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Ciencia

Hace 100.000 años Etiopía no era un desierto. Un hallazgo permite reconstruir cómo vivían, se movían y morían algunos de los primeros Homo sapiens

Un yacimiento en la Depresión de Afar reúne fósiles humanos, herramientas y restos de fauna que permiten entender con un nivel de detalle poco habitual la vida cotidiana de nuestros ancestros en el Paleolítico Medio.
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Cuando pensamos en la Depresión de Afar, en Etiopía, lo primero que viene a la cabeza es un paisaje árido, extremo y casi inhóspito. Sin embargo, hace unos 100.000 años, ese mismo lugar era radicalmente distinto. Había agua, vegetación y fauna abundante. Y, sobre todo, había humanos.

Un nuevo hallazgo arqueológico está permitiendo reconstruir ese mundo perdido con un nivel de detalle poco habitual.

Un yacimiento que conecta piezas que rara vez aparecen juntas

El descubrimiento, liderado por un equipo internacional con participación de investigadores de nueve países, ha sacado a la luz restos de tres individuos de Homo sapiens, junto con miles de herramientas de piedra y restos de fauna. Este tipo de combinación no es común.

En muchos yacimientos aparecen herramientas, en otros huesos humanos, en otros evidencias ambientales. Pero encontrar todo eso en un mismo lugar, bien conservado y con contexto claro, es lo que permite ir más allá de la simple identificación y empezar a reconstruir una forma de vida. Aquí es donde el hallazgo se vuelve especialmente valioso.

No era un lugar de paso, era un territorio vivido

Hace 100.000 años Etiopía no era un desierto. Un hallazgo permite reconstruir cómo vivían, se movían y morían algunos de los primeros Homo sapiens
© Mr. Guanghui Zhao.

El sitio, compuesto por varias áreas cercanas entre sí, muestra que estos grupos humanos no solo pasaban por allí. Se movían dentro del territorio, ocupaban distintas zonas y realizaban actividades concretas.

Las herramientas líticas (más de 2.000) revelan que tallaban piedra en el propio lugar, utilizando materiales volcánicos como la obsidiana. Los restos de fauna indican que procesaban animales, probablemente para alimentarse.

No es una escena aislada. Es una actividad repetida. Y eso habla de una relación más estable con el entorno.

Un ecosistema que ya no existe

Uno de los aspectos más reveladores del estudio es la reconstrucción del paisaje. El análisis de sedimentos y restos animales muestra que la región era un entorno boscoso, con acceso a agua y recursos suficientes para sostener vida humana. Nada que ver con el desierto actual.

Este cambio de perspectiva es clave. Porque ayuda a entender que la expansión de los primeros Homo sapiens no ocurrió en entornos extremos, sino en ecosistemas más ricos y diversos de lo que solemos imaginar.

Tres historias que no terminan de encajar

Los restos humanos encontrados aportan otra capa de complejidad. Uno de los individuos parece haber sido enterrado rápidamente, aunque no está claro si fue un acto intencionado o un proceso natural. Otro muestra signos de haber sido devorado por carnívoros. El tercero presenta evidencias de haber estado expuesto a altas temperaturas.

Tres muertes distintas. Tres escenarios posibles. Pero ninguna certeza. Y eso es, en cierto modo, lo más interesante.

El límite de lo que podemos saber

Hace 100.000 años Etiopía no era un desierto. Un hallazgo permite reconstruir cómo vivían, se movían y morían algunos de los primeros Homo sapiens
© Fudan University.

A pesar del nivel de detalle alcanzado, el estudio también deja claro que hay preguntas que siguen sin respuesta. ¿Utilizaban el fuego de forma controlada o solo aprovechaban incendios naturales? ¿Enterraban a sus muertos de forma intencional? ¿Qué grado de organización social tenían?

Las evidencias no son suficientes para afirmarlo con seguridad. Pero sí para plantearlo.

Una ventana poco habitual al pasado

El valor de este hallazgo no está solo en los fósiles o en las herramientas, sino en la posibilidad de conectar todas esas piezas en una misma escena. Un lugar donde humanos modernos vivieron, se movieron, cazaron y murieron.

Un paisaje que ya no existe. Y una historia que, poco a poco, empieza a ser menos abstracta. Porque cada vez que aparece un yacimiento así, el pasado deja de ser una serie de datos sueltos… y se convierte en algo mucho más cercano a una vida real.

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