamiento pulsante del estallido, con intervalos regulares de brillo, llevó a los investigadores a proponer un escenario inédito:
un agujero negro que podría haber penetrado el núcleo de una estrella y la habría destruido desde dentro, emitiendo un chorro de rayos gamma durante horas.

Hipótesis que reescriben la muerte de las estrellas
Hasta ahora, la explicación estándar señalaba que un GRB se produce cuando una estrella masiva colapsa, generando chorros de plasma que se disparan desde sus polos. Si uno de esos chorros apunta hacia la Tierra, los telescopios captan una breve ráfaga de rayos gamma.
En cambio, GRB 250702B mostró una duración y estructura imposibles de explicar con ese modelo.
Algunos teóricos propusieron que podría tratarse de un agujero negro de masa intermedia destruyendo de forma periódica fragmentos de una estrella atrapada en su órbita.
Otros, que el colapso estelar fue tan inusual que el núcleo permaneció activo mucho más tiempo del esperado, alimentando un flujo de energía constante.
“Es muy inusual en su duración, en su entorno y en esa extraña periodicidad”, señaló Brian Metzger, astrofísico de la Universidad de Columbia.
La señal fue tan potente que incluso provocó anomalías temporales en los sensores de varios satélites, un indicio de la magnitud extrema del fenómeno.
De la sorpresa a la confirmación: un estallido extragaláctico
Al principio, los científicos pensaron que el GRB podía haberse originado dentro de la Vía Láctea, pero las observaciones del Very Large Telescope (VLT) y del Hubble descartaron esa posibilidad.
El seguimiento de la fuente demostró que provenía de una galaxia remota, lo que multiplicó por miles la energía calculada del evento.
“Antes del VLT, muchos creían que se trataba de un evento galáctico. Pero las observaciones cambiaron completamente ese paradigma”, explicó Andrew Levan, astrónomo de la Universidad de Radboud y coautor del estudio.
El Telescopio James Webb confirmó posteriormente la composición de la galaxia anfitriona y permitió observar el resplandor residual del estallido, un remanente de plasma que se extinguía lentamente.
Cada nueva medición apuntaba a la misma conclusión: este no era un GRB común, sino algo mucho más energético y duradero, posiblemente relacionado con procesos desconocidos de colapso estelar o destrucción de materia por agujeros negros.

Un laboratorio natural para entender la energía extrema
El equipo internacional analizó los datos con instrumentos de alta precisión, entre ellos el espectrógrafo X-shooter del VLT y la cámara HAWK-I, además de observaciones desde radio hasta rayos X.
El objetivo: descifrar cómo un evento así puede liberar tanta energía durante tanto tiempo sin destruir su entorno inmediato.
La hipótesis más aceptada hasta ahora es que el estallido fue causado por un agujero negro que devoró una estrella desde dentro, un proceso que habría mantenido la emisión de rayos gamma activa durante horas, modulada por pulsos periódicos a medida que el material estelar era desgarrado.
“Si se trata de una estrella masiva, es un colapso completamente diferente a todo lo que hemos presenciado”, aseguró Levan.
Este tipo de descubrimientos no solo cambia la manera en que entendemos la muerte de las estrellas, sino que también ofrece pistas sobre cómo nacen los agujeros negros y cómo liberan energía al espacio interestelar.
Un enigma cósmico que recién comienza
El evento GRB 250702B podría marcar el inicio de una nueva categoría de explosiones cósmicas.
Su duración récord, su periodicidad y su origen extragaláctico lo convierten en un laboratorio natural para estudiar la física de los campos magnéticos extremos y la dinámica del plasma relativista.
Mientras el resplandor de este estallido se desvanece lentamente, los astrónomos esperan que un evento similar vuelva a aparecer para confirmar sus hipótesis.
“Todavía no sabemos qué produjo este evento, pero hemos dado un gran paso hacia su comprensión”, explicó Antonio Martin-Carrillo, astrónomo del University College Dublin.
Cada nuevo GRB detectado podría revelar una pieza más del rompecabezas, acercando a la humanidad a comprender cómo se desencadenan las explosiones más poderosas del universo desde el Big Bang.
Fuente: Infobae.