Karl Schlögel habla sin rodeos. Desde su apartamento en Berlín, aún impactado por su reciente visita a Lviv —donde vivió una alerta aérea y se refugió bajo tierra durante horas—, el historiador lanza una advertencia que resuena más allá de Alemania: “Deberían ver lo que significa que Europa no pueda evitar estos ataques diarios”.
A sus 78 años, el académico, considerado uno de los mayores expertos en Europa del Este, recibe el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes mientras enfrenta críticas por su postura firme: defender a Ucrania con ayuda militar es, para él, una forma de proteger la paz europea.
“Habrá una división que atravesará Europa”, dice con tono sombrío. Una fractura entre quienes quieren seguir apoyando a Kiev y quienes ya miran hacia otro lado.
El historiador que entendió antes que nadie a Putin

Schlögel no es un recién llegado a estos temas. Desde hace décadas estudia los mecanismos del poder ruso y la herencia soviética. Visitó la URSS por primera vez en 1966, siendo todavía estudiante, y fue testigo directo de la Primavera de Praga en 1968, una experiencia que marcó para siempre su visión política.
En los años ochenta publicó su primer libro, Moskau lesen (Leyendo Moscú), en el que desarrolló un estilo narrativo único: caminar la historia, comprenderla desde los lugares donde sucedió. Ese enfoque lo convirtió en un “flâneur explorador”, un cronista que mezcla la observación urbana con el análisis histórico.
Entre sus obras más reconocidas se cuentan Terror y utopía. Moscú 1937 (2008), Ucrania, encrucijada de culturas (2015) y El siglo soviético (2017). Su mirada sobre el espacio postsoviético le ha valido reputación internacional y, también, controversia.
“Con Putin hay que estar preparado para todo”

El punto de inflexión en su carrera llegó en 2014, con la anexión de Crimea. Schlögel viajó entonces a Ucrania para observar la situación en el terreno y escribió una frase que hoy parece profética: “Con Putin hay que estar preparado para cualquier cosa.”
Once años después, no ha cambiado de opinión. Ve en los vuelos de drones sobre territorio de la OTAN una nueva demostración de fuerza del Kremlin, una provocación calculada para medir la resistencia de Europa.
En conversación con DW, evita los pronósticos pero no las advertencias:
“No creo que Rusia esté condenada eternamente al autoritarismo, pero nadie sabe cómo saldrá de la maldición del imperio.”
También compara el desconcierto ruso con el clima político de Estados Unidos bajo Trump: una época de reajuste global, donde los viejos centros de poder pierden atractivo y autoridad moral.
Ucrania como frontera moral de Europa
Durante su estancia en Lviv, Schlögel dice haber encontrado un país agotado pero firme. Admira la determinación de los ucranianos de no rendirse, incluso en medio del miedo constante a los bombardeos.
Por eso, su mensaje es claro: Europa no puede abandonar a Ucrania, aunque la guerra se prolongue y la atención internacional se disperse.
En su discurso de aceptación del premio, que pronunciará el 19 de octubre en la Iglesia de San Pablo de Fráncfort, planea insistir en esa idea: la defensa de Ucrania no es solo política ni militar, sino moral.
El Premio de la Paz de los Libreros Alemanes, dotado con 25.000 euros, distingue cada año a figuras que contribuyen a la idea de paz a través de la literatura, la ciencia o el arte. Antes que Schlögel, lo recibieron autores como Salman Rushdie, Anne Applebaum y Serhij Zhadan.
Su mensaje, sin embargo, promete ser menos cómodo que el de muchos de sus predecesores: un recordatorio de que la paz no siempre consiste en dejar de luchar.