Imagen: Josh More via Flickr; editad

El juego de papel, piedra o tijera parece sencillo. La piedra siempre gana contra las tijera, el papel siempre vence la piedra y las tijera siempre destrozan al papel. Siendo esto así, ¿el juego se podría enseñar a los chimpancés?

Esta es la pregunta que se hicieron unos científicos de la Universidad de Kioto en Japón y la Universidad de Pekín en China. No obstante, sabían que el juego no era tan fácil como parecía. En realidad, el juego requiere que los jugadores aprendan las relaciones circulares entre las tres señales y también los patrones transversales (en otras palabras, las reglas del juego, como que papel gana a piedra, etc).

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Los científicos decidieron que querían averiguar no solo si el juego se podía enseñar a los chimpancés (y por lo tanto si los animales podrían aprender un patrón transversal), pero también si estos podrían jugar al mismo nivel que un niño. El grupo publicó sus resultados en el diario Primates esta semana.

En su publicación, afirmaron que los chimpancés sí fueron capaces de aprender cómo jugar al juego, pero que tuvieron dificultades con algunos aspectos.

El experimento analizó a siete chimpancés de diferentes edades y sexos. Primero, consistía en enseñarle a los animales las reglas del juego. Para realizar esto, los científicos crearon las señales del juego con las manos de un chimpancé (según el estudio, las fotografías originales fueron manipuladas utilizando Adobe Photoshop). Luego, los investigadores le enseñaron a los animales dos señales en un ordenador y les instruyeron a escoger “la opción más fuerte” de acuerdo con las reglas del juego.

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Recibieron el entrenamiento en diferentes sesiones, empezando con la secuencia papel-piedra, luego piedra-tijera y finalmente con tijera-papel. Si escogían la respuesta correcta, se les daba un trozo de manzana y se reproducía el sonido de una campanilla. Por otro lado, si contestaban mal, no recibían comida y se reproducía un sonido diferente y más fuerte.

Cinco de los siete chimpancés en el estudio aprendieron las reglas del juego en un promedio de 307 sesiones, lo que significa que aprendieron la relación circular entre las señales. No obstante, los animales tuvieron que tener más sesiones sobre tijera y papel (en donde tijera vence a papel) para entender la relación.

Para comparar los capacidad de los chimpancés para jugar el juego con la de los niños, los científicos realizan un experimento similar. Le enseñaron el juego a 38 niños de entre 3 y 6 años. A diferencia de los animales, los niños aprendieron el juego en un promedio de cinco sesiones.

La habilidad de los niños empezó a variar (y mejorar) a partir de los cuatro años, lo que sugiere, según los autores, que los niños desarrollaron la capacidad de aprender y diferenciar patrones circulares y transversales a esa edad.

Al comparar los resultados de los chimpancés con los de los niños, los investigadores encontraron que los animales tenían la misma capacidad para jugar que un niño de cuatro años.

La principal diferencia entre los experimentos con los dos grupos fue el método de aprendizaje, según el estudio. Si los niños cometían un error, cambiaron su señal rápidamente. Al contrario, los chimpancés necesitaban múltiples sesiones para corregirse a sí mismos. Los investigadores atribuyen esto a que los niños suelen tener un mejor control inhibitorio – la capacidad de regular o inhibir impulsos – que los chimpancés.

En su estudio, los científicos comentaron el próximo paso en esta área de estudio sería averiguar cómo influyen la edad y el sexo de diferentes especies en el aprendizaje de una relación circular.

[Primate y BBC]