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Ciencia

Cada vez que medimos una partícula cuántica la alteramos y le añadimos energía. Ahora los físicos han descubierto cómo recuperar ese “error” y convertirlo en una fuente útil para motores y baterías cuánticas

Un nuevo sistema de control cuántico demuestra que la energía introducida al medir un sistema puede recuperarse y aprovecharse. El resultado abre la puerta a motores y baterías cuánticas que funcionan reciclando el propio proceso de observación.
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En física cuántica hay una regla incómoda: observar un sistema no es un acto pasivo. Cada vez que se mide una partícula, se altera su estado y se introduce una pequeña cantidad de energía en el proceso. Durante décadas, este efecto se ha considerado un problema experimental, una fuente de ruido que complica cualquier intento de control preciso.

Pero esa misma limitación podría esconder una oportunidad. Un nuevo estudio, publicado en Light: Science & Applications, propone que esa energía, lejos de perderse, puede recuperarse y utilizarse.

Cuando medir deja de ser un problema

El punto de partida es conocido: las mediciones cuánticas perturban el sistema. Esa perturbación rompe el equilibrio y genera una diferencia entre el estado anterior y el posterior. En términos físicos, es un proceso irreversible que introduce desorden, alineado con la segunda ley de la termodinámica. Lo que plantea el nuevo trabajo es que ese desorden puede manipularse.

Los investigadores han diseñado un sistema de control en tiempo real capaz de medir continuamente un sistema cuántico, analizar el efecto de esa medición y aplicar de inmediato una corrección mediante pulsos de microondas. Este ajuste no elimina la perturbación, pero sí la reorganiza. Y ahí es donde aparece algo inesperado.

La relación entre tiempo y energía

El elemento más llamativo del estudio es cómo conecta dos conceptos que, en principio, parecen separados: la dirección del tiempo y el flujo de energía. En el mundo macroscópico, la flecha del tiempo está ligada al aumento del desorden. Sin embargo, en sistemas cuánticos, esa dirección puede manipularse estadísticamente. Ajustando ciertos parámetros, el sistema puede comportarse como si evolucionara hacia adelante, permanecer en un estado ambiguo o incluso parecer que retrocede.

Ese cambio no es solo conceptual. También afecta a la forma en que la energía fluye dentro del sistema. Cuando el control se ajusta de forma que el sistema “corrige” continuamente las perturbaciones de la medición, la energía asociada a ese proceso deja de disiparse como ruido y puede extraerse como trabajo útil.

Un motor que no añade energía, la reorganiza

Cada vez que medimos una partícula cuántica la alteramos y le añadimos energía. Ahora los físicos han descubierto cómo recuperar ese “error” y convertirlo en una fuente útil para motores y baterías cuánticas
© Vicky Leta / Gizmodo.

A diferencia de un motor clásico, que necesita una fuente externa de energía, este tipo de sistema funciona reciclando lo que ya está ocurriendo. No crea energía desde cero, sino que aprovecha la que se introduce inevitablemente al medir. Es, en cierto modo, un motor basado en información.

Cada medición aporta datos sobre el estado del sistema. Esa información se utiliza para aplicar una corrección precisa, y en ese ciclo de medición y control es donde aparece la posibilidad de extraer energía. El resultado es un bucle continuo donde observar, corregir y reorganizar se convierte en un proceso productivo.

Aplicaciones donde la energía siempre ha sido un problema

Este enfoque tiene implicaciones directas en uno de los campos más exigentes de la física actual: la computación cuántica.

Los sistemas cuánticos requieren mediciones constantes para funcionar y mantenerse estables. Hasta ahora, ese proceso implicaba un coste energético y un aumento del desorden. Con este nuevo mecanismo, parte de ese coste podría recuperarse.

Los investigadores apuntan a tres aplicaciones principales. La primera es alimentar procesos internos dentro del propio sistema cuántico, utilizando la energía generada por las mediciones. La segunda es el desarrollo de baterías cuánticas capaces de almacenar esa energía. Y la tercera, quizás la más inmediata, es la preparación de estados cuánticos con mayor eficiencia.

Un cambio de perspectiva más que una solución definitiva

Aunque el sistema se encuentra todavía en una fase experimental, el valor del estudio no está solo en sus aplicaciones potenciales, sino en el cambio de enfoque que introduce.

Durante décadas, la medición cuántica ha sido vista como un obstáculo inevitable. Ahora empieza a perfilarse como un recurso. No es que el problema haya desaparecido. Es que se ha reinterpretado. Y en física, ese tipo de cambios suele ser el primer paso hacia algo más grande.

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