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Ciencia

Un influyente inversor de Silicon Valley cree que los niños de hoy quizá nunca tengan que trabajar. Su argumento es que la inteligencia artificial podría llevarnos a una era de abundancia económica

Vinod Khosla, uno de los primeros inversores de OpenAI, sostiene que la inteligencia artificial reducirá el coste del trabajo hasta casi desaparecer. Según su visión, las próximas generaciones podrían dedicarse a lo que quieran sin necesidad de trabajar para sobrevivir. Sin embargo, los datos actuales pintan un escenario mucho menos claro.
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En Silicon Valley existe una narrativa recurrente cada vez que surge una nueva tecnología transformadora: el progreso terminará liberando a los humanos del trabajo. La inteligencia artificial ha reactivado ese viejo argumento con una intensidad inédita. Uno de sus defensores más entusiastas es el inversor Vinod Khosla, conocido por haber sido uno de los primeros grandes apoyos financieros de OpenAI.

En una entrevista reciente, Khosla planteó una idea que resume bien esa visión del futuro: los niños que hoy tienen menos de cinco años podrían crecer en un mundo en el que trabajar ya no sea una obligación. Según su hipótesis, el avance acelerado de la inteligencia artificial reducirá el coste del trabajo humano hasta un punto en el que la economía funcionará de forma muy distinta a la actual.

La promesa de una “era de abundancia”

Un influyente inversor de Silicon Valley cree que los niños de hoy quizá nunca tengan que trabajar. Su argumento es que la inteligencia artificial podría llevarnos a una era de abundancia económica
© Getty Images / NurPhoto.

El razonamiento detrás de esta predicción parte de una idea sencilla. Si las máquinas pueden realizar la mayoría de las tareas productivas, el coste de producir bienes y servicios caerá de forma drástica. En ese escenario, sostiene Khosla, la riqueza generada por la economía permitiría que muchas personas vivieran sin depender de un empleo tradicional.

El inversor cree que hacia el final de esta década hasta el 80% de los trabajos actuales podrían ser realizados por sistemas de inteligencia artificial. Si eso ocurre, afirma, los ingresos dejarían de depender principalmente del trabajo humano. La consecuencia sería una economía donde la supervivencia material ya no estaría ligada al empleo.

En ese contexto, elegir una profesión se parecería más a una decisión personal que a una necesidad económica. Las personas podrían dedicarse a actividades creativas, intelectuales o sociales sin la presión de generar ingresos para subsistir.

Lo que dicen los datos actuales

Un influyente inversor de Silicon Valley cree que los niños de hoy quizá nunca tengan que trabajar. Su argumento es que la inteligencia artificial podría llevarnos a una era de abundancia económica
© Charlotte Kesi / Banco Mundial.

La visión de Khosla, sin embargo, convive con análisis mucho más prudentes. Los estudios sobre el impacto real de la inteligencia artificial en el mercado laboral todavía muestran efectos relativamente limitados. En muchas empresas que han incorporado herramientas de IA, los directivos afirman que su impacto en la productividad y el empleo ha sido menor de lo esperado.

Las estimaciones más optimistas hablan de mejoras de productividad que rondan apenas unos pocos puntos porcentuales en los próximos años. Una cifra muy lejos de la transformación radical que describen algunos tecnólogos.

Además, la historia económica muestra que los aumentos de productividad no siempre se traducen automáticamente en mayor bienestar para toda la sociedad. Con frecuencia, esos beneficios terminan concentrándose en empresas, accionistas o sectores concretos.

Por eso, aunque la inteligencia artificial pueda transformar profundamente la economía, el verdadero debate no gira únicamente en torno a la tecnología. También depende de cómo se distribuyan sus beneficios. Sin mecanismos de redistribución o nuevas políticas económicas, la misma tecnología que promete abundancia podría terminar ampliando las desigualdades existentes.

La pregunta, en realidad, no es solo si la IA puede reemplazar gran parte del trabajo humano. La cuestión es quién se beneficiará de ese cambio cuando llegue.

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