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Ciencia

La NASA ya sabe que vivir un año simulando Marte provoca agotamiento mental y pérdida de eficiencia. Ahora quiere comprobar qué ocurre cuando además desaparece toda comunicación con la Tierra

La segunda misión CHAPEA acaba de entrar en la etapa más delicada de todo el experimento. Tras más de seis meses encerrados en una base marciana simulada, cuatro participantes deberán afrontar un apagón total de comunicaciones mientras continúan operando de forma completamente autónoma.
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Hay algo profundamente extraño en las misiones CHAPEA de la NASA. No porque viajen al espacio, sino porque hacen exactamente lo contrario: intentan descubrir cómo reaccionaría un ser humano viviendo en Marte… sin abandonar la Tierra.

Dentro de una estructura sellada de apenas 158 metros cuadrados llamada Mars Dune Alpha, cuatro personas llevan meses viviendo bajo condiciones que replican una futura misión marciana. Comen recursos limitados, realizan caminatas simuladas, enfrentan retrasos en las comunicaciones y soportan el aislamiento psicológico de vivir completamente separados del mundo exterior. Y ahora acaban de entrar en la etapa más crítica de toda la misión.

La NASA quiere saber qué ocurre cuando una tripulación marciana deja de poder hablar con la Tierra

La NASA ya sabe que vivir un año simulando Marte provoca agotamiento mental y pérdida de eficiencia. Ahora quiere comprobar qué ocurre cuando además desaparece toda comunicación con la Tierra
© NASA / SEArch+ / Apis Cor.

Tras más de 200 días confinados, los integrantes de CHAPEA 2 enfrentarán dos semanas completas sin comunicación con el exterior. La simulación replica un problema muy real de las futuras misiones a Marte: cuando el planeta rojo pasa detrás del Sol, las comunicaciones con la Tierra pueden degradarse gravemente o incluso interrumpirse por completo.

Durante ese período, los astronautas no podrían recibir ayuda inmediata desde control de misión. Eso es exactamente lo que la NASA quiere poner a prueba ahora. El equipo permanecerá completamente aislado mientras sigue operando el hábitat como si estuviera realmente en Marte. Y además deberá resolver fallas simuladas en sistemas y equipos utilizando únicamente protocolos previamente preparados. Si algo sale mal, nadie podrá intervenir directamente.

La primera misión ya mostró señales preocupantes de agotamiento mental

La NASA ya sabe que vivir un año simulando Marte provoca agotamiento mental y pérdida de eficiencia. Ahora quiere comprobar qué ocurre cuando además desaparece toda comunicación con la Tierra
© NASA / CHAPEA crew.

La NASA ya había realizado un experimento similar entre 2023 y 2024 con CHAPEA 1. Aquella primera misión fue considerada un éxito porque permitió validar el funcionamiento básico del hábitat y los protocolos operativos. Sin embargo, la agencia también reconoció algo importante: durante la segunda mitad del aislamiento aparecieron señales claras de desgaste psicológico.

Los participantes empezaron a mostrar agotamiento mental, pérdida de eficiencia y mayor dificultad para sostener el ritmo cotidiano de trabajo. Eso convirtió a CHAPEA 2 en algo todavía más importante. Ahora la NASA intenta estudiar precisamente qué sucede cuando una tripulación atraviesa ese umbral psicológico más delicado mientras además enfrenta una desconexión completa con “la Tierra”. Y el problema no es únicamente emocional.

Vivir en Marte implica soportar una presión constante incluso en las tareas más normales

La NASA ya sabe que vivir un año simulando Marte provoca agotamiento mental y pérdida de eficiencia. Ahora quiere comprobar qué ocurre cuando además desaparece toda comunicación con la Tierra
© NASA.

Dentro del hábitat Mars Dune Alpha, la vida cotidiana está diseñada para parecerse lo máximo posible a una misión marciana real. La tripulación realiza caminatas espaciales simuladas, trabaja con análogos de regolito marciano, mantiene sistemas de soporte vital y administra cuidadosamente recursos limitados. Todo funciona bajo restricciones permanentes. Hasta los mensajes están afectados.

En una misión real a Marte, una comunicación puede tardar entre 4 y 24 minutos en llegar dependiendo de la posición relativa entre ambos planetas. Esa demora cambia completamente la dinámica psicológica de la tripulación porque elimina la sensación de contacto inmediato con la Tierra. Y precisamente ahí aparece uno de los grandes temores de la exploración espacial profunda: el aislamiento prolongado. No se trata solamente de estar encerrado. Se trata de saber que no existe ayuda rápida posible.

La NASA considera estos experimentos fundamentales para llegar a Marte

Aunque las misiones análogas no reciben tanta atención como los lanzamientos espaciales reales, dentro de la NASA se consideran esenciales para el futuro de la exploración humana.

La agencia ya recopila enormes cantidades de datos sobre rendimiento físico, cognitivo y emocional de los participantes expuestos a situaciones similares a las de una misión interplanetaria. El objetivo no es únicamente saber si las personas pueden sobrevivir.

Es entender cómo toman decisiones bajo estrés extremo, cómo evoluciona la convivencia durante meses de encierro y qué ocurre cuando el agotamiento empieza a afectar el rendimiento operativo. Porque un viaje real a Marte no tendrá margen para improvisaciones.

La tripulación de CHAPEA 2 permanecerá dentro del hábitat hasta octubre de 2026. Pero para muchos investigadores, las próximas semanas podrían convertirse en la parte más valiosa de todo el experimento. Especialmente porque la NASA ya sabe algo incómodo: técnicamente quizá podamos llegar a Marte antes de lo que pensamos.

La gran pregunta sigue siendo si los seres humanos podrán soportar realmente lo que implica vivir allí.

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