El 13 de septiembre, una bola de fuego atravesó el cielo pampeano de Argentina dejando tras de sí un destello y un estruendo que se escuchó minutos después. No hubo daños, pero sí preguntas: ¿de dónde vino?, ¿en qué punto se fragmentó?, ¿quedaron restos en el suelo? Un equipo internacional de científicos busca responderlas, y para eso necesitan la ayuda de la comunidad.
Una campaña abierta de ciencia ciudadana

Los investigadores de Argentina, Uruguay y España han lanzado un llamado: quien tenga filmaciones de cámaras de seguridad o haya hallado rocas inusuales en la zona debe reportarlas. Con esos datos podrán calcular con mayor precisión la trayectoria del meteoroide y determinar el área de impacto de sus fragmentos, que habrían caído entre Cuchillo Có, Colonia San Miguel y Lihuel Calel.
Según las estimaciones, el superbólido tenía unos dos metros de diámetro y, al ingresar a la atmósfera, se fragmentó en múltiples partes. Lo que llegue al suelo, convertido en meteorito, difícilmente supere el tamaño de un puño.
Cómo reconocer un meteorito
Los expertos señalan tres pistas. La primera es el peso: suelen ser más densos que las rocas comunes. La segunda, el recubrimiento: recién caídos se presentan con una costra negra brillante. Y la tercera, el magnetismo: muchos responden a un imán por su contenido metálico.
Si alguien encuentra un ejemplar sospechoso, debe enviarlo al Laboratorio de Geología Planetaria de la UBA o contactar a los investigadores a cargo. Solo un análisis académico puede confirmar su origen extraterrestre.
Una oportunidad única
No todos los días un superbólido irrumpe sobre territorio argentino. La colaboración ciudadana puede marcar la diferencia entre perder su rastro o documentar un hallazgo que sume al conocimiento del sistema solar. Los científicos lo tienen claro: el cielo ya dio su espectáculo, ahora la Tierra debe revelar qué fragmentos decidió conservar.
Fuente: La Arena.