Aunque muchos padres aseguran tratar a sus hijos por igual, la realidad es que algunas diferencias en el trato son inevitables. Un nuevo estudio publicado por la Asociación Estadounidense de Psicología ha analizado este fenómeno en profundidad y ha identificado patrones en la forma en que los padres muestran favoritismo hacia sus hijos.
El estudio, liderado por el investigador Alex Jensen de la Universidad Brigham Young, ha revelado que las hijas suelen ser vistas como las favoritas, los hijos mayores reciben más autonomía y los niños con comportamientos más responsables tienden a ser tratados con mayor indulgencia. Pero ¿qué impacto tiene esto en la familia y en la relación entre hermanos?
¿A quién favorecen más los padres?

El estudio analizó más de 19.000 familias en América del Norte y Europa Occidental, y los resultados fueron sorprendentes. Según las respuestas de los propios padres, las hijas suelen recibir más muestras de cariño y atención que los hijos varones.
Otro hallazgo clave fue la ventaja que tienen los hijos mayores. Independientemente de la edad, estos suelen recibir más libertad y autonomía a lo largo de su vida, incluso cuando llegan a la adultez. Esto sugiere que los padres tienden a mantener patrones de comportamiento a lo largo del tiempo, sin importar cuánto crezcan sus hijos.
Además, los niños con un temperamento más obediente y responsable también son favorecidos. Aquellos que siguen las reglas y cumplen con las expectativas familiares suelen recibir un trato más positivo en comparación con sus hermanos más rebeldes o desafiantes.
¿Cómo afecta el favoritismo a los hijos?
Las diferencias en el trato no solo impactan la relación entre padres e hijos, sino también la dinámica entre hermanos. Investigaciones previas han demostrado que los niños que perciben que sus padres tienen un favorito tienen más probabilidades de experimentar ansiedad, depresión y problemas de autoestima.
El favoritismo también influye en el rendimiento escolar y en las decisiones futuras. Los hijos que se sienten menos valorados tienen menos probabilidades de acceder a la universidad y pueden desarrollar dificultades en su vida adulta. En contraste, los hijos que reciben un trato preferencial tienden a tener una mejor salud mental y mayores oportunidades académicas y profesionales.
