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Ciencia

Algo en la atmósfera ha cambiado. Los científicos confirman que los gases de efecto invernadero se disparan a su máximo histórico

Las concentraciones de CO₂, metano y óxido nitroso han alcanzado un punto de no retorno, según la OMM. Detrás de los números récord hay un fenómeno más profundo: los océanos y los bosques ya no logran absorber el carbono como antes, y el aire que respiramos está alterando el futuro del planeta.
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La atmósfera está cambiando a una velocidad que ni los propios científicos esperaban. En 2024, el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso —los tres gases de efecto invernadero más importantes— alcanzaron sus niveles más altos desde que existen registros modernos.

El Boletín de Gases de Efecto Invernadero de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado este 15 de octubre de 2025, describe un escenario que empieza a parecer irreversible: el aire se está saturando.

El aumento de dióxido de carbono fue el mayor jamás medido desde 1957, con 3,5 partes por millón (ppm) en un solo año. Para tener una idea, en 2011 el incremento era de solo 0,8 ppm. En poco más de una década, la tendencia se ha multiplicado por cuatro.

Un planeta que ya no respira igual

Algo en la atmósfera ha cambiado. Los científicos confirman que los gases de efecto invernadero se disparan a su máximo histórico
© Unsplash – Chris LeBoutillier.

Los científicos de la OMM señalan que la causa no es solo el crecimiento de las emisiones humanas, sino también la pérdida de capacidad de la Tierra para absorber carbono. Normalmente, la mitad del CO₂ que generamos queda atrapado en los bosques, los suelos y los océanos. Pero esos “sumideros naturales” están agotándose.

Los océanos, cada vez más cálidos, absorben menos carbono. Y los incendios forestales, las sequías y la degradación del suelo están liberando parte del que antes retenían. “Estamos entrando en una fase en la que los propios ecosistemas dejan de ser aliados y se convierten en emisores”, advierten los investigadores.

El resultado es una atmósfera más densa, que retiene calor y altera los patrones meteorológicos globales.

No solo CO₂: el metano y el óxido nitroso también baten récords

El informe de la OMM también registra máximos históricos en otros dos gases clave.

El metano (CH₄), responsable de alrededor del 30 % del calentamiento global actual, sigue aumentando debido a la ganadería intensiva, los vertederos y las fugas de gas natural. Y el óxido nitroso (N₂O), un gas 300 veces más potente que el CO₂, se eleva por el uso masivo de fertilizantes agrícolas y por la quema de biomasa.

Ambos gases, combinados con el dióxido de carbono, están empujando la temperatura media global a niveles que podrían sobrepasar el límite de +1,5 °C fijado por el Acuerdo de París antes de 2030.

Un llamado antes de la cumbre de Brasil

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© Unsplash – Marcin Jozwiak.

Los datos llegan justo antes de la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático (COP30), que se celebrará en Brasil. “La acumulación de gases de efecto invernadero es la raíz del cambio climático”, advirtió Ko Barrett, subsecretaria general de la OMM. “El calor que atrapan está provocando fenómenos meteorológicos más extremos. Reducir las emisiones ya no es solo una cuestión ambiental: es una cuestión de seguridad y bienestar humano”.

En 2024 se registraron temperaturas oceánicas sin precedentes, olas de calor en regiones polares y un récord histórico en la pérdida de hielo marino antártico. La OMM considera que estos efectos combinados confirman una nueva etapa del calentamiento planetario, donde el equilibrio natural que absorbía parte de nuestras emisiones empieza a colapsar.

El aire que respiramos es el espejo del tiempo que vivimos

Los científicos insisten en que no es demasiado tarde, pero el margen de acción se estrecha. Cada parte por millón de CO₂ añadida a la atmósfera garantiza décadas de alteraciones climáticas: tormentas más violentas, lluvias más irregulares, mares más ácidos.

El planeta ya no puede absorber como antes lo que producimos. Y el aire, que siempre fue símbolo de libertad y de vida, se ha convertido en el registro más claro de nuestra huella colectiva. Quizá el futuro dependa de una idea tan simple como urgente: volver a dejar que la Tierra respire.

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