Saltar al contenido
Ciencia

ADN de víctimas de Pompeya revela sorprendentes relaciones en medio del caos

El análisis de ADN antiguo de las víctimas envueltas en las cenizas cambia lo que se presumía sobre las relaciones y revela la diversidad socioeconómica y geográfica de la ciudad portuaria.
Por Isaac Schultz Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Un grupo de personas de Pompeya, muertas por la devastadora erupción del monte Vesubio en el año 79, no son lo que pensaban los expertos según un equipo de investigadores que recogió el ADN de los restos de esas víctimas. 

Los hallazgos, publicados hoy en Current Biology, destacan las conclusiones equivocadas que se tenían sobre las relaciones entre los residentes de Pompeya, revelando datos nuevos sobre la demografía de la antigua ciudad romana. 

“Mostramos que la gran diversidad genética con importantes influencias del Mediterráneo oriental era no sólo un fenómeno de la metrópolis de Roma en tiempos del Imperio, sino que se extiende a Pompeya, una ciudad mucho más pequeña. Eso subraya la naturaleza cosmopolita y multiétnica de la sociedad romana”, manifestó en un e-mail enviado a Gizmodo Alissa Mittnik, arqueogenetista del Instituto Max Planck de Antropología Evolucionaria y de la Universidad de Harvard, coautora del estudio. 

Ya es conocido que Pompeya quedó sepultada por la lava y las cenizas con la erupción del Vesubio en el año 79, que destruyó también la antigua ciudad romana de Herculano, donde se hallaron rollos carbonizados que hoy pueden desenrollarse con modelos de IA sin dañar los textos. Bajo las cenizas, los edificios, calles, arte y vestigios de la vida cotidiana de  Pompeya quedaron bien preservados.

Yeso donde antes había personas 

Las personas no corrieron la misma suerte: murieron bajo los ríos de ardiente lava, ahogados también por el gas caliente, las cenizas y el polvo, aunque algunos tal vez haya sobrevivido durante unas horas antes de sucumbir a las extremas condiciones. Sus restos se desintegraron hace tiempo, pero dejaron la forma de sus cuerpos en la ceniza endurecida, que los primeros investigadores de Pompeya llenaron con yeso, lo que resultó en formas humanas que representan a las personas que allí murieron. 

Los investigadores del nuevo estudio extrajeron ADN de 14 de las 86 figuras de yeso que hoy se están restaurando. A pesar de las condiciones volcánicas que mataron a los habitantes de Pompeya, hay rastros de su genética en los huesos que quedaron. El equipo encontró que algunos residentes no eran del sexo que se creía, y que tenían relaciones genéticas diferentes los unos con los otros. 

Hay dos figuras conocidas: la de un adulto con un brazalete de oro y la de un niño sentado en su falda. Siempre se pensó que serían madre e hijo, pero ahora se sabe que se trataba de un hombre que no tenía relación de familia con el niño. Otro dúo, del que se creía que consistía en dos hermanas, incluía al menos a un varón, aunque su relación no queda en claro pero se ha confirmado que no eran dos mujeres con estrecha relación familiar.

 Relatos, leyendas, y la genética

“Este estudio ilustra lo poco confiables que pueden ser las narrativas basadas en evidencia limitada, porque a menudo reflejan el punto de vista del investigador del momento”, dijo el coautor David Caramelli de la Universita di Firenze en un comunicado de Cell. 

“Casi todas las narrativas que se han formado en relación a las víctimas toman en cuenta que probablemente intentaban huir de la ciudad pero las historias suelen formarse a partir del lugar en que se descubrieron. Por ejemplo, del hombre hallado en la Villa de los Misterios se dice que era el custodio que permaneció en su puesto cumpliendo con su deber”, dijo Mittnik. 

Los estudios genéticos anteriores que se hicieron muestran que había gente que llegaba a Pompeya de otras partes del Mediterráneo. Un trabajo de 2022 encontró evidencia de que al menos un hombre tenía ascendencia sarda, y también bacterias relacionadas con la tuberculosis espinal. 

Demográficamente, se halló que cinco personas no estaban relacionadas genéticamente con los italianos de la época moderna ni con los etruscos del periodo imperial y que sí tenían vínculos con grupos del Mediterráneo oriental, el Levante, y el norte de África, específicamente con poblaciones judías del norte de África. Pompeya era un puerto importante en la Roma del siglo I, así que no sorprende que hubiera personas de más allá del Mediterráneo, y la historia genética de los individuos que se estudiaron lo verifica. 

Los genomas no mienten, y les brindan a los expertos modernos la oportunidad de corregir narrativas que quizá surgieron de intentos anteriores por dramatizar de maneras específicas los últimos momentos de los residentes de Pompeya, una ciudad tragada por un volcán.

Compartir esta historia

Artículos relacionados