Ambientada en un inhóspito pueblo minero de los años ochenta, la película sitúa el foco en una familia queer expulsada de su lugar de origen por una acusación tan irracional como devastadora: se les atribuye una enfermedad mortal que, supuestamente, se transmite solo con la mirada. En medio de ese clima de superstición y odio crece Lidia, una niña de once años que deberá enfrentarse a la violencia del entorno mientras descubre que su verdadera protección está en la familia elegida.
Una fábula sobre el miedo, el estigma y la supervivencia
Aunque el relato adopta formas cercanas a la fábula, La misteriosa mirada del flamenco aborda de lleno cuestiones históricas muy concretas: el inicio de la crisis del sida, la persecución de las identidades disidentes y la exclusión sistemática de los cuerpos no normativos. Todo ello sin recurrir al dramatismo convencional, sino apostando por una puesta en escena que mezcla crudeza y lirismo.
El propio título funciona como metáfora. Lejos de cualquier referencia musical, el flamenco alude al animal y a su singularidad, convertida aquí en símbolo de la diferencia y la marginalidad. Céspedes construye así un universo donde lo extraño no es lo queer, sino el miedo colectivo que necesita inventar monstruos para sostenerse.
Reconocimiento internacional desde Cannes
La acogida de la película en festivales ha sido inmediata. En la última edición del Festival de Cannes, se alzó con el premio a Mejor Película en la sección Un Certain Regard, uno de los espacios más prestigiosos para nuevas miradas autorales. Posteriormente, fue reconocida con el Premio de la Juventud en el Festival de Cine de San Sebastián y ha sido nominada al Goya a Mejor película iberoamericana.
Desde la crítica internacional, el entusiasmo ha sido notable. Siddhant Adlakha, de Variety, la definió como “una ópera prima amable, apasionada y en ocasiones absurda, con un enorme impacto emocional”, subrayando precisamente su capacidad para abordar temas durísimos desde un lugar inesperadamente luminoso.
La familia elegida como acto político
Uno de los ejes centrales de la película es la idea de la familia construida como forma de resistencia. Céspedes lo ha explicado en diversas entrevistas, destacando que, para muchas personas trans y del colectivo LGTBIQ+, crear vínculos propios fue —y sigue siendo— una estrategia vital de supervivencia frente al rechazo social.
🎬 La misteriosa mirada del flamenco (2025) 🇨🇱
⏰ 110 Minutos.
🖊️ 5.9 pic.twitter.com/qKGBKqvYoH
— FilmArte (@FilmArte00) January 6, 2026
Esta visión ha llevado a que la película sea descrita como un “western queer con música de Rocío Jurado”, una definición que resume bien su mezcla de imaginario popular, melodrama y espíritu combativo. Las comparaciones con Pedro Almodóvar han sido inevitables, aunque el director chileno matiza esa influencia: no como origen, sino como heredero de una sensibilidad que ya existía antes, nacida de la necesidad de cuidarse mutuamente.
Un estreno solo en cines
En un contexto dominado por el streaming, La misteriosa mirada del flamenco apuesta por un estreno exclusivamente en salas, reivindicando la experiencia colectiva para una historia que habla, precisamente, de comunidad. Su llegada a los cines el 16 de enero no solo suma una de las propuestas más singulares del año, sino que invita a mirar de frente una etapa oscura de la historia desde un lugar profundamente humano.
Una película que no niega el dolor, pero se niega a renunciar a la ternura como forma de resistencia.
Fuente: SensaCine.