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Ciencia

Una droga común para los ataques cardíacos tal vez no les sirva a la mayoría de las personas

Un nuevo ensayo de envergadura muestra que los bloqueadores beta no brindan ningún beneficio real a quienes sufren la forma más común de ataques cardíacos.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Después de un ataque cardíaco, el tratamiento más común tal vez no valga la pena para un gran segmento de la población. Los datos de un nuevo ensayo muestran que la mayoría de quienes sufren un infarto cardíaco no se benefician después con los betabloqueadores.

Un numeroso equipo internacional de investigadores llevó a cabo el ensayo y comparó los resultados de casi 10.000 pacientes que habían sufrido un ataque cardíaco. De ellos, a algunos se les indicó terapia con bloqueadores beta y a otros, no.

En promedio, la gente con función cardíaca preservada y que tomaba betabloqueadores no tenían menor probabilidad de morir o sufrir un segundo infarto en comparación con los que no seguían el tratamiento con bloqueadores beta, según hallaron los investigadores. Los datos secundarios también mostraron que las mujeres en realidad enfrentan un riesgo mayor de sufrir complicaciones con esta medicación.

“Este ensayo cambiará todos los lineamientos clínicos internacionales”, dijo el autor principal del trabajo Valentin Fuster, presidente del Hospital Cardíaco Fuster Mount Sinai, en declaraciones de Mount Sinai.

¿Por qué usan betabloqueadores los médicos?

Durante más de 40 años los betabloqueadores han sido un aspecto clave en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares. Son drogas que bloquean los efectos de la adrenalina en los beta receptores del cuerpo, y eso reduce el ritmo cardíaco y la presión arterial (entre otros cambios en el cuerpo). Suelen usarse para reducir el estrés en el corazón dañado después de un infarto de miocardio, y en teoría reducen el riesgo de sufrir un segundo infarto u otros problemas cardiovasculares.

Pero la medicina cardíaca ha evolucionado mucho desde la llegada de los primeros betabloqueadores en la década de 1960. Con nuevos tratamientos y mayor conocimiento es más fácil que los médicos prevengan los daños al corazón que provocan los infartos. Por eso algunos investigadores empezaron a preguntarse si los betabloqueadores tendrían que seguir considerándose el tratamiento de primera línea después de un infarto. Eso sucedió con los del equipo que llevó a cabo este ensayo.

Terapia que necesita reinicio

El ensayo, llamado REBOOT, incluyó a unas 8.500 personas. Todos los pacientes habían sufrido infartos relativamente leves y parecían tener una fracción de eyección ventricular izquierda (FEVI) de más de 40%, fracción que mide lo bien que bombea la sangre el ventrículo izquierdo (la bomba principal). El FEVI sano es de más de 51%, en tanto que la función reducida es de entre 40 y 50%.

Se determinó al azar cuál mitad de los pacientes recibirían betabloqueadores tras salir del hospital. La otra mitad no los recibiría. Luego hicieron el seguimiento de los pacientes durante varios años (promedio, 3,7 años).

Al finalizar el estudio no había grandes diferencias en los resultados de ambos grupos. Las muertes (de cualquier causa), los infartos secundarios y las hospitalizaciones por falla cardíaca se dieron con la misma frecuencia en el grupo de control y el que tomaba betabloqueadores.

Como este tipo de infartos representa a la mayoría de los casos de hoy (alrededor del 80%) los hallazgos del equipo, publicados en el New England Journal of Medicine el último fin de semana, indican que los betabloqueadores no deberían constituir el tratamiento de rigor para la mayoría de los pacientes de infartos cardíacos, según los investigadores.

Dañino para algunos, beneficioso para otros

Aunque la terapia con betabloqueadores podría no ser útil para la mayoría de los pacientes varones después de un infarto cardíaco, para las mujeres podría ser peligroso.

En un análisis secundario de los resultados del REBOOT, publicado en el European Heart Journal, las mujeres tratadas con betabloqueadores tenían tasas mayores de infartos cardíacos, hospitalización, y muerte en comparación con las mujeres que no tomaban esa medicación. Una inspección más detallada mostró que este riesgo añadido solo se veía en mujeres que mantenían la función cardíaca normal (FEVI más de 50%). Aunque no está del todo claro porque solo las mujeres corrían este riesgo los estudios han mostrado que los infartos cardíacos se presentan de manera diferente en hombres y mujeres, con síntomas distintos también.

Los hallazgos deberían optimizar el cuidado a largo plazo de los pacientes de infartos cardíacos, a quienes se les suelen indicar varias medicaciones para controlar su salud cardiovascular. “Estos resultados servirán para refinar el tratamiento, reducir efectos colaterales y mejorar la calidad de vida de miles de pacientes al año”, dijo el autor Borja Ibáñez, director científico del Centro Nacional de Investigación Cardiovascular de España.

Dicho esto, el ensayo REBOOT no eliminará los betabloqueadores. Esas drogas pueden ayudar a prevenir complicaciones en personas con ataques cardíacos graves, y se usan como tratamiento para otras afecciones, como la insuficiencia cardíaca congestiva, las migrañas e incluso la ansiedad de rendimiento.

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