Cuando los astrónomos buscan vida fuera de la Tierra suelen fijarse en factores como la presencia de agua líquida, una atmósfera estable o la distancia correcta respecto a su estrella. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que la clave para que un planeta sea habitable podría decidirse mucho antes, en una fase temprana de su formación.
Todo depende de un proceso llamado diferenciación química planetaria, que determina cómo se distribuyen los elementos dentro de un planeta joven.
Un planeta empieza como una mezcla caótica
Los planetas rocosos, como la Tierra, se forman a partir de la acumulación progresiva de asteroides y fragmentos rocosos llamados planetesimales. Estos cuerpos chocan entre sí durante millones de años, creciendo hasta formar embriones planetarios de cientos o miles de kilómetros de diámetro.
Los impactos liberan enormes cantidades de energía. Ese calor, combinado con el generado por la desintegración de elementos radiactivos, puede llegar a fundir parcialmente estos mundos jóvenes. Cuando esto ocurre, los materiales comienzan a separarse según su densidad y propiedades químicas.
El momento en que nace la estructura de un planeta

Durante esta fase, los metales pesados se hunden hacia el centro y forman el núcleo metálico, mientras que otros materiales más ligeros permanecen en el manto o terminan formando la corteza. Este proceso, aparentemente geológico, tiene consecuencias mucho más profundas.
Según el equipo liderado por el astrónomo Craig Walton, de la Universidad de Cambridge, la diferenciación planetaria puede decidir si elementos esenciales para la vida —como fósforo o nitrógeno— quedan disponibles en la superficie o se pierden en el interior del planeta.
Por ejemplo, el fósforo puede disolverse en el hierro líquido del núcleo durante las primeras etapas del planeta. Si eso ocurre en grandes cantidades, el elemento podría quedar atrapado en el interior y no llegar a formar parte de la química superficial donde podrían surgir organismos vivos.
No todos los sistemas planetarios son iguales
El estudio también señala otro factor importante: la composición química del sistema estelar en el que se forman los planetas. Las observaciones astronómicas muestran que las estrellas presentan variaciones significativas en la abundancia de ciertos elementos. Eso significa que los planetas que se forman a su alrededor pueden tener proporciones muy diferentes de compuestos esenciales para la biología.
Este fenómeno, conocido como dispersión cosmoquímica, podría provocar que algunos planetas tengan muy poco fósforo o nitrógeno disponible en su superficie.
Una posible explicación para la rareza de la vida
Hoy conocemos alrededor de 6.000 exoplanetas, pero eso no significa que todos tengan condiciones parecidas a la Tierra. Según los investigadores, la combinación entre la composición inicial del sistema estelar, la diferenciación interna del planeta y el reparto final de los elementos químicos podría reducir significativamente las probabilidades de que aparezca vida.
En otras palabras, incluso si un planeta se encuentra en la zona habitable de su estrella, la química de su interior podría haber decidido mucho antes si ese mundo tenía realmente posibilidades de albergar vida.