La carrera loca de la telefonía móvil en la última década se asemeja mucho a la del espectáculo de un prestidigitador: cada vez mejor, más sorprendente, más innovador, más... wow. Pero todo acaba, y al final la calma, siempre la calma. Eso es el Galaxy S7 este año, un terminal increíblemente potente, genial en muchos aspectos, pero profundamente aburrido.

Qué es

Es la apuesta de Samsung este año para dominar toda la gama alta. Los Galaxy son considerados por muchos como el mejor teléfono con Android que el dinero puede comprar, así que el S7 es un intento más en esa dirección: ser el mejor teléfono con Android del mercado y, si es posible, del mundo.

Para ello, Samsung ha puesto sobre la mesa la habitual mezcolanza de tecnologías punteras y lo último en hardware para móviles. Concretando: Una pantalla Super AMOLED de 5,1 pulgadas (y un 72% de screen-to-body ratio, la relación entre los bordes y la pantalla con respecto al tamaño del teléfono), lector de huellas dactilares, NFC, Always On Display, carga inalámbrica, protección contra el agua bajo el estándar IP y dos colores: negro (precioso) y oro (meh).

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Bajo el capó hay una batería de 3600 mAh, la joya de la corona de Qualcomm, el Snapdragon 820 (o el Exynos 9980) una cámara de 12 megapixeles en la parte trasera (f/1.7) y una de 5 en la frontal (también con f/1.7). Sobre el almacenamiento, dos opciones: 32 o 64 GB, ampliables por microSD hasta los 200 GB. Pesa 157 gramos y mide 150,9 x 72,6 x 7,7 milímetros.

Por qué importa

Importa porque es el mejor símbolo de lo que será el estado de la industria móvil en los tiempos venideros: algo parecido a una calma chicha. Los móviles han dejado de asombrar como antes, han dejado de ser la novedad y sobre todo han dejado de proporcionar ingentes cantidades de dinero. No son suficiente. Como el niño que crece, que tiene un hermanito y descubre que ya no es el protagonista, el smartphone se ha hecho mayor.

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El S7 es un terminal continuista: mejor cámara (más sobre eso unas líneas más abajo), mejor procesador, batería, RAM... pero nada más. Eso es bueno, porque debido a ello es probablemente el mejor teléfono del mundo al momento de escribir estas líneas pero también malo, porque es soporífero. Se acabaron los conejos en la chistera y las ovaciones cerradas.

Usándolo: esto vuela, vuela de verdad

En más de un sentido, el S6 Edge supuso el año pasado la antítesis de mi principal crítica con el S7. Casi todo era nuevo: los materiales, los bordes, el metal, hasta la polémica decisión de eliminar la batería y la tarjeta microSD. Wow. Su problema principal, con todo, era otro: tenía problemas de memoria y la interfaz se arrastraba miserablemente en determinadas ocasiones.

Ya no más. En toda mi experiencia de uso durante casi una semana el Galaxy S7 ha estado siempre a la altura. Algún tirón allí, sí, un mínimo de lag allá, también, pero nada fuera de lo normal o achacable en exceso. El terminal, simplemente, vuela y se comporta de manera muy fluida.

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Eso sí, las comparaciones son odiosas pero necesarias y contra iOS los Galaxy siguen estando algo por detrás en cuanto a rendimiento. Atrás realizando algunas tareas tan simples como abrir un PDF pesado (con una carta náutica, en nuestro experimento). Y cuando digo atrás, digo varios segundos atrás. La historia de siempre, supongo, las especificaciones no lo son todo y la optimización del sistema es clave. Ahí Samsung siempre ha fallado y, mal que pese, lo sigue haciendo.

Hay dos dos nuevos detalles relativamente menores en el S7 que aún así merecen su hueco en la reseña. Uno de ellos es trivial y el otro no lo es tanto.

El trivial: la reducción del “bulto” que provoca la cámara del teléfono en la parte trasera. Samsung no se ha cansado de promocionar dicha reducción a los cuatro vientos (un buen síntoma de que, en realidad, no hay mucho, mucho más que anunciar) pero la realidad es que en el día a día es absolutamente irrelevante.

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El que no lo es tanto: la resistencia al agua. La resistencia al agua es una funcionalidad que no se usa en el sentido habitual de la palabra, sino que se disfruta. Es como tener un seguro de tranquilidad constante. Uno que especifica que tu precioso y carísimo teléfono no se va a ir al garete en un momento de descuido. Aporta paz mental, simplemente, desde cogerlo con las manos empapadas después la ducha a dejarlo peligrosamente cerca del fregadero mientras lavas los platos. Pero nada más, ni nada que no hayamos visto antes (hola, Xperia Z)

La batería aguanta sin problemas el día y pico de uso. Ese “y pico” depende del uso que se le de pero por fin podemos hablar de terminales que llegan sin despeinarse al día de uso. Además, la carga rápida (por cable) consigue que la preocupación se oriente más a tener un enchufe cerca, aunque sea solo unos minutos.

TouchWhiz, la interfaz personalizada que Samsung usa con los Galaxy dio un salto de gigante con el S6 para acabar con alguna de las principales quejas de los usuarios. Se hizo más simple, menos pesada, más elegante y más funcional. Esa tendencia se ha continuado con el S7. Ya no resulta tan innovadora, porque ya estamos tan acostumbrados, pero ahora la interfaz es todavía más refinada con detalles aquí y allá y los botones menos intrusivos. Y no, sigue sin ser tan buena como Android stock pero por lo menos no la echarás de menos tan terriblemente como antes.

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Hay una herramienta para los juegos, bastante curiosa, que te permite realizar diversas acciones cuando estás dedicando el teléfono para tal fin, luce así:

(Imagen: Darren Orf/Gizmodo)

Es útil, sobre todo la función de eliminar alertas (perfecta para acallar momentáneamente a ese grupo insidioso de WhatsApp con 100 mensajes por minuto mientras te concentras en el juego) y la de grabar (en mi caso para recopilar algún que otro combo-wombo magistral mientras jugaba a Hearthstone).

El borde de los Galaxy Edge es bello, pero no necesariamente útil. El año pasado aportaba un factor sorpresa, una elegancia extra derivada de curvar el cristal en los bordes. Este año, con la novedad asimilada, Samsung ha decidido que además ha de servir para algo. No es algo para lo que considero que deban tardar un año en darse cuenta pero más vale tarde que nunca.

(Imagen: Alex Cranz/Gizmodo)

No es, tampoco, una función exclusiva del S7 puesto que también ha llegado para el resto de los Edge mediante una actualización. ¿Qué aporta? Una serie de utilidades más o menos acertadas. Una regla, una brújula, la clásica linterna con el LED del teléfono, un widget del tiempo y otro con noticias de Yahoo. Son... interesantes, pero no creo que le vayan a salvar la vida a nadie. Tampoco se sienten como algo necesario o imprescindible. Durante mi experiencia con el teléfono la práctica totalidad de ocasiones en las que los he utilizado ha sido con motivo de este análisis y no porque en mi cabeza se encendiese una bombilla con “Recuerda que para lanzar esta app puedes hacerlo utilizando el borde”.

Always On Display, la funcionalidad del S7 que mantiene la pantalla siempre encendida mostrando información útil merece un par de matices. El primero: “útil” es un término adecuado, pero quizá algo generoso. Puedo ver la hora, la batería restante y algún detalle extra, pero no mis notificaciones, ni siquiera el número de ellas. Por otro, aunque es agradable tener la hora siempre en la pantalla del teléfono, no resuelve nada a quien también llevamos un reloj en la muñeca y cuando el teléfono reposa en la mesa mientras trabajo cada vez (en serio, cada vez) que la hora cambia de posición en la pantalla, lo capta mi visión periférica y miro preocupado pensando que es una notificación. Ojalá el reloj pudiese estar siempre quieto.

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Y, por último, el almacenamiento externo. Doble aplauso por aquí. Por un lado porque la solución que ha adoptado Samsung (meter el espacio para la microSD en la misma bandeja que la SIM) es elegante y concisa. Por otro porque permite ampliar el espacio del terminal sin muchos dolores de cabeza. La gestión de Android y de TouchWhiz a la hora de elegir qué va a qué sitio y cómo sigue siendo nefasta pero el espacio, en el sentido absoluto de la palabra, está ahí. Hasta 200 gloriosos GB, si se precisa.

La cámara: no has visto nunca nada igual

Hemos llegado al prácticamente único apartado que por sí solo (casi) justifica la compra de un S7: la cámara. Es absolutamente espectacular.

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Como siempre que toca resumir por escrito algo que se experimenta y se siente mejor con la vista las palabras se quedan cortas. No es sólo que la calidad de la imagen, del enfoque, del color y de la profundidad de la imagen sean exponencialmente mejores a las de cualquier otro teléfono, es que además la cámara viene empaquetada con una serie de detalles que multiplican la funcionalidad y realzan la experiencia.

La opción de “Pro” permite ajustar con detalle y sin reparos el ISO, el enfoque, balance de blancos, apertura etc. Por otro lado, el rendimiento en condiciones de baja luminosidad, sobre todo cuando se compara contra el eterno rival, el iPhone, ha mejorado drásticamente. Por ejemplo:

Aquí una comparativa:

iPhone 6s.
Galaxy S7.

Y aquí, de izquierda a derecha: Galaxy S7, iPhone 6s, LG G4 y Galaxy S6.

En ambos ejemplos puedes tocar el icono de la esquina superior izquierda para ampliar la imagen.

El enfoque es, también, endiabladamente rápido. Una comparativa exhaustiva de la cámara de los móviles se publicará durante los próximos días en Gizmodo en Español pero, con el objetivo de resumir: no hay cámara mejor en un teléfono móvil ahora mismo y es, con diferencia, la mejor que hayamos probado jamás. Mi vieja réflex Canon EOS 550D, con la que tomé las fotos para la reseña, palidecía de envidia.

Nos gusta

Prácticamente todo: la resistencia al agua, el diseño, la parte trasera que ahora es aún más curvada, la cámara y el rendimiento. Es un teléfono prácticamente redondo.

No nos gusta

El color dorado. Always On es interesante, pero superfluo. La carga inalámbrica sigue siendo lenta. El rendimiento palidece en determinados puntos contra el iPhone. La curva del borde es bella, pero no muy útil.

¿Me lo compro?

Si estás buscando un terminal de gama alta con Android, al momento de escribir estas líneas no hay rival que se acerque al Galaxy S7. Si estás intentando decidir entre el iPhone y el Galaxy S7 considera que la cámara es muy superior en el caso que nos ocupa pero que en rendimiento y optimización del sistema se queda atrás. También en ciertas apps (sí, todavía).

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El Galaxy S7 no es un terminal barato. $799/819€ para el Galaxy S7 Edge. Es un gama alta, un terminal que abre camino, con todo lo que ello implica. Y eso, claro, cuesta dinero.

Tampoco es un terminal radicalmente innovador, disyuntivo o novedoso. Eso fue el S6. Ahora toca simple continuismo. Es potencia bruta que, por fin, Samsung ha ejecutado con delicadeza para firmar un terminal redondo.

Hacer un teléfono como el S7 no es tarea fácil, y lo han conseguido. Lástima que el resultado sea tan, pero tan aburrido.


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