El actor Irlandés Jack Gleeson, a quien conocemos por su brillante y odiosa interpretación del rey Joffrey Baratheon en Juego de Tronos, cree saber quién se va a sentar en el trono de hierro al final de la serie. Lo peor de su teoría es que no solo la comparten muchos fans, sino que podrían estar en lo cierto.

Hablamos de teorías, no de certezas. No obstante vamos a poner el tradicional aviso de spoilers para no herir las sensibilidades más extremas. Gleeson estuvo esta semana en la Comic-Con de Nueva york y, aunque está ya embarcado en otros proyectos, le tocó responder una avalancha de preguntas sobre Juego de Tronos.

Cuando le pidieron que diera su predicción sobre el final de la serie y, más concretamente, sobre quién se sentará en el trono de hierro, su respuesta fue corta: Nadie. El actor remite a una teoría elaborada por fans en la que nadie se va a sentar en el trono de hierro sencillamente porque el ominoso asiento hecho de espadas no existirá.

Según el lore de Canción de Hielo y Fuego, el trono de hierro se forjó a partir de mil espadas de enemigos derrotados por Aegon I Targaryen (en realidad hay poco más de 200). La forja duró 59 días y fue el propio dragón Balerion el que prestó su fuego para el trabajo. La cuestión es que hay una teoría que dice que, pese a su nombre, el trono de hierro no es de hierro, sino de acero, acero valyrio (tiene sentido si pensamos que fueron las espadas de líderes y reyes a los que Aegon I derrotó).

Según esa teoría, en algún momento el trono se volverá a fundir para crear un arsenal de espadas capaces de derrotar a los caminantes blancos (es de los pocos materiales capaces de causar heridas a estos monstruos). A Jack Gleeson la idea de que la monarquía de Westeros sea disuelta (literalmente) le parece una deliciosa ironía. Pronto descubriremos si esa teoría acierta o no, porque solo quedan dos temporadas de la serie.

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Gleeson también comprende los odios que despertó su personaje en Juego de Tronos y lamenta que la historia no le hubiera dado su merecido con una muerte más sádica. De nuevo, el actor aboga por la ironía y defiende que el infame Joffrey debería haber tenido una muerte completamente estúpida a los premios Darwin. [vía Vanity Fair]