La construcción del “Lobo de Guerra” o Warwolf en el año 1304 d.C. aparece en un texto que indica que se requirió del trabajo de cinco maestros carpinteros y 50 obreros durante tres meses. Tal vez haya sido el lanzapiedras o fundíbulo más grande que se haya construido, y resultó de la furia del rey Eduardo I de Inglaterra que buscaba vencer a la última resistencia que defendía la Escocia independiente, el castillo de Stirling, en la primera guerra de la independencia escocesa. Los relatos históricos alegan que el Lobo de Guerra podría arrojar una piedra que rompía las murallas del castillo “como una flecha que atraviesa una tela”.
Estas máquinas lanzapiedras eran devastadoras, como lo eran las catapultas en las que se inspiró su diseño, capaces de lanzar rocas de 100 kg a una distancia de varios campos de fútbol. Se dice que el rey Eduardo I desplegó al menos 17 de estas máquinas de matar durante el sitio al castillo de Stirling. Y ahora, más de 700 años después, los arqueólogos presentan lo que según ellos es la primera evidencia confirmada de una muerte humana por el uso de esta máquina. Se trata de los restos esqueléticos de un joven, hallados en excavaciones debajo de la capilla del castillo de Stirling.
El esqueleto etiquetado como No. 150 por los investigadores reveló que el escocés sufrió 160 lesiones que rompieron sus huesos al momento de su muerte (o peri-mortem), incluyendo unas 61 fracturas diferentes en el cráneo.
“El uso de las máquinas en los sitios está bien documentado, y creemos que aquí tenemos la primera evidencia de trauma por fundíbulo en el registro arqueológico”, escribió Jo Buckberry, arqueóloga de la Universidad de Bradford, para su presentación ante la Asociación de Paleopatología de Berlín este mes de agosto. “El análisis detallado indica que este trauma peri-mortem fue causado por fuerzas tremendas de objetos sin filo. Eso destaca la brutalidad de las guerras medievales”, dijo Buckberry, jefa del Centro de Investigación de Antropología Biológica de Bradford (BARC).
Huesos rotos y aplastados
Este esqueleto 150 fue en su época un hombre de 1,65 cm de altura, de unos 22 a 34 años de edad, según Buckberry. Las herramientas que utilizó fueron imágenes de rayos X 3D de tomografía micro computada (CT), rayos X tradicionales, y microscopio, para evaluar la causa de cada una de las fracturas de los huesos en este esqueleto.
Una de las claves de que la mayoría de esas fracturas ocurrieron en el momento de la muerte, según lo explicó Buckberry en la docuserie History it el año pasado, es que las fracturas pueden rearmarse como si fueran las piezas de un puzzle. Las lesiones óseas post-mortem, como las que provocan las mordeduras de roedores o la erosión climática, no se alinean de manera tan prolija como estas fracturas peri-mortem.

“El patrón de las fracturas indican que el centro del impacto fue cerca del hombro derecho y la base del cráneo, área con mayor fragmentación”, explicó Buckberry. Este patrón incluye fracturas en zig-zag alrededor del hombro y unas 60 fracturas en las costillas.
“La comparación con casos forenses conocidos indica que este trauma resultó de un único impacto a alta velocidad, tal vez en un individuo que tenía los brazos flexionados frente al cuerpo y que cargaba el peso en sus piernas y pies”, indicó.
El sitio
En ciertos aspectos la nueva investigación del esqueleto 150 resulta de lo novedoso del caso. Buckberry advirtió que hay una cantidad de casos forenses similares que documentan las lesiones de los aplastados por proyectiles lanzados con fundíbulos, y que estos hallazgos no están libres de dudas, pero expresó esperanza en que con investigación continua centrada en casos similares de trauma por impacto “se pueda comparar con el trauma provocado por armas en contextos medievales”.
Hay al menos un osteólogo forense que habló con Science, Lukas Wlatenberger de la Universidad Vilnius, que describió este caso como “convincente”.
Waltenberger, que investigó casos similares de fracturas óseas pero no participó del proyecto de Buckberry, dijo que “parece un impacto a alta velocidad, con mucha fuerza, en muy poco tiempo, y en esqueletos del pasado es raro observar este tipo de lesiones”.