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Ciencia

China acaba de llegar a una roca tan pequeña que casi parece una misión imposible. Tianwen 2 intentará traer muestras del cuasisatélite Kamoʻoalewa, el misterioso compañero de la Tierra

La sonda china Tianwen 2 ya alcanzó las cercanías de Kamoʻoalewa, un pequeño cuasisatélite de la Tierra del que intentará recoger muestras para traerlas de vuelta en 2027. El problema es que las últimas observaciones apuntan a un objeto de apenas unos 20 metros, mucho más pequeño de lo estimado hasta ahora.
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China acaba de colocar una nave junto a una de las rocas más extrañas que acompañan a la Tierra. La sonda Tianwen 2 alcanzó las cercanías del asteroide Kamoʻoalewa, también conocido como 2016 HO3, y comenzó la fase científica de una misión que quiere hacer algo especialmente difícil: estudiar, tocar y recoger muestras de un cuerpo diminuto que no orbita la Tierra como la Luna, pero que se mueve casi como si fuera un compañero fantasma de nuestro planeta.

Según informó Xinhua citando a la Administración Nacional del Espacio de China, Tianwen 2 completó un viaje de unos 400 días y cerca de 1.000 millones de kilómetros hasta situarse a unos 20 kilómetros del asteroide. La agencia china añadió que la sonda ya obtuvo imágenes durante la aproximación y que esos datos permitieron mejorar la efeméride del objeto, reduciendo el error de posición desde cientos de kilómetros hasta una escala de kilómetros.

El dato es importante porque Kamoʻoalewa no es Bennu, Ryugu ni ninguno de los asteroides relativamente “grandes” visitados por misiones de retorno de muestras. Las observaciones recientes del telescopio espacial James Webb apuntan a un diámetro medio de apenas 18 ± 2 metros, con un rango aproximado de 15 a 21 metros. Es decir: el objetivo de Tianwen 2 podría ser una roca espacial más pequeña que muchos edificios urbanos, y apenas unas veces mayor que la propia nave con sus paneles desplegados.

La misión llegó, pero ahora tiene que resolver dónde tocar

China acaba de llegar a una roca tan pequeña que casi parece una misión imposible. Tianwen 2 intentará traer muestras del cuasisatélite Kamoʻoalewa, el misterioso compañero de la Tierra
© CNSA.

La llegada a 20 kilómetros no significa que Tianwen 2 ya pueda recoger material. En realidad, abre una etapa mucho más delicada. La sonda tendrá que observar la forma, la composición y la estructura interna del asteroide antes de decidir cómo y dónde intentar la toma de muestras. Xinhua señala que la fase siguiente estará dedicada precisamente a obtener información sobre morfología, composición material e interior del objeto para preparar la operación de muestreo.

Eso suena rutinario, pero no lo es. Un asteroide de unos 20 metros tiene una gravedad extremadamente baja, rota rápido y puede presentar una superficie difícil de interpretar desde lejos. El propio estudio del James Webb confirma una rotación de 27,9 minutos, lo que convierte a Kamoʻoalewa en un objetivo dinámico, pequeño y poco indulgente para una maniobra de contacto.

Otro trabajo reciente, centrado en las características físicas del asteroide como objetivo de Tianwen 2, estima un periodo de rotación de 28,4517 minutos y sugiere que su superficie podría estar formada por una mezcla de granos y bloques pequeños, una pista clave para diseñar la recolección. Ese detalle importa porque no es lo mismo tomar muestras de una superficie cubierta de regolito suelto que de una roca compacta donde la sonda tendría que usar un sistema más agresivo.

Kamoʻoalewa no es una luna, pero tampoco es un asteroide cualquiera

Kamoʻoalewa suele describirse como un cuasiluna o cuasisatélite de la Tierra, aunque la etiqueta puede confundir. No está gravitacionalmente atado a nuestro planeta como la Luna. Orbita el Sol, pero lo hace en una resonancia 1:1 con la Tierra, de manera que desde nuestra perspectiva parece mantenerse cerca de nosotros durante largos periodos.

Un estudio de 2016 ya describía a 2016 HO3 como un cuasisatélite terrestre especialmente cercano y estable, con transiciones entre configuraciones de cuasisatélite y órbitas de tipo herradura. Según ese trabajo, su episodio actual como cuasisatélite comenzó hace cerca de un siglo y podría mantenerse durante unos cientos de años más.

Esa rareza orbital es una de las razones por las que China lo eligió como objetivo. Kamoʻoalewa es lo bastante accesible como para una misión de retorno de muestras, pero lo bastante extraño como para que cada gramo traído a la Tierra pueda responder preguntas sobre el origen de los pequeños cuerpos que circulan cerca de nuestro planeta.

La gran pregunta: ¿es un fragmento de la Luna o algo diferente?

China acaba de llegar a una roca tan pequeña que casi parece una misión imposible. Tianwen 2 intentará traer muestras del cuasisatélite Kamoʻoalewa, el misterioso compañero de la Tierra
© CNSA.

Durante los últimos años, una de las hipótesis más sugerentes fue que Kamoʻoalewa podía ser un fragmento lunar expulsado por un impacto. En 2021, un estudio liderado por Benjamin Sharkey encontró que su espectro se parecía a materiales silicatados lunares alterados por el ambiente espacial, lo que abrió la posibilidad de que este pequeño objeto fuera, literalmente, un pedazo de la Luna vagando cerca de la Tierra.

Pero las observaciones más recientes del James Webb complican esa historia. Según el nuevo análisis, el espectro infrarrojo de Kamoʻoalewa aparece menos rojizo de lo que sugerían observaciones terrestres anteriores y se parece más a asteroides silicáticos de tipo S, V o E que a materiales lunares erosionados. Los modelos del Webb, además, apuntan a un albedo alto y a una composición compatible con materiales ricos en enstatita con oldhamita.

Eso no cierra el debate, pero lo vuelve más interesante. Si Kamoʻoalewa fuera lunar, las muestras podrían contar una historia sobre impactos, eyecciones y fragmentos de la Luna atrapados temporalmente en órbitas cercanas a la Tierra. Si no lo fuera, estaríamos ante otro tipo de objeto pequeño y brillante, quizá procedente del cinturón interior de asteroides, que llegó a una configuración orbital muy especial.

China quiere traer las muestras y después ir todavía más lejos

Tianwen 2 despegó en mayo de 2025 desde Xichang a bordo de un cohete Larga Marcha 3B. Como recuerda Space.com, su plan es estudiar Kamoʻoalewa durante varios meses, recoger muestras y enviarlas a la Tierra en una cápsula a finales de 2027. Después, la nave continuará hacia otro objetivo todavía más lejano: el objeto 311P/PANSTARRS, un cuerpo del cinturón principal con comportamiento cometario, al que debería llegar alrededor de 2035.

La misión encaja en una secuencia clara de ambición espacial china. Después de traer muestras lunares con Chang’e 5 y Chang’e 6, Tianwen 2 apunta a un retorno de muestras mucho más complejo: no desde un cuerpo grande y conocido, sino desde un asteroide diminuto, rápido y con una naturaleza todavía debatida.

Lo más llamativo es que el verdadero giro de la misión llegó antes incluso de tocar la superficie. Kamoʻoalewa parece ser más pequeño, más brillante y quizá más extraño de lo que se esperaba. Tianwen 2 ya lo alcanzó, pero el desafío real empieza ahora: acercarse a una roca casi mínima, entender de qué está hecha y conseguir que un puñado de material sobreviva al viaje de vuelta a la Tierra.

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