El dilema del tranvía es quizás el más complicado que existe para un fabricante de vehículos que se propone a hacer coches autónomos. ¿Qué vale más, la vida del pasajero o la de aquellos a su alrededor? Es una pregunta extremadamente difícil pero Mercedes-Benz se ha atrevido a responderla de una forma tan polémica como lógica, al menos en cierto modo para el fabricante.

Si no lo conoces el dilema del tranvía se basa en esto: un tranvía corre fuera de control y en su camino se encuentran cinco personas atadas a la vía, pero al accionar un botón podría desviar al tranvía hacia otra vía donde se encuentra una sola persona atada. ¿Qué vida vale más? ¿Cuál es la decisión correcta?

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En el caso de los coches es igual: en el camino se encuentran uno o varios transeúntes pasando la calle y el coche se sale de control y no puede frenar. A un lado hay un barranco y al otro un camión cuya colisión es inevitable: ¿cuál es la solución, matar al transeúnte y sobrevivir o perder al vida girando a alguno de los lados?

Si de por sí responder eso es extremadamente difícil, para un fabricante de vehículos lo es aún más cuando se trata de coches autónomos, debido a que en esta situación es el coche el que debe decidir por ti, una máquina debe decidir en cuestión de segundos qué vida vale más.

Chritoph von Hugo, responsable de los sistemas de asistencia al conductor de Mercedes-Benz, respondió la pregunta en una entrevista con Car and Driver:

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“Todos los coches autónomos de Mercedes-Benz darán prioridad a los pasajeros que llevan a bordo. Si sabes que puedes salvar a una persona, al menos una persona, debes salvar a aquel que viaja en el coche. Si sabes que se puede prevenir alguna muerte la prioridad es la del pasajero”.

Prácticamente todos los fabricantes han evitado dar esta respuesta porque técnicamente el empleado de Mercedes está diciendo que el coche autónomo preferirá atropellar a una o varias personas en su camino (sin importar si son adultos, ancianos o niños) antes de que su pasajero pierda la vida. Es un tema muy delicado y uno de los principales problemas de los coches autónomos ante los ojos de las autoridades en términos de regulación.

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Lo más curioso del caso es que su respuesta es completamente comprensible (más no correcta como tal). ¿Qué persona estaría dispuesta a adquirir un coche que pueda determinar si vive o si muere por sí solo? Nadie sería capaz de darle control de su vida a un objeto de su propiedad si sabe que pondrá primero la de otros antes que la suya. Es algo duro de pensar, pero lógico.

El dilema del tranvía no tiene una respuesta correcta en cuanto a ética y moral. Pero los fabricantes de coches autónomos tendrán que determinar una respuesta antes de que los gobiernos permitan que circulen libremente por las calles de cualquier ciudad. [Car and Driver vía Jalopnik]


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