Año 2000, un estudiante de la Universidad de San Francisco descuartiza a su compañera de piso. Cuando la policía lo detiene el joven camina como un zombie y asegura vivir en la realidad virtual de Matrix. Fue el primer caso de una serie de extraños sucesos. Todos asesinos creyendo vivir en otra dimensión.

La historia la cuenta el investigador Brent Swanceren, una serie de insólitas defensas que tuvieron lugar a principios del 2000 en los tribunales de Estados Unidos. Todas inspiradas en un mismo patrón: la película de ciencia ficción estrenada en 1999, Matrix, de las hermanas Wachowskis.

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El film mostraba un futuro en el que los seres humanos estaban encerrados para que su fuerza vital pudiera ser aprovechada por las máquinas que gobernaban la tierra. Dentro de este futuro distópico, los humanos esclavizados giraban sobre sus vidas dentro de una realidad simulada con el fin de mantenerlos bajo control, y que crean y la acepten como su realidad.

Matrix finalmente se convirtió en tres películas, aunque posiblemente fue la primera la más elogiada de todas, principalmente por sus efectos especiales y ese trasfondo filosófico sobre el significado de la existencia y la naturaleza de la realidad. Tanto, que un año después comenzaron a darse una serie de asesinatos cuyos principales autores creían estar, literalmente, en Matrix. Lo curioso, como explica Swanceren, es que esa realidad alternativa llegaba a la defensa de los tribunales con resultados sorprendentes. Veamos los casos:

Fotograma de Matrix

Año 2000, Vadim Mieseges

Como contábamos al comienzo, una año después del estreno de Matrix, Mieseges, estudiante de la Universidad de San Francisco, asesinó brutalmente a su compañera de piso Ella Wong. Posteriormente, la destripó y la cortó para luego esparcir sus restos alrededor de la zona donde cometió el crimen.

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Cuando la policía lo encontró, estaba vagando por un centro comercial con un cuchillo, drogado y actuando de forma extraña. Tras su arresto, Mieseges dijo que vivía en la realidad virtual de Matrix, y que Wong nunca había sido realmente una persona real. Un juez lo declaró mentalmente incompetente para ser juzgado y acabó en una institución mental.

Julio 2002, Tonda Lynn Ansley

Imagen: Inquirer

Ansley disparó varias veces en la cabeza de un profesor de la Universidad de Miami al que alquilaba una casa. El asesinato a sangre fría se llevó a cabo a plena luz del día, con multitud de testigos sorprendidos con la terrorífica escena. la mujer fue detenida al instante.

En el interrogatorio aseguró que el mundo en el que se encontraban no era real, y que vivía en una simulación por ordenador como en Matrix. En esta realidad alternativa, decía que su casero había estado involucrado en una conspiración para mantener su lavado de cerebro bajo el control de la simulación, así como “invadir sus sueños”, con el objetivo final de matarla. Para la mujer, todo fue una defensa propia contra los siniestros agentes que conspiraban por mantenerla en los sueños virtuales. El juez, como en el caso de Mieseges, la declaró no culpable por locura.

Octubre 2002, Lee Boyd Malvo

Imagen: AP

Muchos recordarán este caso. Se trata del joven cómplice de 18 años que acompañó al francotirador John Allen Muhammad, el hombre que llevó a cabo una serie de ataques coordinados en Maryland, Virginia y el Distrito de Columbia. Murieron asesinadas 10 personas. Malvo terminó en la cárcel y desde allí dibujó bocetos y escribió mensajes que aludían a la película de ciencia ficción.

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Además, el joven le dijo a los investigadores que si realmente querían entenderlo y sus motivos, entonces era imperativo que vieran las películas de Matrix. Malvo fue condenado a 6 penas de cadena perpetua, anuladas este año debido a su corta edad en el momento de los crímenes. Muhammad murió en el 2009 por inyección letal.

Febrero 2003, Joshua Cooke

Imagen: CNN

Cooke, de 19 años, tomó una escopeta del calibre 12 y se acercó hasta la casa de sus padres en Virginia. El padre recibió 7 disparos y su madre 2. Nada más caer sus cuerpos, el joven Cooke llamó al 911 y les explicó lo que había hecho. Luego se quedó tranquilamente esperando a la policía en el porche de la casa mientras tomaba un refresco.

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Cuando comenzó la investigación, los oficiales ya sabían que tenía una obsesión con Matrix. Las paredes de su habitación estaban forradas con pósters de las películas y a menudo se vestía con capas y ropas negras para simular a los personajes. En su declaración dijo que se encontraba en un mundo virtual de la realidad similar a Matrix, y que sus padres no eran los reales.

En este caso, el argumento de locura basado en delirios de vivir en un mundo de ciencia ficción no se sostenía. Tras matar a sus progenitores, le había dicho al operador del 011 que “definitivamente voy a recibir la pena de muerte por esto”, lo que implicaba que sabía lo que hacía. Sin embargo, en última instancia llegó a un acuerdo de culpabilidad y acabó con una sentencia de 40 años de prisión por el asesinato de sus padres.

Las defensas basadas en mundo paralelos

Fotograba de Taxi Driver

Como explica Swanceren, aunque resulte extraño, este tipo defensas aludiendo a vidas en el mundo de Matrix no son del todo insólitas. De hecho, existen precedentes similares, como la denominada “Defensa Taxi Driver”, la misma que utilizó John Hinckley cuando trató de asesinar a Ronald Reagan. Hinckley dijo en el tribunal que estaba obsesionado con Jodie Foster (como el personaje de DeNiro, Travis Bickle), y que había tratado de matar al presidente como un medio para llamar su atención. ¿El resultado? Fue encontrado no culpable por locura.

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Desde el caso de Hinckley, el uso de la cultura popular para esquivar la responsabilidad sobre crímenes atroces podría parecer una tendencia inquietante, de hecho, desde entonces ha existido gran controversia y mucho debate sobre el peso que debería darse en un tribunal de justicia.

La mayoría de los estudios acaban concluyendo algo parecido: con películas o sin ellas, estas personas iban a cometer sus violentos crímenes. Después de todo, de entre los millones de personas que hemos visto Matrix, tan sólo un puñado han salido a matar en nombre de Morfeo.

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Por tanto, ¿es realmente este argumento suficiente para absolver a alguien de cualquier culpa real, con la película como actor principal a la hora de cometer el crimen? Como finaliza Swanceren, la “defensa Matrix” se sigue reproduciendo en el tiempo con cualquier otra obra, “quizás están locos, o tal vez simplemente están tratando de evitar ir a la cárcel. Es posible que nunca sepamos lo que les impulsa a hacerlo. Sin embargo, la defensa Matrix sigue siendo una de las cuestiones jurídicas más fascinantes a la que nos enfrentamos hoy en día”. [Misterious Universe, WikipediaBoingBoing, The Boston Globe