Pi√©nsalo bien. Hay un tren que se acerca a gran velocidad por una v√≠a y est√° fuera de control. A cien metros de esa misma v√≠a se encuentran cinco personas atadas por un asesino en serie sin posibilidad de escapar. Pero t√ļ est√°s ah√≠, a un lado de la v√≠a, y tienes la posibilidad de accionar un bot√≥n que cambia la direcci√≥n del tren a una v√≠a diferente. El problema es que en esa otra v√≠a tambi√©n hay una persona atada por el mismo psic√≥pata. ¬ŅPulsar√≠as el bot√≥n?

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Estamos ante dos posibles respuestas, accionar el bot√≥n y salvar a cinco personas a cambio de la muerte de una, o no accionar el bot√≥n, con lo que morir√°n las cinco personas salv√°ndose la que se encuentra en la otra v√≠a. Si accionamos el bot√≥n no hay duda de que salvamos a cinco personas, una mayor cantidad de vidas, pero por el camino habr√° muerto una persona con nuestra decisi√≥n. ¬Ņc√≥mo se mide una vida? ¬Ņse puede medir? ¬Ņhay una respuesta correcta? Todo un dilema moral del que, muy posiblemente, aunque lo tengas claro, vas a dudar.

Foot, Thomson y la ética

Imagen: Zhangyang / Shutterstock

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Estamos ante un experimento mental que inició e ideó la filósofa británica Philippa Foot y adaptado posteriormente por Judith Jarvis Thomson en 1985. La mujer dedicó parte de su carrera y trabajos a la ética, siendo una de las pioneras en los estudios sobre la ética de la virtud, la corriente de estudio que dice que la moral surge de rasgos internos de la persona, las virtudes, en contraposición a la posición de aquellos que dicen que la moral surge de reglas o que depende del resultado del acto.

Foot fue especialmente cr√≠tica con el consecuencialismo, es decir, esa frase que hemos o√≠do muchas veces que dice que el fin justifica los medios; que cuando un objetivo final es lo suficientemente importante, cualquier medio para lograrlo es v√°lido. Philippa entonces ide√≥ el dilema del tren, una f√≥rmula para entrar de lleno en la discusi√≥n, ¬Ņde verdad puede justificarse matar a una persona para salvar a otras?

Desde entonces y con ligeras variaciones este dilema y experimento mental ha dado para grandes discusiones y ha demostrado ser una herramienta tremendamente flexible para sondear cuales son nuestras intuiciones morales. No sólo eso, las modificaciones que ha sufrido han permitido aplicarlo a otros campos y escenarios tan dispares como son la misma guerra, la tortura, el uso de drones, el aborto o la eutanasia. También, aunque modificado, este tipo de experimentos mentales sobre ética se han apoyado para el avance y estudio del derecho civil.

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Variaciones al cl√°sico: el hombre gordo

Imagen: Tomasz Mazon / Shutterstock

Veamos. En el primer caso la gran mayor√≠a de las personas suelen decidir, o al menos considerar que as√≠ lo har√≠an de darse el caso, accionar el bot√≥n. El razonamiento que se suele aplicar es que es la mejor opci√≥n moral ante el dilema. Es verdad que hay un peque√Īo grupo que dice que la mejor opci√≥n es no hacer nada, pero en cualquier caso la primera es la opci√≥n mayoritaria.

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Por tanto a este grupo le podríamos aplicar que funcionan bajo un cálculo utilitarista que justifica esta edición. Con ello (utilitarismo) nos referimos a la teoría ética que asume las siguientes tres propuestas: lo que resulta intrínsecamente valioso para los individuos, el mejor estado de las cosas es aquel en el que la suma de lo que resulta valioso es lo más alta posible, y lo que debemos hacer es aquello que consigue el mejor estado de cosas conforme a esto.

En cualquier caso, incluso el grupo de los no-utilitaristas también se suelen mostrar a favor de la decisión de presionar el botón. Por esta razón en los 80 apareció Judith Jarvis Thomson, dándole una vuelta al experimento mental. Esta es la nueva situación:

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Seguimos en ese hipot√©tico escenario donde un tren a gran velocidad se acerca por una v√≠a y est√° fuera de control. A cien metros de esa misma v√≠a vuelven a estar esas cinco personas atadas a la v√≠a sin posibilidad de escapar. Pero t√ļ ahora estas en un puente o pasarela justo encima de la v√≠a donde pasar√° el tren y donde se encuentran las cinco personas. No tienes un bot√≥n como antes, pero tienes la absoluta certeza de que puedes parar el tren lanzando un gran peso sobre la v√≠a, lo que salvar√≠a a las cinco personas. Por √ļltimo, tienes al lado tuyo a una persona muy gorda, de modo que si la empujas a la v√≠a, ser√≠as capaz de parar el tren y salvar la vida de las cinco personas, aunque obviamente a cambio de matar a una. ¬Ņqu√© har√≠as?

Es posible que ahora ya no lo tengas tan claro, o quiz√° s√≠. Lo cierto es que la gran diferencia en este nuevo escenario es que en vez de un bot√≥n hay una persona, y claro, la cosa cambia porque te hace pensar que realmente estas matando a alguien, ¬Ņy antes no?

Es interesante porque a lo largo de la historia este segundo dilema ofrece unos resultados opuestos al primero, cuando en esencia se trata de idénticos resultados. Mientras que en el primero la mayoría presiona el botón, aquí muy pocos se atreven a empujar a la persona gorda a la vía.

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Los defensores de la primera opci√≥n argumentan que la gran diferencia es que no hay intenci√≥n clara de da√Īar a nadie, el da√Īo es un efecto secundario de la v√≠a alternativa. Mientras que en el segundo caso el da√Īo es directamente parejo a la posibilidad de salvar a las cinco personas.

Claro que hay otro grupo, tambi√©n elevado, que opina que llegados a este segundo caso que no hay diferencia moral substancial entre llevar el peligro a un individuo (primer caso) o poner a un individuo en el camino del peligro (segundo caso). ¬ŅEntonces?

Tercer dilema: la elección del médico

Imagen: Sakala / Shutterstock

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Tanto Thompson como otros fil√≥sofos han ofrecido otras variaciones sobre el mismo dilema del tren o incluso en otros escenarios m√°s aterradores a√ļn. Veamos.

Eres un m√©dico y tienes cinco pacientes que necesitan trasplantes inmediatos para vivir. Dos requieren un pulm√≥n, otros dos un ri√Ī√≥n y el quinto un coraz√≥n. Existe una sala contigua donde se recupera de una fractura en la pierna otro individuo, pero aparte de esta lesi√≥n, el individuo est√° en perfecto estado. Por tanto, si matamos al paciente sano y tomamos sus √≥rganos podr√≠amos salvar a los otros cinco, ¬Ņqu√© har√≠as?

Es posible que nuestro pensamiento tenga bastante claro que esto es un asesinato, sin más, pero no deja de tener el mismo resultado que el primer dilema que tan fácil parecía de responder cuando comenzamos.

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¬ŅHay una respuesta/acci√≥n correcta?

Imagen: Lightspring / Shutterstock

Enumerando todos los dilemas parece que todos tienen la misma consecuencia, sin embargo la mayor√≠a de la gente s√≥lo estar√≠a dispuesta a presionar el bot√≥n del primer dilema. Muy pocos tirar√≠an a la persona gorda a la v√≠a, mucho menos matar a ese pobre paciente para darle sus √≥rganos a otros cinco. ¬ŅEntonces?

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Lo cierto es que no hay una respuesta acertada y depender√° de un gran n√ļmero de factores. Como explicaba Foot, es posible que el ser humano tenga una escala donde exista una distinci√≥n entre matar y dejar morir. Mientras que el primero es activo, el segundo es pasivo.

Lo que est√° claro, elijas lo que elijas, es que este dilema y experimentos mentales similares para evaluar la √©tica de las personas demuestran que la mayor√≠a de la gente aprueba algunas acciones que causan da√Īo, mientras otras acciones con el mismo resultado se consideran inadmisibles. Esto pasa cada d√≠a sin darnos cuenta e incluso estando de acuerdo en alguna de las acciones, es posible que entre nosotros var√≠e la justificaci√≥n para actuar as√≠. Son los dilemas del mundo real con los tenemos que lidiar cada d√≠a.


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