Desde que fue detectado el 1 de julio, el cometa interestelar 3I/ATLAS ha captado la atención de la comunidad astronómica internacional. No solo por su velocidad récord, sino porque sus características podrían cambiar lo que creíamos saber sobre el origen de este tipo de objetos. Nuevas imágenes obtenidas desde el Gran Telescopio Canarias abren una ventana al pasado de este visitante galáctico.
Una velocidad que asombra incluso a los astrónomos

Con un desplazamiento de 51,25 km/s —más de 180.000 kilómetros por hora—, 3I/ATLAS supera con creces a sus predecesores interestelares. ’Oumuamua, el primer objeto de este tipo detectado, viajaba a unos 11,5 km/s; mientras que Borisov lo hacía a 32,9 km/s. Pero 3I/ATLAS no solo es el más rápido: también es el que más claramente ha permitido rastrear su posible punto de origen.
Según las observaciones lideradas por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), la trayectoria del cometa es oblicua y acelerada, lo que refuerza la hipótesis de que fue eyectado desde un sistema planetario en el disco fino galáctico, una región de la Vía Láctea donde predominan estrellas similares al Sol. Una pista significativa que no se había logrado identificar con tal precisión ni en Borisov ni en ’Oumuamua.
Un reflejo de otros mundos

Las imágenes más recientes muestran que la coma de 3I/ATLAS —la envoltura de polvo que rodea su núcleo— se extiende unos 26.400 km por 24.700 km. Curiosamente, no se han detectado emisiones gaseosas, lo que es común en cometas aún lejanos al Sol. Sin embargo, el polvo observado tiene un color compatible con el de otros cometas del Sistema Solar, lo que sugiere una composición similar.
El periodo de rotación calculado ronda las 16,8 horas, y los análisis respaldan la idea de que su formación no difiere demasiado de la de nuestros propios cuerpos menores. Según el investigador Javier Licandro, eso refuerza la teoría de que los procesos que generaron estos objetos son universales.
3I/ATLAS podría haber sido arrojado desde su estrella hace millones de años, cruzando lentamente el espacio interestelar hasta toparse, fugazmente, con nuestro sistema. Un recuerdo helado de un mundo lejano que, por unos días, se dejó ver desde el nuestro.