En el futuro, Google sueña con coches tan completamente autónomos que no tienen ni volante, pero a medio plazo la idea es que los vehículos tengan un modo automático y otro manual. El matiz es que pasar de uno a otro va a ser más complicado de lo que pensamos. Habrá situaciones en las que el coche se negará a conducir en modo autónomo, o lo que es peor, se negará a cedernos el control a nosotros.

Google acaba de registrar una patente de un sistema por el que el coche autónomo evalúa su entorno mediante una serie de datos para juzgar si es seguro aceptar una petición de modo autónomo por parte del conductor. Estas son algunas de las situaciones en las que el sistema patentado por Google se negará a conducir por nosotros.

  1. Clima peligroso: Si el vehículo detecta condiciones meteorológicas extremas (inundaciones, gran cantidad de nieve...) que puedan poner en peligro el vehículo o a sus ocupantes, es posible que se niegue a entrar en modo automático.
  2. Vía no adecuada: Los coches autónomos de Google tendrán una lista de carreteras en las que el sistema cree que es seguro conducir. Si la carretera no está en esa lista, no se activará. Lo mismo ocurrirá si se trata de un camino no registrado en los mapas o sin asfaltar.
  3. Situación peligrosa: antes de pasar a modo automático, el coche evaluará si la situación es adecuada para tomar el control del vehículo. Eso incluye el exceso de velocidad, la situación en el carril, o la distancia de seguridad con otros vehículos. Si el coche cree que puede producirse un choque inminente, no entrará en modo autónomo. La razón de esto es evitar que más de un espabilado intente echarle la culpa de un siniestro al coche.
  4. Situación dudosa: no tiene por qué suponer un peligro inminente, pero si el coche detecta que está en una vía demasiado estrecha, no está perfectamente centrado en su carril, o está en mitad de una curva, el modo automático no se activará.
  5. Vehículo en mal estado: antes de pasar a modo autónomo, el coche chequeará sus sistemas en busca de posibles averías. Si detecta alguna que pueda ser un riesgo para la circulación, no se activará.
  6. Mantenimiento no adecuado: esta les encantará a los que descuidan la fecha de los cambios de aceite. Si el mantenimiento del vehículo no está al día (aceite, líquido de frenos, líquido de la dirección...), el modo autónomo no funcionará.
  7. Ruedas, cinturones y puertas: Si las ruedas no tienen la presión adecuada, no nos hemos abrochado el cinturón de seguridad, o alguna puerta ha quedado abierta... adivina quién se negará a tomar el control del volante.

No se trata de condiciones inmutables ni de que el coche se empeñe en no hacer caso. En la mayor parte de casos, el coche simplemente nos indicará, por ejemplo, que reduzcamos la velocidad, nos centremos en nuestro carril o nos pongamos el bendito cinturón de seguridad antes de pasar a modo autónomo.

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La lista de condiciones especificadas en la patente es bastante larga y algunas de ellas funcionan en los dos sentidos. Si el coche está en modo autónomo y se encuentra girando en mitad de una curva cerrada no nos cederla el control del vehículo si cree que ello puede ser peligroso.

La patente, en realidad, la lista tiene todo el sentido del mundo y está pensada para evitar que algunos conductores hagan el idiota con el modo autónomo y para evitar accidentes. Sin embargo, hay situaciones en las que el hecho de que nuestro coche no quiera cedernos el control resulta un poco alarmante. Si hay una cosa clara es que los vehículos autónomos son un asunto mucho más complejo de gestionar del que parecía a primera vista. [Google vía IEEE Spectrum]

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