Interpretación de un artista del planeta en la órbita de Próxima Centauri. Imagen ESO / M. Kornmesser.

Científicos del Observatorio Europeo Austral (ESO) confirmaron el descubrimiento de un exoplaneta similar a la Tierra en la zona habitable de Próxima Centauri, en lo que es considerado uno de los descubrimientos astronómicos más grandes del siglo. Los detalles de este descubrimiento fueron publicados en Nature.

Los rumores acerca de la existencia de un exoplaneta similar a la Tierra comenzaron a aparecer desde el 12 de septiembre, a través de la publicación semanal alemana Der Spiegel. Allí citaban a una fuente anónima parte del equipo de investigación del Observatorio La Silla, y mencionaban que “se sospecha de la existencia de un planeta similar a la tierra que orbita a una distancia que podría permitir la presencia de agua líquida sobre su superficie en Próxima Centauri, un requerimiento importante para la vida”.

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Ahora sabemos que esos rumores son ciertos. Existe evidencia real de la existencia de un planeta en la órbita de Próxima Centauri, una pequeña estrella de tipo enana roja que está ubicada a apenas 4.25 años luz de distancia, un poco más cerca de nosotros que el famoso par binario Alfa Centauri A y B.

El planeta ha sido bautizado como Próxima b, y el equipo del ESO estima que su masa es aproximadamente 1.3 veces la de la Tierra.

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Su órbita se encuentra a casi 7 millones de kilómetros de Próxima Centauri, solo un 5% de la distancia que existe entre la Tierra y nuestro Sol. Sin embargo, esa estrella es mucho más fría que el Sol, lo que quiere decir que Próxima b todavía se encuentra en lo conocido como “zona habitable” para un exoplaneta, con un temperatura suficiente como para que el agua se encuentre en estado líquido sobre la superficie.

Desde que fue descubierto el primer exoplaneta en el año 1995 los astrónomos han podido identificar más de 3.000 de estos cuerpos planetarios en la órbita de estrellas lejanas. “Vivimos en un universo en el que abundan planetas como el nuestro”, aseguró en una conferencia de prensa Pedro Amado, del Instituto de Astrofísica de Andalucía. En general se estima que las estrellas de tipo enana roja como Próxima Centauri cuentan con pequeños planetas rocosos similares al nuestro.

Según el autor principal y coordinador del proyecto, Guillem Anglada-Escude la Universidad Queen Mary de Londres, los primeros indicios de la existencia de este planeta aparecieron en el año 2013, pero todavía no contaban con la evidencia suficiente como para asegurar el descubrimiento. La última campaña de observación llevó el nombre de “Punto Rojo Pálido” (evidentemente porque Próxima Centauri es una enana roja), el cual estaba inspirado en la famosa frase de Carl Sagan en la que describía a la Tierra como un punto azul pálido.

El equipo, formado por 31 científicos de ocho países diferentes, se apoyaron en el efecto Doppler para detectar una oscilación débil en el espectro de luz de Próxima Centauri, la cual se acerca y se aleja de la Tierra cada 11.2 días. Una oscilación de este tipo podría ser ocasionada por la atracción gravitatoria de un planeta en su órbita. Al comparar los datos del programa Punto Rojo Pálido con los datos que habían sido recolectados entre el año 2000 y 2014, los astrónomos pudieron confirmar un pico en el desplazamiento Doppler que indicaba la presencia (y, por tanto, el descubrimiento) de un exoplaneta de un tamaño cercano al de la Tierra.

Comparativa de la órbita de Próxima b alrededor de Próxima Centauri con la misma región de nuestro Sistema Solar. Imagen: ESO / M. Kornmesser / G. Coleman.

La tecnología para detectar a Próxima b ha existido por al menos diez años, entonces nace la pregunta: ¿por qué han tardado tanto en hacer el descubrimiento? Esto se debe a que Próxima Centauri es una estrella bastante activa, lo que quiere decir que su brillo natural puede asemejarse a la señal de un planeta. El equipo se apoyó en las observaciones realizadas con otros dos telescopios para comparar cómo había cambiado el brillo de la estrella durante el tiempo, lo que les permitió descartar la posibilidad de un falso positivo. La posibilidad de que esta señal sea un falso positivo es apenas de 1 en 10 millones, según Anglada-Escude.

Guillemo Anglada-Escudé, autor principal del estudio. Imagen: ESO/M. Zamani)

Todavía no está claro si este exoplaneta cuenta con una atmósfera. Como Próxima Centauri es una estrella bastante activa, Próxima b sufre de un flujo de rayos X aproximadamente 400 veces mayor al que experimentamos aquí en la Tierra, y esto podría evitar que tenga su propia atmósfera.

Pero Ansgar Reiners, de la Universidad de Gottingen en Alemania, asegura que esto depende de cómo y cuándo se formó el exoplaneta. De si se formó cuando estaba a una mayor distancia de la estrella (y ya tenía presencia de agua), y con el tiempo migró hacia al estrella, o si se formó cercana a Próxima Centauri. El primer escenario haría que fuera mucho más posible la existencia de una asmósfera.

“Existen muchos modelos y simulaciones que producen diferentes escenarios, incluyendo la existencia de agua y una atmósfera”, menciona Reiners. “En realidad no tenemos idea hoy en día, pero la existencia [de una atmósfera] es posible”. Y eso podría ser un gran indicios para la posibilidad de que el planeta tenga vida. Además, la relativa cercanía del exoplaneta a nuestro Sistema Solar hace que la exploración robótica sea más posible en algún momento.

“La esperanza de vida de Proxima Centauri es de varios billones de años, casi mil veces más que lo que le queda de vida al Sol”, nos aseguró Abraham Loeb, de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, quien también es un asesor de la Iniciativa Estelar de Yuri Milner. “Un planeta habitable como este alrededor de Próxima Centauri sería la ubicación más obvia a la que nuestra civilización podría migrar una vez que el Sol esté muriendo, dentro de unos 5.000 millones de años”.

Imagen conceptual de la superficie de Próxima b. Imagen: ESO / M. Kornmesser.

Anunciada el pasado mes de abril, esta iniciativa es un programa de investigación y desarrollo de 100 millones de dólares que busca marcar las bases para el futuro de los viajes interestelares. El primer paso tiene que ver con el desarrollo de “nanonaves” que serían impulsadas por la luz, las cuales podrían viajar con una rapidez del 20% de la velocidad de la luz. Estas naves podrían llegar al sistema estelar de Alfa Centauri en apenas 20 años. Actualmente, los científicos del proyecto están intentando demostrar la viabilidad de usar rayos láser muy poderosos para impulsar una de sus velas solares.

Según Loeb, el descubrimiento de un planeta potencialmente habitable alrededor de Próxima Centauri es una buen candidato para una futura misión de descubrimiento. “Una nave equipada con una cámara y varios filtros podría obtener imágenes de color del planeta y así darnos a conocer si es verde (lo que quiere decir que albergaría vida como la conocemos), azul (lo que supondría que tiene océanos en su superficie) o marrón (o lo que es igual, que sería rocoso). Esta clase de cosas no se pueden saber con los telescopios que tenemos hoy en día en la Tierra.”

“Esperamos que dentro de una generación podamos lanzar las primeras naves”, mencionó Peter Warden, de la Fundación Premio al Progreso, durante una conferencia de prensa. “Ahora tenemos al menos un objetivo muy interesante en la mira. Debemos obtener imágenes para saber si en Próxima b hay vida, incluso considerando la posibilidad de vida avanzada. Esas son las dudas más grandes que tenemos, y creemos que podemos responderlas este mismo siglo”. [Nature]

Maddie Stone contribuyó al desarrollo de este reportaje.


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