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Tecnología

China desafía a Neuralink: su plan secreto para dominar los chips cerebrales

Pekín ha revelado un ambicioso plan para dominar las interfaces cerebro-computadora, una tecnología donde hasta ahora brillaba Neuralink de Elon Musk. La meta: ser potencia mundial en cinco años
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Si durante décadas la rivalidad entre Estados Unidos y China giró en torno a la energía solar, los semiconductores o la inteligencia artificial, ahora el nuevo campo de competencia se encuentra dentro de nuestro propio cerebro.

Las interfaces cerebro-computadora (BCI), capaces de leer y traducir la actividad neuronal para controlar máquinas con el pensamiento, están dejando de ser un concepto futurista para convertirse en proyectos de ingeniería con metas concretas. En Estados Unidos, empresas como Neuralink, Synchron o Paradromics han acaparado titulares con implantes experimentales. Pero en julio, China dio un paso decisivo: siete organismos oficiales presentaron una hoja de ruta para liderar esta industria a nivel global en 2030.

El plan incluye 17 medidas que abarcan desde la mejora de chips de lectura cerebral y algoritmos de descodificación hasta la fabricación en masa de dispositivos médicos y de consumo.

Implantes que ya cambian vidas

Aunque su incursión fue más tardía, China ha acelerado rápidamente. Empresas como NeuroXess han probado sus dispositivos en pacientes con parálisis: algunos han logrado mover cursores, manejar brazos robóticos e incluso descodificar el habla en tiempo real.

Otro actor clave es NeuCyber NeuroTech, que ha desarrollado un chip del tamaño de una moneda, el Beinao-1, implantado ya en cinco personas. Los resultados preliminares muestran estabilidad y seguridad, permitiendo a pacientes paralizados navegar por aplicaciones móviles o escribir con la mente.

Según estimaciones oficiales, entre uno y dos millones de pacientes chinos podrían beneficiarse de esta tecnología en usos de asistencia y rehabilitación. Pero el alcance va más allá: el documento político chino también contempla aplicaciones para monitorizar enfermedades cerebrales y prevenir accidentes de tráfico con sensores no invasivos que midan el nivel de atención de los conductores.

De los hospitales al consumo masivo

El plan de Pekín no se limita al ámbito médico. China quiere democratizar la BCI como producto de consumo, fabricando dispositivos no implantables en forma de auriculares, gafas o visores. Estos aparatos podrían medir fatiga, atención o somnolencia en tiempo real, con aplicaciones en sectores críticos como la energía nuclear, la minería o la aviación.

La gran ventaja de China es su músculo industrial: ya es el mayor productor mundial de electrónica de consumo, lo que podría abaratar y masificar dispositivos que en Occidente aún son caros y experimentales.

Mientras tanto, EE. UU. mantiene su liderazgo en innovación pionera gracias a Neuralink y a la nueva startup de Sam Altman, Merge Labs, que apunta a competir directamente en este campo. La rivalidad tecnológica ya no solo es comercial, sino estratégica: quién logre estandarizar la BCI podría sentar las bases de una nueva revolución en salud, seguridad y comunicación.

Competencia o cooperación

Aunque el tono del plan sugiere una carrera geopolítica por la supremacía, algunos empresarios chinos defienden la colaboración internacional. “Podemos cooperar como sociedad para construir algo útil para los pacientes. No queremos involucrarnos en cuestiones geopolíticas”, declaró Phoenix Peng, CEO de NeuroXess.

Aun así, la realidad apunta a una carrera contrarreloj: Pekín quiere aprobar al menos un sistema de BCI para 2027 y tener una industria globalmente competitiva en 2030. Si lo logra, el liderazgo de Elon Musk y las startups estadounidenses podría verse amenazado.

[Fuente: Wired]

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