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Tecnología

Un cohete de SpaceX lanzado en 2025 sigue vagando por el espacio sin control tras cumplir su misión. En agosto impactará contra la Luna a más de 5.400 km/h en un choque previsto que vuelve a poner el foco en la basura espacial

La segunda etapa de un Falcon 9 se estrellará contra la superficie lunar tras más de un año orbitando sin rumbo. El impacto no supone un peligro, pero vuelve a abrir un debate incómodo: cómo gestionar los restos de las misiones espaciales antes de que se conviertan en basura fuera de control.
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En el espacio, lo que no se controla no desaparece. Simplemente sigue ahí, moviéndose. A veces durante meses. A veces durante años. Y en ocasiones, ese viaje termina de forma abrupta. Eso es exactamente lo que está a punto de ocurrir con una pieza de un cohete de SpaceX: un objeto que lleva más de un año orbitando sin destino y que, en unos meses, acabará estrellándose contra la Luna.

Un objeto identificado con precisión

El impacto tiene fecha bastante concreta: 5 de agosto, alrededor de las 2:44 de la madrugada (hora del este de Estados Unidos). El responsable es la segunda etapa de un Falcon 9, lanzado en enero de 2025. Tras cumplir su función (poner en trayectoria dos módulos lunares), el objeto quedó a la deriva en una órbita alta. Desde entonces, ha sido seguido de cerca.

Gracias a más de mil observaciones registradas por astrónomos, especialmente mediante herramientas como el software Project Pluto, los expertos tienen un alto grado de certeza sobre su trayectoria y su origen. No es un objeto perdido. Es un impacto previsto.

Un choque rápido… pero sin consecuencias graves

Un cohete de SpaceX lanzado en 2025 sigue vagando por el espacio sin control tras cumplir su misión. En agosto impactará contra la Luna a más de 5.400 km/h en un choque previsto que vuelve a poner el foco en la basura espacial
© SpaceX.

Cuando llegue el momento, la etapa impactará contra la superficie lunar a unos 2,43 kilómetros por segundo, es decir, más de 5.400 km/h. En la Tierra, un objeto así generaría una enorme bola de fuego. Pero la Luna no tiene atmósfera. Eso significa que el fragmento llegará prácticamente intacto hasta la superficie.

El resultado será un pequeño cráter, probablemente en las proximidades del cráter Einstein, en la cara visible desde la Tierra. Sin embargo, no será un espectáculo observable. Incluso con telescopios, el impacto será demasiado débil como para detectarlo.

No es la primera vez… pero el contexto ha cambiado

Eventos como este no son completamente nuevos. Hace unos años, otro objeto chocó contra la Luna en circunstancias similares. En ese caso, se pensó inicialmente que era un cohete de SpaceX, pero luego se identificó como una etapa de una misión china.

La diferencia ahora es el contexto. El número de misiones lunares está aumentando. Tanto agencias públicas como empresas privadas están enviando cada vez más hardware hacia la Luna. Y eso cambia las reglas del juego.

El problema de fondo: qué hacer con lo que dejamos atrás

Cada misión espacial genera restos. Etapas de cohetes, cofias, componentes que cumplen su función y luego quedan abandonados. En muchos casos, se desintegran en la atmósfera terrestre o se envían a órbitas de descarte. Pero no siempre.

Cuando estos objetos quedan en trayectorias más complejas, como las que conectan con la Luna, pueden permanecer durante años… hasta que acaban impactando en algún lugar. En este caso, la solución era posible.

Según los expertos, con una mejor planificación y una pequeña reserva adicional de combustible, la etapa podría haberse desviado hacia una órbita solar, lejos de la Tierra y la Luna.

Un debate que llega justo a tiempo

Un cohete de SpaceX lanzado en 2025 sigue vagando por el espacio sin control tras cumplir su misión. En agosto impactará contra la Luna a más de 5.400 km/h en un choque previsto que vuelve a poner el foco en la basura espacial
© SpaceX.

El impacto no supone ningún riesgo inmediato. No hay vida en la Luna. No hay infraestructuras en la zona afectada. Y el cráter será insignificante. Pero ocurre en un momento clave.

Tanto la NASA como China y varias empresas privadas están trabajando en planes para establecer presencia permanente en el polo sur lunar. Bases, estaciones, actividad humana continuada. Y en ese escenario, los impactos no controlados dejan de ser anecdóticos.

La basura espacial ya no es solo un problema terrestre

Hasta ahora, el debate sobre residuos espaciales se ha centrado en la órbita terrestre. Satélites inactivos, fragmentos de colisiones, riesgos para misiones activas. Pero este evento muestra algo distinto. Que ese problema empieza a extenderse más allá.

Un impacto pequeño que deja una señal clara

El choque del Falcon 9 contra la Luna no cambiará nada a gran escala. No alterará su superficie de forma significativa. No generará riesgos inmediatos. Pero sí deja una señal.

Que incluso en un entorno tan vasto como el espacio, nuestras decisiones tienen consecuencias acumulativas. Y que, a medida que aumentan las misiones, también lo hace la necesidad de pensar qué ocurre con lo que dejamos atrás. Porque el problema no es este impacto. Es que podría haber muchos más.

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