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Ciencia

Una piscina sagrada sellada durante siglos acaba de revelar uno de los mayores tesoros rituales de la Antigüedad. Miles de monedas y dioses de bronce resurgen del santuario etrusco-romano de Toscana

En el Baño Grande de San Casciano dei Bagni, arqueólogos han recuperado miles de monedas imperiales, estatuas votivas y ofrendas médicas arrojadas a las aguas termales durante más de siete siglos. El hallazgo revela cómo etruscos y romanos buscaban salud y fortuna en un mismo santuario.
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En las colinas de la Toscana, donde brotan aguas termales desde hace miles de años, un equipo de arqueólogos buscaba reconstruir la historia de un antiguo santuario. Lo que encontraron superó todas las expectativas. Bajo el barro mineral de una piscina sagrada aparecieron miles de monedas, estatuas de bronce y ofrendas personales depositadas durante siglos por fieles que buscaban curación, prosperidad o la intervención directa de los dioses.

El redescubrimiento de un santuario olvidado

Una piscina sagrada sellada durante siglos acaba de revelar uno de los mayores tesoros rituales de la Antigüedad. Miles de monedas y dioses de bronce resurgen del santuario etrusco-romano de Toscana
© Comune di S. Casciano dei Bagni.

El lugar se conoce como Baño Grande de San Casciano dei Bagni, un complejo termal situado en una de las zonas hidrotermales más activas de Italia. Desde la Antigüedad, estas aguas calientes se consideraban portadoras de propiedades curativas y, por lo tanto, profundamente vinculadas a lo divino.

Las excavaciones comenzaron en 2007 con un objetivo relativamente modesto: comprender cómo funcionaba este santuario durante la época etrusca y romana. Sin embargo, pronto quedó claro que el sitio escondía algo excepcional. A medida que los arqueólogos removían los sedimentos del fondo de la piscina, comenzaron a aparecer monedas de bronce y plata en cantidades inesperadas. Pronto se sumaron estatuillas, inscripciones y objetos votivos.

El conjunto terminó revelándose como uno de los depósitos rituales mejor conservados del Mediterráneo antiguo.

Un santuario nacido del poder de las aguas termales

El origen del santuario se remonta probablemente a la época etrusca tardía, entre los siglos III y II a. C.. Las comunidades locales construyeron un espacio ritual alrededor del manantial principal, convencidas de que sus aguas poseían propiedades curativas. Cuando Roma incorporó la región a su esfera de influencia, el santuario no desapareció. Por el contrario, fue ampliado y monumentalizado.

Se levantaron estructuras de piedra, canalizaciones y una gran piscina ceremonial, donde los peregrinos depositaban sus ofrendas directamente en el agua. Durante más de siete siglos, aristócratas, viajeros y enfermos acudieron al lugar con la esperanza de sanar dolencias físicas o recibir protección divina.

La piscina sagrada que funcionó como cápsula del tiempo

Una piscina sagrada sellada durante siglos acaba de revelar uno de los mayores tesoros rituales de la Antigüedad. Miles de monedas y dioses de bronce resurgen del santuario etrusco-romano de Toscana
© Mariotti, Salvi y Tabolli 2023/M. Bischeri.

El corazón del complejo era la gran piscina alimentada constantemente por las aguas termominerales. A diferencia de las termas romanas urbanas, este espacio no estaba destinado al ocio ni al baño cotidiano. Era un lugar ritual donde los fieles realizaban gestos simbólicos: arrojar objetos al agua como ofrenda a las divinidades del santuario.

Las características químicas del manantial jugaron un papel crucial en la conservación de los objetos. Los sedimentos calcáreos y las arcillas sellaron el fondo de la piscina y protegieron metales, inscripciones e incluso restos orgánicos durante más de mil quinientos años. El resultado fue una auténtica cápsula del tiempo arqueológica.

Dioses de bronce y plegarias por la salud

Entre los hallazgos más impresionantes destacan las estatuas de bronce votivas, que constituyen el mayor conjunto de estatuaria etrusca encontrado hasta ahora en Italia. Algunas figuras representan divinidades asociadas a la curación. Una de las piezas más destacadas es una estatua de Apolo, dios relacionado con la medicina y la sanación.

También se recuperaron pequeñas figuras humanas, incluidas representaciones infantiles envueltas en mantos. Es probable que estas ofrendas fueran depositadas por familias que pedían protección o salud para sus hijos.

Otro tipo de objeto encontrado en abundancia son los exvotos anatómicos: representaciones de partes del cuerpo como piernas, orejas, torsos o incluso úteros. Estas piezas funcionaban como una especie de “petición médica” dirigida a los dioses. Quien sufría una dolencia concreta ofrecía una representación simbólica del órgano afectado con la esperanza de obtener curación.

El tesoro sumergido: cerca de 9.000 monedas

Una piscina sagrada sellada durante siglos acaba de revelar uno de los mayores tesoros rituales de la Antigüedad. Miles de monedas y dioses de bronce resurgen del santuario etrusco-romano de Toscana
© Maggiani 2002.

El descubrimiento más espectacular del yacimiento es el enorme conjunto de monedas recuperadas en el fondo de la piscina. Hasta ahora, los arqueólogos han documentado cerca de 9.000 monedas, depositadas a lo largo de varios siglos.

Entre ellas aparecen monedas etruscas de bronce, aes grave republicanos, denarios romanos y sestercios imperiales. Algunas fueron acuñadas bajo emperadores como Augusto, Antonino Pío o Marco Aurelio. Muchas monedas muestran un desgaste mínimo, lo que sugiere que fueron arrojadas al agua poco después de entrar en circulación.

El gesto de lanzar una moneda funcionaba como un acto ritual de negociación con lo divino: una promesa, una petición o una forma de agradecimiento.

Un santuario que sobrevivió a siglos de cambios

Uno de los aspectos más sorprendentes del sitio es su extraordinaria continuidad. Incluso cuando el cristianismo comenzó a expandirse en el Imperio romano, el santuario continuó funcionando como lugar de peregrinación.

Las evidencias arqueológicas muestran que el Baño Grande siguió recibiendo ofrendas hasta el siglo IV d. C., un período en el que muchas prácticas religiosas tradicionales estaban desapareciendo. Gracias a esa continuidad y a las condiciones únicas de conservación, el sitio ofrece hoy una ventana excepcional a la relación entre naturaleza, medicina y religión en el mundo antiguo.

Y también permite imaginar un gesto repetido miles de veces a lo largo de los siglos: alguien inclinado sobre la piscina sagrada, dejando caer una moneda en el agua caliente mientras pedía a los dioses recuperar la salud.

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