El fútbol americano es un pasatiempo preferido en EE.UU. Pero hoy se dieron a conocer los resultados del costo neurológico oculto que han tenido que pagar muchos de los jugadores profesionales.
Un grupo de científicos de la Universidad de Boston, de la Clínica Mayo y otras instituciones más, analizaron las historias clínicas de cientos de jugadores de fútbol que murieron últimamente, y que habían donado sus cerebros a la ciencia. Casi todos murieron con encefalopatía traumática crónica (CTE, sus siglas en inglés) y la mayoría también tenía diagnóstico de deterioro cognitivo. Casi la cuarta parte de los jugadores de fútbol americano que murieron entre 2016 y 2021 tenían CTE, aunque hay probabilidades de que haya más casos de los que se encontraron.
“Estos resultados indican que los jugadores de la NFL tienen mayor prevalencia de CTE al momento de morir de lo que se había encontrado en estudios anteriores en esta comunidad”, dice el trabajo que se publicó el martes en The BMJ.
El precio que se paga
La encefalopatía traumática crónica tiene su causa en reiteradas lesiones traumáticas que sufre el cerebro. Aunque la afección se describió médicamente ya en la década de 1920, recién en los últimos 20 años los investigadores pudieron determinar que hay una vinculación entre la CTE y los deportes de alto impacto como el fútbol americano.
Fue por la muerte de ex jugadores de fútbol y otros atletas diagnosticados con CTE que se investigó más a fondo, gracias a que se crearon bancos de cerebros que permiten que los jugadores de la NFL donen sus cerebros a la ciencia después de su muerte. La CTE, como muchas afecciones neurológicas, solo puede confirmarse al estudiar el cerebro después de la muerte (aunque los científicos trabajan para desarrollar exámenes en personas vivas).
Se analizaron los ex jugadores de fútbol americano de la NFL que debutaron después de 1949 cuando se hizo obligatorio el uso de cascos duros, y que habían muerto entre 2008 y 2021. En total eran 1.712 personas, que incluían a 338 jugadores que habían donado sus cerebros a alguno de los varios bancos, en particular el banco de cerebro UNITE (Understanding Neurologic Injury and Traumatic Encephalopathy) de la Universidad de Boston.
Los neuro patólogos del equipo de investigadores tenían como tarea determinar el estado de CTE en los cerebros sin ver las historias clínicas ni la ocupación de los jugadores. Los médicos clínicos evaluaban si los donantes tenían deterioro cognitivo, sin saber si tenían CTE, o no.

Los resultados eran que el 93% de los donantes de cerebro tenían diagnóstico de CTE, 31% de ellos en etapa IV severa. Casi el 60% de los donantes cumplían con los criterios del deterioro cognitivo, y las probabilidades de que lo tuvieran eran mucho más elevadas en los jugadores con CTE en etapa IV. Solo el 41% de los jugadores que parecían tener deterioro cognitivo aparecían con una enfermedad neurológica como causa primaria o secundaria de su muerte. Eso podría sugerir que al menos parte de esas muertes se habían clasificado mal.
Como la CTE sólo puede confirmarse con la autopsia de cerebro, no es posible saber con precisión cuántos de los ex jugadores que murieron entre 2008 y 2021 tenían esta afección. Como mínimo, sobre la base de los resultados, al menos el 18% tenía CTE. Y mirando el período entre 2016 y 2021, cuando se hizo más común la donación de cerebros, el porcentaje asciende a casi 25%. Son cálculos mínimos y conservadores, según dijeron los investigadores, pero de todos modos son más elevados que los de estudios anteriores.
Dicho esto, los resultados deberían considerarse en el contexto más amplio de lo que see sabe y lo que se desconoce de la patología del cerebro en general, indicó Steven aletta, profesor y jefe de neurología de NYU Langone Health.
“Diría que el 24% de los ex jugadores de la NFL con CTE en los análisis patológicos es una cifra elevada. Pero creo que hay que trazar una correlación clínica muy atenta porque alrededor del 20% de las personas mayores de 60 años presentan evidencia de depósitos de amiloides en sus exámenes PET, y no tienen evidencia clínica de mal de Alzheimer”, le dijo a Gizmodo Galetta, que no participó de este estudio. Señaló también que probablemente haya un sesgo en juego: «Los pacientes que están a punto de morir podrían sentirse más inclinados a donar su cerebro y por eso hay que ser cuidadosos en cuanto a las generalizaciones y suposiciones en este grupo poblacional”.
Agregó que: “Son, sin embargo, resultados patológicos importantes que hay que seguir investigando y que tienen que tomar en cuenta muy en serio los que participan de deportes de contacto durante períodos prolongados”.
Más por aprender
Con la creciente toma de conciencia de la CTE y sus riesgos, ha habido reformas reales en la NFL y en otros deportes, que incluyen la transición a cascos más seguros, a cambios en los reglamentos para reducir jugadas que terminan en brutales impactos en la cabeza, y protocolos para minimizar el daño de sufrir conmociones. Esas reformas parecen estar dando resultados positivos. Algunos investigadores, sin embargo, dicen que no son suficientes como para reducir el riesgo de CTE, en particular en los niveles de los más jóvenes.
Llevará tiempo conocer si las reformas y otros potenciales cambios futuros reducirán la prevalencia e CTE. Además hará falta más trabajo de investigación para entender mejor la relación entre la CTE y el deterioro cognitivo. Galetta dice que la investigación incluiría estudios de larga duración que podrían brindar respuestas más definitivas.
Como todavía hay muchos ex jugadores de fútbol americano y otros deportes de impacto que están vivos y que jugaron en épocas más duras y brutales, es probable que la CTE siga echando su sombra sobre los deportes profesionales en el futuro cercano.