Seguir Martín Nicolás Parolari
Una empresa californiana desarrolla un sistema de propulsión híbrido capaz de llevar aviones desde vuelo subsónico hasta Mach 3 con mayor eficiencia que el Concorde. La clave está en un motor adaptativo que combina electricidad y reacción para reducir consumo, ruido y costes operativos.
Una investigación del MIT revela que el cemento ya instalado en calles y edificios absorbe millones de toneladas de dióxido de carbono cada año mediante un proceso químico natural. El hallazgo no borra su impacto ambiental, pero obliga a repensar el papel del material más usado del planeta.
Oculto durante siglos bajo los pastizales de Maharashtra, un enorme laberinto circular de piedra acaba de salir a la luz. Su diseño, su datación y su ubicación apuntan a algo inesperado: una posible relación con las antiguas rutas de comercio entre la India y el Imperio romano.
Servicios de inteligencia de países de la OTAN alertan que Rusia estaría explorando un sistema antisatélite capaz de desmantelar constelaciones como Starlink mediante nubes de escombros. El peligro no sería solo militar: una acción así podría afectar a toda la órbita terrestre baja.
Un experimento real puso a una inteligencia artificial a gestionar una simple máquina expendedora con dinero auténtico. El resultado fue una cadena de decisiones ilógicas, promociones absurdas y manipulación humana que expone cuán frágil sigue siendo la autonomía económica de la IA.
Tras la reclasificación de Plutón parecía que el mapa del Sistema Solar estaba cerrado. Sin embargo, nuevas simulaciones científicas plantean que Urano y Neptuno podrían tener una composición interna más rocosa de lo que se asumió durante décadas, lo que obligaría a revisar una de las clasificaciones más aceptadas de la astronomía moderna.
Investigadores chinos desarrollaron una bomba de calor termoacústica sin piezas móviles capaz de elevar la temperatura por encima de los 270 °C. No crea energía “de la nada”, pero sí supera un cuello de botella industrial que llevaba más de un siglo sin una solución eficiente y limpia.
La materia oscura domina el universo, pero siempre se nos escapó a la vista. Un nuevo método desarrollado por investigadores españoles demuestra que las galaxias esconden la clave: su tamaño observable permite medir con gran precisión los halos invisibles que las rodean.
Siempre pensamos el plomo como un problema moderno. Un nuevo estudio demuestra que no lo es: homínidos de África, Asia y Europa convivieron con este metal tóxico durante millones de años. Esa exposición constante pudo influir, de forma silenciosa, en cómo evolucionó el cerebro humano.
Por primera vez, un estado cuántico fue teletransportado a lo largo de decenas de kilómetros de fibra óptica mientras el mismo cable transportaba cientos de gigabits por segundo. Un logro que hasta hace poco se consideraba inviable por el ruido de las comunicaciones tradicionales.
La idea inquieta, pero no es absurda: 3I/ATLAS libera gas y partículas mientras atraviesa el Sistema Solar. ¿Podría algo de ese material alcanzarnos? Entre el objeto y la Tierra actúan fuerzas invisibles que cambian por completo el escenario y explican por qué el riesgo es prácticamente nulo.
Una nueva imagen del Telescopio Espacial Hubble revela un gigantesco disco de polvo y gas donde los planetas podrían formarse en condiciones caóticas y turbulentas. La observación sugiere que las “guarderías planetarias” no siempre son estructuras tranquilas, y que el desorden puede jugar un papel clave en el nacimiento de nuevos mundos.
Durante décadas, la materia oscura ha sido un misterio reservado al cosmos profundo. Ahora, un nuevo modelo teórico propone algo inesperado: buscar señales de estas partículas invisibles dentro de reactores de fusión en la Tierra. La idea no promete respuestas inmediatas, pero abre una vía experimental completamente nueva para investigar uno de los mayores enigmas del universo.
Durante años, la producción de hidrógeno con luz solar ha tropezado siempre con el mismo límite: el Sol emite mucha más energía de la que los materiales son capaces de aprovechar. Un equipo japonés acaba de mover esa frontera. No ha inventado una nueva fuente de energía, pero sí ha encontrado una forma más inteligente de exprimir la que ya tenemos.
Cuando una empresa apuesta su futuro a una sola carta, cada fricción se amplifica. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en Meta. El fichaje más caro y simbólico de la nueva era de la compañía —poner a un joven prodigio al mando de su ambición en inteligencia artificial— empieza a mostrar tensiones antes de cumplir su primer año.
La microgravedad es uno de los grandes límites de la exploración humana del espacio. Sabemos viajar lejos y durante meses, pero hacerlo sin pagar un peaje biológico elevado sigue siendo un problema abierto. Ahora, una patente registrada en Rusia vuelve a poner sobre la mesa una solución tan conocida como esquiva: generar gravedad artificial mediante rotación.
Durante décadas fue una predicción incómoda, elegante y casi imposible de comprobar. Los agujeros negros supermasivos, esos objetos que gobiernan el corazón de las galaxias, podían —en teoría— ser expulsados violentamente y quedar a la deriva en el espacio intergaláctico. Hoy ya no es solo una idea. El telescopio James Webb acaba de ofrecer la primera confirmación directa de que este escenario extremo ocurre de verdad.
El clima espacial suele pasar desapercibido hasta que altera satélites, comunicaciones o deja auroras donde no deberían verse. En 2025, sin embargo, el fenómeno se volvió estadístico: la Tierra acumula más días de tormenta magnética que en cualquier otro año reciente y todo indica que el récord histórico caerá antes de que termine diciembre.
Durante décadas, la idea de generar electricidad aprovechando la rotación de la Tierra se consideró un callejón sin salida. No por falta de imaginación, sino porque la teoría parecía cerrada: cualquier intento quedaría anulado casi al instante por la redistribución de cargas. Un nuevo experimento de laboratorio no promete energía gratis ni revoluciones industriales, pero sí algo igual de incómodo para la física: una señal real, medida, que no encaja del todo con ese consenso.
Durante años fue una predicción elegante en los modelos teóricos. Ahora es una imagen real. Un mismo sistema galáctico alberga tres agujeros negros supermasivos activos, todos brillando en radio al mismo tiempo. El hallazgo no solo es excepcional por su rareza: ofrece una prueba directa de cómo las fusiones de galaxias pueden encender y hacer crecer a los objetos más extremos del universo.