Durante décadas, el control del fuego se consideró un rasgo casi identitario de Homo sapiens, una frontera simbólica entre “nosotros” y los demás homínidos. Pero las brasas más antiguas no siempre cuentan la historia correcta. Un nuevo estudio publicado en Nature sostiene que fueron los neandertales, y no nuestra especie, quienes encendieron la primera hoguera deliberada de la humanidad hace 400.000 años. Un gesto sencillo (golpear pedernal contra pirita) que altera por completo el relato de cómo aprendimos a dominar uno de los elementos que nos hicieron humanos.
El mechero más antiguo de la historia no estaba hecho por Homo sapiens

Lo hallado en Barnham no es una hoguera conservada, ni restos de ceniza, sino algo mucho más revelador: el dispositivo que la encendió. Los investigadores encontraron dos pequeños fragmentos de pirita fracturada junto a herramientas líticas quemadas y sedimentos que alcanzaron temperaturas superiores a los 700 grados. Es la combinación de pruebas la que permite reconstruir la escena: un neandertal golpeó pirita contra pedernal para generar chispas y encender fuego allí mismo, en campo abierto, hace casi medio millón de años.
El detalle decisivo es que en esa región de Inglaterra no existe pirita de forma natural. Alguien la llevó hasta allí porque sabía exactamente para qué servía. Ese acto de transporte deliberado, junto a la evidencia de repetidas fogatas en el mismo punto, convierte el hallazgo en la primera demostración clara de producción intencional de fuego en Europa.
Un descubrimiento que retrasa el dominio del fuego 350.000 años

Hasta ahora, la comunidad científica situaba el control absoluto del fuego en torno a los 50.000 años, con ejemplos seguros en cuevas francesas atribuidos también a neandertales tardíos. Antes de eso, existían fogatas de hasta 800.000 años en Europa y más de un millón en África, pero todas ellas podían explicarse por incendios naturales que los homínidos simplemente mantenían vivos. Barnham rompe esa frontera: por primera vez se documenta un encendedor y su uso en un mismo contexto.
Nick Ashton, del Museo Británico, asegura que la habilidad de estos grupos para seleccionar pedernal, transportar pirita y producir chispas indica un conocimiento técnico avanzado, difícil de asociar a una humanidad “primitiva”. Para Rob Davis, coautor del estudio, el hallazgo es “uno de los momentos estelares de la historia humana”, y adelanta la cronología conocida del dominio del fuego en al menos 350.000 años.
Qué tipo de humanos eran aquellos que encendieron la hoguera

En Barnham no han aparecido restos humanos, pero a unos cien kilómetros al sur se hallaron tres fragmentos de cráneo con rasgos muy similares a neandertales tempranos, datados en el mismo intervalo de tiempo. Pertenecen a una población anterior a los neandertales “clásicos”, relacionada con los individuos hallados en Atapuerca hace unos 430.000 años. Curiosamente, en Atapuerca no se han encontrado restos de fuego, lo que sugiere que la innovación tecnológica pudo surgir en otra región y difundirse después hacia el norte de Europa.
Los autores proponen un escenario interesante: una glaciación hace 450.000 años habría extinguido a los humanos de las islas británicas. Más tarde, grupos neandertales continentales repoblaron la zona llevando consigo una tecnología que cambiaba todo: la capacidad de fabricar fuego a voluntad. Esa habilidad habría sido esencial para sobrevivir al frío extremo, extenderse hacia latitudes más hostiles y transformar su forma de vida en torno a las hogueras.
Un fuego que no es solo calor: es cultura

La hoguera de Barnham no se conservó con tizones ni cenizas; tras 400.000 años era imposible. El estudio se apoyó en técnicas sofisticadas como espectroscopía infrarroja, análisis magnéticos y marcadores químicos que distinguen entre un incendio natural y uno repetidamente encendido en el mismo lugar. Lo que se reconstruye no es un accidente: es un fuego intencional, controlado, mantenido en el tiempo.
Ese gesto inaugura algo más profundo. El fuego permitió cocinar, ablandar alimentos, liberar energía para que el cerebro creciera, reunirse en torno a un punto de luz, transmitir historias y crear redes sociales más complejas. Pero durante mucho tiempo se creyó que ese salto era exclusivo de los Homo sapiens. La evidencia de Barnham desmonta esa idea: los neandertales tempranos ya dominaban el elemento que moldeó nuestra evolución.
Una pieza más en la nueva imagen de los neandertales

La arqueología lleva años desmontando la visión del neandertal tosco y limitado. Sabemos que fabricaban herramientas complejas, cuidaban a los enfermos, decoraban cuevas, posiblemente usaban pigmentos y enterraban a sus muertos. Ahora sabemos también que podían encender fuego deliberadamente cientos de miles de años antes de lo que creíamos.
Para algunos especialistas, como la investigadora Ruth Blasco, este hallazgo no revoluciona el panorama entero, pero sí coloca una fecha precisa a la producción intencional de fuego y aporta la prueba más sólida encontrada hasta hoy: el encendedor más antiguo conocido de la humanidad. Documentarlo equivale a demostrar que no fue un rayo el que encendió aquellas llamas: fueron manos humanas.