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Ocurrió hace más de un año en Alemania y ha requerido el trabajo de la policía, 23 funcionarios, una comparecencia ante el tribunal o incluso las protestas airadas de un político en el Senado de Berlín. El causante de este escándalo no fue un acto violento o un fraude. La culpa fue de dos pedos.

Para ello hay que retroceder en el tiempo hasta febrero de año 2016, hace 18 meses. Varios oficiales de la denominada como Unit 32 de Berlín exigen la documentación de un grupo de personas en Rigaer Strasse, una calle histórica de locales nocturnos que sigue siendo un punto de reunión para la contracultura de la ciudad.

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Sin embargo, parece ser que la policía no esperaba la reacción de uno de los miembros de este grupo. Al pedirle la identificación, el sujeto respondió con un pedo. Además, el hombre se enfrentó a las fuerzas del orden con un segundo pedo más sonoro que el primero.

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Los agentes respondieron con la detención del hombre, que fue acusado de faltar el respeto a los oficiales involucrados al apuntarles con su flatulencia. ¿El resultado? Una multa de 900 euros 12 meses después que el acusado se negó a pagar.

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El problema ha expuesto en buena medida como funciona el sistema policial y judicial alemán, tal y como ha mostrado la investigación de un senador de Berlín, porque el caso tomó más de 17 horas de trabajo oficiales. Además, no condujo a ninguna parte. Después de negarse a pagar, el acusado fue convocado a lo que podría haber sido el primer caso judicial de Berlín por culpa de dos pedos. Finalmente, el caso fue desestimado por el magistrado.

Como explican muchos medios locales, lo ocurrido lleva a preguntarse si realmente vale la pena esta actuación de los policías (por muy oloroso y nocivo que sea). Sin haber estado presente para apreciar las dimensiones olorosas del episodio, es difícil justificar una multa de este calibre contra un ciudadano por algo tan común como una flatulencia. [CityLab]