Desde su presentación Windows 10 se convirtió en un sistema operativo lleno de expectativas, lo cual, honestamente, es algo poco común cuando hablamos de un sistema operativo de Microsoft. Pero sucedió, y por buenos motivos. ¿Deberías actualizar? Luego de una semana usando Windows 10 esta ha sido mi experiencia.

Desde que llegué a Windows 8 y abandoné por completo Windows 7 para nunca volver (sí, tengo unos 3 años sin tocar Windows 7 y no lo extraño, al menos ya no) decidí, casi a la fuerza, que me agradaba el sistema operativo. Que tenía sus fallos, es cierto, que era un cambio demasiado drástico y me convertí en el tutor oficial de todos los adultos de la tercera edad en mi familia para explicarles dónde estaban todas sus cosas sin el menú inicio, también. Pero hey, los cambios siempre son buenos, así sean radicales.

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Pero solo una minoría opinaba igual, Windows 8 era demasiado y apuntaba a un mercado que incluso hoy en día es casi inexistente: el de los usuarios de portátiles apasionados por las pantallas táctiles. Quiero decir, mi portátil tiene pantalla táctil, pero solo le he puesto el dedo encima como 3 veces en mi vida, y dos de ellas era para probar Windows 10. Por la ciencia.

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Luego de tal cambio Microsoft comenzó a experimentar (para bien) con Windows 8.1, y el resultado final es Windows 10, un sistema operativo que unifica lo mejor de Windows 7 y Windows 8, separando a la perfección el entorno “táctil” con el entorno escritorio. A solo un botón de distancia.

Lo mejor de Windows 7 y Windows 8

Una semana más tarde, probando la versión final, no puedo estar más que feliz por todos los cambios. Lo primero que notarás en Windows 10, sobre todo si vienes de versiones anteriores del sistema, es que se acaba esa separación innecesaria de los entornos. Todo está en su lugar, no hay otra pantalla para ese “Modern UI” en tu escritorio, y si disfrutabas de aplicaciones diseñadas para la Windows Store (sí, hay personas que las usan) pues la buena noticia es que podrás seguir usándolas, como ventanas tradicionales en tu escritorio.

El menú de Inicio está de regreso y mejor que nunca. Es la fusión del menú de inicio tradicional con los live tiles de Modern UI. Es decir, puedes acceder a todas tus aplicaciones desde allí de forma visual (como hasta en Win8.1), o explorar de una forma más tradicional, a lo vieja escuela (Win7).

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En general, Windows 10 soluciona prácticamente todas las molestias que nos ocasionó Windows 8 y que aún arrastraba Windows 8.1. Pero más allá de eso, el sistema también tiene muchas novedades que marcan la diferencia.

Lo nuevo y lo bueno

Como dije en un artículo anterior, Cortana es uno de los grandes añadidos de Windows 10 y, lo más importante, me he acostumbrado a utilizarla cada vez más. Al menos mientras no está mi esposa cerca para que no piense que hablo solo, o peor, que le hablo a una máquina. Eso lo dejaré para cuando tenga mi propio androides, pero eso es otro tema.

Fuera de bromas, la cantidad de cosas que puede hacer Cortana por ti parecen tan sencillas y mínimas cuando las hacemos “a mano” que no nos percatamos de la cantidad de tiempo que nos toma. Entre decirle a Cortana que me haga algunas anotaciones en el calendario y usar los atajos de teclado de Windows 10 (nuevos y viejos), soy muchísimo más productivo. Cada vez separo menos mis dedos de las teclas, lo que en mi profesión se agradece mucho.

Y Microsoft Edge, el nuevo navegador de la casa, es el último de los grandes añadidos en el sistema. Después de años, una década quizás, huyendo de Internet Explorer, estuve reacio a probar Edge, pero luego de hacerlo me percaté de todas sus bondades. En primer lugar es rápido, muy rápido, muchísimo más que Firefox y Chrome, sin consumir la mitad de memoria RAM de este último. Además su modo lectura y la posibilidad de realizar anotaciones sobre pantalla es algo realmente útil, sobre todo en pantallas táctiles (y sí, esta fue una de las 2 veces que probé la mía y luego tuve que limpiar de forma intensiva las manchas de dedos).

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Pero sobre Edge les hablaré de forma más detallada en otra ocasión.

Lo malo y lo feo

Pero no todo ha sido una historia de arcoíris y unicornios en Windows 10, al menos no para mi. Los problemas no me han faltado, sobre todo durante los últimos días antes de escribir esta reseña, y algunos se han convertido en un verdadero karma de mi vida.

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Pero antes de que te alarmes, entiende, todo esto se basa en que ha pasado apenas una semana desde que salió al mercado al momento de escribir estas líneas, y no todas las aplicaciones que utilizamos tienen soporte para Windows 10. Este es un factor extremadamente importante antes de actualizar, que influye en la respuesta a la pregunta que realicé en el titular de este artículo.

Mi problema se basó en dos cosas: Chrome y mis drivers de vídeo. Afortunadamente lo de Chrome lo pude solucionar al desinstalar e instalar la aplicación, y eliminar algunas extensiones que ya no utilizaba. Sí, típica solución en Windows, como la de apagar y encender de nuevo. Pero el de los drivers, que en un principio pensé estaba relacionado a una aplicación para compartir pantalla con mi iPad que me encanta, fue un poco más difícil de solucionar, pero eventualmente lo hice. ¿Cómo? Desinstalando el último driver de Nvidia (que da soporte a Windows 10) y esperando a que llegase uno nuevo.

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Antes de hacer esto tuve 3 pantallas azules de la muerte y unos 10 cuelgues repentinos, lo cual fue increíblemente molesto.

Conclusiones: entonces, ¿vale la pena?

Windows 10 es el mejor sistema operativo que ha hecho Microsoft en años. El hecho de que hoy en día tenga fallos no es ningún problema, recuerden, tiene una semana de vida, vamos a darle chance a que lo actualicen un poco.

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Casi todas las aplicaciones que uso van de maravilla en el sistema. Desde Steam, Origin y UPlay con todos mis juegos instalados, hasta Chrome y mis aplicaciones de trabajo (que pasan por un editor de imágenes hasta una app para hacer GIFs, porque a todos en Gizmodo nos gustan los GIFs).

Tuve mis problemas, sí, pero pueden evitarse y solucionarse, con un poco de paciencia e investigación, nada que muchos no han hecho antes.

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Por eso, respondo la pregunta: ¿Vale la pena actualizar? Sí, un rotundo sí.

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... pero ese “sí” tiene varias condiciones.

La primera sería que no es necesario que actualices ya mismo. Tienes un año para aprovechar la promoción de la actualización gratuita a Windows 10 (desde Windows 7 y 8), por lo que algunos de mis amigos, de manera inteligente, han optado por esperar un par de meses a que los problemas de lanzamiento se solucionen. No hay razón para ser un early adopter si no lo deseas.

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La segunda tiene que ver con el software que uses en tu día a día. Averigua, por amor a Yoda, si esas apps sin las que puedes trabajar o vivir ya son compatible con Windows 10. Si la respuesta es “no”, espera.

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Y la tercera y última, elige bien cómo actualizar. Si tienes años sin limpiar tu PC o hacerle mantenimiento de software, actualizar simplemente puede traer alguno que otro problema, quizás no, quizás sí; es un riesgo que debes correr, pero en ese caso mi sugerencia, así parezca drástica, es que hagas un respaldo y actualices de cero. A un nuevo Windows nada le gusta más que funcionar en un PC nuevecito de fábrica, o que al menos se sienta como nuevo.

Pero tarde o temprano, si eres usuario de Windows tienes que pasarte a Windows 10. El cambio es tan drástico (esta vez para bien) que sentirás que estás probando algo completamente nuevo, que a su vez se siente muy familiar.

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Felicitaciones, Señor Nadella, le doy 4 de 5 estrellas a su producto. O ventanas, que es mucho más acorde.

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