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Ciencia

La Tierra fabrica su propio combustible limpio: qué es el hidrógeno blanco y por qué empezó la carrera para encontrarlo

Un pueblo de Malí lo usa desde hace años para generar electricidad y Europa ya lo busca en sus montañas. Podría ser mucho más barato que el hidrógeno verde
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Durante décadas, el hidrógeno fue visto como el combustible del futuro con un problema de origen: casi todo el que se usa hoy se fabrica a partir de gas natural, con altas emisiones de dióxido de carbono. Pero la propia Tierra produce hidrógeno de forma natural en su interior, y en distintas partes del mundo ya comenzó una búsqueda que algunos comparan con una nueva fiebre del oro.

Se lo conoce como hidrógeno blanco, natural o geológico. La última señal de ese interés llega desde el norte de España, donde el Gobierno Vasco tramita cinco solicitudes de permiso para explorarlo en su territorio.

Los colores del hidrógeno

El hidrógeno es el elemento más abundante del universo y, al quemarse o usarse en una pila de combustible, solo libera agua. Además, contiene unas tres veces más energía por kilo que la gasolina. El problema es que en la Tierra casi no se encuentra libre, sino unido a otros elementos, y separarlo consume mucha energía.

Por eso la industria lo clasifica por colores según cómo se obtiene. El hidrógeno gris se produce a partir de gas natural y emite CO2. El azul usa el mismo proceso, pero captura parte de esas emisiones. El verde se obtiene por electrólisis del agua con electricidad renovable, sin emisiones, pero a un costo todavía elevado. El blanco es diferente: no se fabrica, sino que se extrae ya formado del subsuelo.

Cómo se forma bajo nuestros pies

El principal mecanismo se llama serpentinización. Ocurre cuando el agua se filtra en la corteza terrestre y reacciona con rocas ricas en hierro: el hierro se oxida y el agua se descompone, liberando hidrógeno. Otro proceso es la radiólisis, en la que la radiactividad natural de ciertas rocas rompe las moléculas de agua.

Lo más interesante es que, a diferencia del petróleo o el gas, estos procesos siguen activos. Eso significa que algunos yacimientos podrían recargarse con el tiempo, aunque todavía no está claro a qué ritmo.

El pueblo de Malí que encendió la alarma

El caso más famoso está en Bourakébougou, una pequeña localidad de Malí, en África occidental. En 1987, durante la perforación de un pozo de agua, salió un gas que resultó ser hidrógeno casi puro. Años más tarde, ese pozo se puso en producción para generar la electricidad del pueblo, y se convirtió en la prueba de que el hidrógeno natural podía aprovecharse.

Desde entonces se sumaron otros hallazgos. En la región de Lorena, en el noreste de Francia, investigadores detectaron en 2023 concentraciones que, según sus estimaciones, podrían representar un yacimiento de hasta 46 millones de toneladas. En Albania, en una mina de cromo, los científicos midieron una de las mayores emisiones naturales de hidrógeno registradas. Y en Brasil, en la cuenca del río São Francisco, se estudian unos círculos de vegetación muerta en el suelo asociados a fugas de este gas.

Cuánto hidrógeno podría haber

En 2024, un modelo del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estimó que el subsuelo del planeta podría contener unos 5,6 billones de toneladas de hidrógeno. La mayor parte es inaccesible, pero los autores calcularon que recuperar apenas una pequeña fracción alcanzaría para cubrir la demanda mundial prevista durante unos 200 años.

Las cifras de costo también llaman la atención. Algunas estimaciones del sector sitúan el hidrógeno natural por debajo de un euro por kilo, frente a varios euros para el hidrógeno verde. Sin embargo, son proyecciones: todavía no existe una producción comercial a gran escala que permita confirmarlas.

La búsqueda llega a Europa

En el País Vasco, además de las cinco solicitudes en trámite, la empresa Mantle8 obtuvo en 2026 autorización para estudiar el subsuelo de la sierra de Aralar, entre Gipuzkoa y Navarra. El permiso solo habilita técnicas no invasivas durante un año, como sensores pasivos que generan imágenes en 3D del subsuelo y muestreos en superficie, sin perforaciones ni extracción. La exploración también apunta al helio, otro gas estratégico para la industria tecnológica.

El hidrógeno blanco todavía enfrenta grandes incógnitas: cuánto se puede extraer de forma rentable, cuánto tardan en recargarse los yacimientos y qué impacto ambiental tendría su explotación. Pero si las promesas se confirman, la energía limpia del futuro podría no tener que fabricarse, sino simplemente encontrarse.

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