Durante décadas, los astrónomos consideraron que el color de las estrellas dependía principalmente de su temperatura. Sin embargo, una nueva investigación ha demostrado que algunos de los objetos más densos del universo pueden romper esta regla.
Un equipo de científicos de la Universidad de Warwick, en Reino Unido, descubrió que ciertas enanas blancas podrían brillar en tonalidades verdes, rosas, amarillas, cian e incluso moradas.
El estudio, publicado el 15 de octubre de 2026 en la revista científica RAS Techniques and Instruments, identificó una enana blanca cuya luz parecería verde para el ojo humano, algo extraordinariamente inusual en astronomía.
Por qué algunas estrellas pueden tener colores tan diferentes
Las enanas blancas son los restos extremadamente densos que quedan cuando estrellas similares al Sol agotan su combustible nuclear y expulsan sus capas exteriores.
Normalmente, el color de una estrella depende de su temperatura superficial: las más frías tienden a verse anaranjadas, mientras que las más calientes presentan tonalidades blancas o azuladas. Pero las enanas blancas poseen una característica particular: sus atmósferas pueden alcanzar densidades similares a las del agua.
En estas condiciones extremas, elementos como el carbono, el calcio y el sodio interactúan con el helio y absorben determinadas longitudes de onda de la luz. Como resultado, la estrella puede adquirir colores que no corresponderían a su temperatura.

La primera enana blanca que parecería verde
Uno de los descubrimientos más llamativos es el de WD J1330+6435, una enana blanca con una temperatura cercana a los 4.000 grados Celsius. Los investigadores determinaron que su atmósfera contiene materiales rocosos procedentes de su antiguo sistema planetario, incluidos elementos como sodio, calcio y litio.
La presencia de sodio provoca una absorción intensa de determinadas longitudes de onda, especialmente de la región amarilla, naranja y roja del espectro.
Esto produciría un resplandor verdoso si un observador pudiera contemplar la estrella suficientemente cerca. Los científicos calcularon ese color mediante el análisis de la luz estelar y modelos de visión humana, por lo que no se trata de una observación visual directa.
También existen enanas blancas rosas, amarillas y moradas
El equipo descubrió que las estrellas con atmósferas ricas en carbono pueden adquirir tonalidades rosas o púrpuras. Por otro lado, las enanas blancas que incorporan restos de asteroides y cometas pueden presentar colores amarillentos. También identificaron objetos de tonos cian, relacionados con interacciones entre hidrógeno y helio en atmósferas extremadamente densas.
Estas diferencias convierten el color en una posible herramienta adicional para estudiar la composición química y la evolución de las estrellas.

Una de cada 30 enanas blancas podría tener un color inusual
Para determinar qué tan frecuente es este fenómeno, los astrónomos analizaron 151 enanas blancas situadas a menos de 65 años luz de la Tierra.
Encontraron cinco con colores poco habituales: dos amarillas y tres rosas. Esto sugiere que aproximadamente una de cada 30 enanas blancas podría presentar tonalidades diferentes de las esperadas. Sin embargo, el análisis también confirmó que la mayoría de estos objetos sigue siendo predominantemente blanca.
El descubrimiento no cambia la naturaleza de las enanas blancas, pero demuestra que sus atmósferas contienen información mucho más compleja de lo que revela su apariencia habitual.
Además, abre nuevas posibilidades para comprender cómo los restos de antiguos sistemas planetarios modifican la luz de las estrellas al final de sus vidas.