Saltar al contenido
Ciencia

Ansiedad social: los hábitos cotidianos que pueden reforzar el aislamiento sin que lo notes

Evitar conversaciones, revisar mentalmente cada interacción o esconderse detrás del teléfono puede aliviar la ansiedad en el momento, pero también mantenerla a largo plazo. Especialistas explican qué conductas suelen reforzar el trastorno de ansiedad social y cuáles son los abordajes más utilizados para tratarlo.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Sentir nervios antes de una entrevista, una exposición o una reunión con desconocidos es habitual. El problema aparece cuando el miedo a ser juzgado o quedar en evidencia se vuelve tan intenso que empieza a condicionar decisiones cotidianas.

En el trastorno de ansiedad social, ese temor puede llevar a evitar conversaciones, reuniones, comidas frente a otras personas o situaciones en las que existe la sensación de estar siendo observado.

La diferencia con la timidez ocasional está en la intensidad, la persistencia y, sobre todo, en cuánto interfiere con la vida cotidiana.

Evitar situaciones puede aliviar, pero también reforzar el problema

Una de las conductas más comunes es la evitación.

Puede consistir en no mirar a los ojos, responder con pocas palabras, quedarse cerca de una persona conocida, revisar constantemente el teléfono o directamente evitar una reunión. Estas estrategias pueden reducir momentáneamente el malestar. Sin embargo, también pueden impedir comprobar si aquello que se teme realmente ocurriría.

Investigaciones sobre ansiedad social distinguen dos grandes tipos de “conductas de seguridad”. Algunas buscan disminuir directamente el contacto, mientras que otras intentan controlar la impresión que se genera en los demás.

Entre estas últimas aparecen acciones como ensayar mentalmente cada frase, preparar temas de conversación de antemano o vigilar permanentemente los propios gestos.

Ansiedad social: los hábitos cotidianos que pueden reforzar el aislamiento sin que lo notes
© Magnific

Mirarse demasiado a uno mismo también puede aumentar la ansiedad

Las personas con ansiedad social pueden prestar una atención excesiva a lo que ocurre dentro de ellas mismas.

Preguntas como “¿estaré sonrojado?”, “¿se notará que estoy nervioso?” o “¿estaré diciendo algo absurdo?” pueden ocupar tanta atención que resulta más difícil concentrarse en la conversación.

Ese monitoreo constante puede aumentar la percepción de síntomas físicos y hacer que la interacción resulte todavía más incómoda. Algo similar ocurre después del encuentro.

Revisar repetidamente lo sucedido, identificar supuestos errores o imaginar que los demás interpretaron negativamente cada gesto puede reforzar la idea de que la situación social fue un fracaso, incluso cuando no existen pruebas claras de ello.

La terapia busca comprobar qué ocurre realmente

Uno de los tratamientos más estudiados para el trastorno de ansiedad social es la terapia cognitivo-conductual.

Dentro de este enfoque se trabaja sobre pensamientos, comportamientos y reacciones frente a situaciones que generan miedo. Una de sus herramientas es la exposición gradual. En lugar de evitar por completo determinadas situaciones, la persona se aproxima a ellas progresivamente.

Puede comenzar con algo pequeño, como hacer una pregunta durante una reunión o intervenir brevemente en una conversación. El objetivo es contrastar las predicciones negativas con lo que realmente sucede.

Otra estrategia consiste en disminuir progresivamente algunas conductas de seguridad y trasladar la atención desde uno mismo hacia la conversación, el interlocutor o el entorno.

Ansiedad social: los hábitos cotidianos que pueden reforzar el aislamiento sin que lo notes
© Magnific

No es simplemente una característica de personalidad

El trastorno de ansiedad social puede incluir síntomas físicos como rubor, sudoración, temblores, palpitaciones, náuseas o dificultades para hablar. Para establecer un diagnóstico, el miedo debe ser persistente y afectar de manera significativa áreas como el trabajo, los estudios o las relaciones.

Los tratamientos pueden incluir psicoterapia, medicación o una combinación de ambas, dependiendo de cada caso y de la evaluación profesional.

La clave está en distinguir entre una incomodidad social ocasional y un patrón de miedo y evitación que termina reduciendo la vida cotidiana. Cuando eso ocurre, buscar ayuda profesional puede permitir romper el ciclo que mantiene la ansiedad.

 

 

Fuente: Infobae.

Compartir esta historia

Artículos relacionados