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Tecnología

«Careless People» [No les importa], el libro de Sheryl Sandberg sobre Meta

La ex COO de Meta entretiene contándolo todo, y te cae bien aunque parezca una villana.
Por Alex Cranz Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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Careless People [No les importa] es un libro que disfrutas, y dependiendo de con quién hables (además de supuestamente según cuántas acciones de Meta hayan comprado), los que conocen lo que cuenta el libro dicen estar de acuerdo con la autora Sarah Wynn-Williams, o bien, dicen que todo es mentira. En el transcurso de su evaluación de la construcción de una de las herramientas políticas más poderosas y peligrosas de la historia, logró hacer magia: hizo que me gustara Sheryl Sandberg.

Como mujer, sé que resulta ofensivo decir que nunca me importó mucho Sheryl Sandberg, ex COO de Meta, de quien todos concuerdan al decir que hizo de la compañía un éxito impresionante. Yo estaba allí a comienzos de la década de 2010 cuando fui a una sesión de lectura de Lean In sobre los derechos de las mujeres profesionales que buscaban demostrar que tenían lo que hace falta para construir cosas ambiciosas sin unirse del todo al club de los hombres. Como algo salido de Hollywood en los años ’80, lo que hacía Sandberg era un sueño: trabajaba, se vestía con elegancia, tenía un pelotón de asistentes y una amorosa familia, y vendía esa promesa a muchas otras mujeres con salarios mucho más bajos y casi ningún asistente.

Siempre pensé que lo que hacía Sanberg era demasiado. Esa postura de Jefa se sentía como herramienta de marketing para su libro más que como filosofía de vida. Parecía proyectar una imagen en la que los defectos se seleccionaban para que pudiera vender el cuento de la mujer exitosa que estaba narrando. Era como repetir de nuevo algo viejo: “las mujeres pueden lograrlo”.

 El lado más humano de Sheryl Sandberg

Luego leí sobre sus desesperados intentos por hacerse conocida en Internet, afirmando haber cancelado su boleto en el vuelo que se accidentó, o usando un viaje de negocios como oportunidad para promocionar su libro y llevar de vacaciones a su familia. Y se me apareció como humana, completamente humana. Las anécdotas sobre su desesperación y ambición hacían que la sintiera como una más en lugar de como tótem para las mujeres que trabajan fuera de casa.

Wynn-Williams presenta a una Sheryl Sanberg que es amable, frágil, aguda, caprichosa y cruel. Como en este extracto del día en que conoció al entonces primer ministro de Japón Shinzo Abe:

Creo que ya estaba buscando evidencia que confirmara mi premonición pero cuando llego a la habitación de Sheryl en el Ritz-Carlton esa mañana en que tendrían la reunión, vi a una bella mujer japonesa, perfectamente maquillada y vestida con elegancia, que lloraba mucho.

– ¿Estás bien? – pregunté en tono de duda.

Asiente. Las lágrimas que ruedan por sus mejillas hacen que se vea más querible.

En ese momento sale Debbi de la suite de Sheryl y me lleva aparte:

            – No entraría ahí.

– ¿Por qué?

– Ibas a entrar, ¿verdad?

– Sí. ¿Qué pasa?

– Un gran problema con el maquillaje y el peinado.

– ¿Y quién es la que llora allí afuera? ¿La maquilladora?

– Sí. El maquillaje fue un desastre, y ni hablar del peinado. Creo que no estaba tan mal, pero a Sheryl no le gustó, y parte de sus instrucciones se perdieron en la traducción y las cosas empeoraron.

– ¿Empeoró el maquillaje? – dije en son de broma. Debbie hace caso omiso.

– ¡Ay! ¿Es algo cultural? ¿La maquilladora lo hacía como cree que lo quieren las mujeres de occidente? ¿Bien de los años 80? Es temprano todavía. ¿Puedes conseguir a alguien más?

– Es que ella era ese alguien más. Ya había despedido a la primera maquilladora.

– ¡Uf! ¿También la hizo llorar? Supongo que con una tercera maquilladora eso no sucedería.

– No. Creo que lo hará ella misma. Pero esto ya es presagio de cómo será el resto del día.

Este es un aspecto de Sheryl que no había visto antes.

En este intercambio no vemos a Sandberg, aunque notamos que está nerviosa, como lo estaría cualquiera antes de reunirse con un jefe de estado. Y cuando está nerviosa puede ser mala. El resto del capítulo narra cómo fue la reunión, y habla de la desesperación de lograr la foto con el primer ministro sosteniendo su libro en las manos. Es como una farsa de las mujeres poderosas en los negocios, y admito haber creído que Wynn-Williams estaba exagerando.

Pero aquí está la foto de Sandberg y Shizo Abe. Puedes ver que ella está contenta. Y que él se divierte, aunque algo confundido. Puedes ver que posteó esta imagen después de que a él lo asesinaran, como prueba de que se conocían.

Todo eso, aunque no es la imagen que quiere transmitir Sandberg, hace que te caiga bien. El libro se vuelve más y  más oscuro y Wynn-Williams ve que las ramificaciones de la mentalidad de Facebook de crecer cueste lo que cueste, son terribles. Sin embargo, al haberlo vivido y haber visto lo terrible que pude ser el impacto de Meta, encontré que la humanidad de Sandberg tiene su encanto.

Puede hacer caer una nación, pero en resumen solo se trata de una mujer que se esfuerza y hace todo lo posible por el éxito.

 

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