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Ciencia

El telescopio James Webb encontró un gigantesco “faro de luz” brillando en mitad de remolinos de polvo cósmico. La estructura proviene del núcleo extremadamente activo de una galaxia dominada por un agujero negro supermasivo

La nueva imagen difundida por la Agencia Espacial Europea muestra el núcleo extremadamente activo de Messier 77, una galaxia situada a 45 millones de años luz donde un agujero negro supermasivo genera una
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El telescopio espacial James Webb lleva años mostrando un universo que parece diseñado para desafiar nuestra intuición. Nebulosas con forma de ojos gigantes, estructuras que recuerdan cráneos cósmicos y galaxias tan antiguas que existían cuando el universo apenas despertaba. Ahora acaba de sumar otra imagen que parece salida de una pintura surrealista.

La Agencia Espacial Europea difundió una nueva observación de Messier 77 (también conocida como M77) donde aparece algo que describió como un auténtico “faro de luz” brillando en mitad de enormes remolinos de polvo interestelar. Pero detrás de la belleza visual se esconde uno de los motores más violentos del cosmos.

La galaxia observada está dominada por un agujero negro gigantesco

El telescopio James Webb encontró un gigantesco “faro de luz” brillando en mitad de remolinos de polvo cósmico. La estructura proviene del núcleo extremadamente activo de una galaxia dominada por un agujero negro supermasivo
© ESO / M. Kornmesser and L. Calçada.

Messier 77 es una galaxia espiral barrada situada a unos 45 millones de años luz de la Tierra, en la constelación de Cetus, conocida popularmente como la Ballena. Aunque ya había sido observada muchas veces anteriormente, el James Webb consiguió algo diferente gracias a MIRI, su instrumento de infrarrojo medio.

A diferencia de los telescopios ópticos tradicionales, MIRI puede atravesar enormes nubes de gas y polvo que normalmente bloquean gran parte de la estructura interna de las galaxias. Y eso permitió revelar un escenario extraordinario.

La imagen muestra brazos espirales cargados de polvo azul oscuro, regiones de intensa formación estelar y, sobre todo, un núcleo extremadamente brillante que parece devorar visualmente toda la galaxia. Ese “faro” no es una estrella. Es un núcleo galáctico activo alimentado por un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a unos ocho millones de soles.

El centro de la galaxia brilla más que el resto completo

Lo que ocurre en el corazón de M77 es una demostración extrema de gravedad en acción. El gas cercano al agujero negro cae hacia el centro a velocidades enormes. Durante ese proceso, las partículas chocan entre sí, se comprimen y alcanzan temperaturas gigantescas. El resultado es una liberación brutal de energía.

La radiación emitida por esta región compacta es tan intensa que supera en brillo al resto de la galaxia combinada. Por eso la ESA utilizó la metáfora de un “faro”: el núcleo parece literalmente irradiar luz a través de los remolinos oscuros de polvo interestelar. Y el James Webb logró captarlo con una precisión inédita.

Las extrañas líneas brillantes no pertenecen realmente a la galaxia

Una de las cosas más llamativas de la imagen son las líneas anaranjadas que parecen salir disparadas desde el núcleo luminoso. Aunque parecen estructuras físicas reales, en realidad son un efecto óptico conocido como picos de difracción.

El diseño del James Webb utiliza espejos hexagonales y estructuras de soporte específicas que producen estos patrones cuando observan fuentes extremadamente brillantes y compactas. Lo interesante es que esos picos funcionan casi como una pista visual para los astrónomos.

Indican que el objeto observado concentra una cantidad enorme de energía en una región relativamente pequeña, algo típico de estrellas muy brillantes… o de agujeros negros supermasivos activos como el de Messier 77.

La galaxia también está creando estrellas a una velocidad enorme

El telescopio James Webb encontró un gigantesco “faro de luz” brillando en mitad de remolinos de polvo cósmico. La estructura proviene del núcleo extremadamente activo de una galaxia dominada por un agujero negro supermasivo
© ESA / Hubble & NASA, L. C. Ho, D. Thilker.

M77 no solo destaca por su agujero negro central. La galaxia es además un entorno extremadamente dinámico de nacimiento estelar.

El James Webb detectó un gran anillo interior de más de 6.000 años luz donde nuevas estrellas se forman constantemente. En la imagen, esas regiones aparecen como burbujas anaranjadas brillantes repartidas entre los brazos espirales. Muchas de esas estrellas jóvenes liberan tanta energía que literalmente “excavan” cavidades dentro del gas y polvo circundante.

El resultado es una estructura visual casi orgánica, llena de filamentos, vacíos y remolinos luminosos. Por su apariencia tentacular, de hecho, Messier 77 también recibe otro apodo bastante apropiado: la galaxia Calamar.

El James Webb está mostrando galaxias cercanas como nunca antes

Aunque el James Webb suele llamar la atención por observar galaxias del universo primitivo, también está revolucionando el estudio de objetos relativamente cercanos. Y M77 es un ejemplo perfecto.

Gracias a la sensibilidad infrarroja de MIRI, los astrónomos pueden estudiar simultáneamente el polvo interestelar, la formación de estrellas y el comportamiento extremo del agujero negro central dentro de una misma galaxia. Eso permite reconstruir con muchísimo más detalle cómo nacen, evolucionan y mueren las estrellas en entornos complejos dominados por gravedad extrema. Y además produce imágenes que parecen casi imposibles.

Porque lo que el James Webb captó aquí no es solo una galaxia distante. Es una especie de tormenta cósmica iluminada desde dentro por uno de los objetos más energéticos del universo conocido.

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