Satya Nadella ha inaugurado en Seattle el evento anual para desarrolladores de Microsoft, más conocido como Build. Uno de los pocos anuncios de la conferencia inaugural ha sido el número de instalaciones de Windows 10: 500 millones. No son pocas, pero se están quedando lejos del objetivo.

El número significa que la última versión de Windows —que llegó al mercado el 29 de julio de 2015— está instalada en 500 millones de dispositivos activos (incluyendo sobremesas, portátiles, tablets y unos pocos teléfonos Lumia). Además, hay 300 millones de usuarios en todo el mundo que usan Windows 10 a diario durante al menos 3,5 horas.

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Eso es impresionante y, al mismo tiempo, una decepción. El último dato oficial de instalaciones que publicó Microsoft se remonta a septiembre del año pasado. Por entonces eran 400 millones de dispositivos activos, así que la base de usuarios de Windows 10 ha crecido en 100 millones en siete meses. Parece que cada vez cuesta más migrar usuarios de Windows 7, que sigue siendo un sistema operativo fuerte en el entorno empresarial.

Tarde o temprano migrarán, claro, pero el estancamiento está dejando en mal lugar a Microsoft por una predicción que hicieron en el Build 2015. Por entonces en Redmond esperaban conseguir mil millones de instalaciones en un plazo de dos a tres años, es decir, en 2017 o 2018. Ahora esa cifra parece más lejana que nunca, especialmente cuando dependen de la industria del PC para cumplirla (no hay móviles con Windows 10 en el horizonte).

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