La historia de la ciencia está llena de riesgo, ingenio y también de sacrificio personal. Hubo investigadores que llevaron la curiosidad hasta un punto extremo: experimentar con su propio cuerpo. Lo hicieron sin garantías, enfrentándose a enfermedades mortales y a procedimientos desconocidos. Su audacia abrió caminos que cambiaron para siempre la forma en que entendemos y practicamos la medicina moderna. Estas son cuatro de sus historias más sorprendentes.
Barry Marshall: el “doctor loco” que bebió bacterias
En los años 80, Barry Marshall desafió a la comunidad médica al ingerir Helicobacter pylori para demostrar que las úlceras no eran fruto del estrés, sino de una infección bacteriana. Se enfermó gravemente, se curó con antibióticos y revolucionó la gastroenterología. En 2005, recibió el Nobel junto a Robin Warren por este hallazgo decisivo.
Barry Marshall was sure that Helicobacter pylori caused peptic ulcers, but since it was illegal to test that on humans, he drank a Petri dish with the bacteria.
He developed ulcers within days, treated them with antibiotics and went on to win a Nobel Prize. pic.twitter.com/qpzFHcdnaH
— Massimo (@Rainmaker1973) November 10, 2024
Werner Forssmann: un catéter en su propio corazón
En 1929, el joven médico alemán Werner Forssmann introdujo un tubo de 65 centímetros por su vena hasta la aurícula derecha para probar su idea de cateterismo. Fue tachado de imprudente y marginado, pero décadas después su técnica dio origen a la cardiología intervencionista moderna. En 1956, obtuvo el Nobel como reconocimiento tardío.
At the age of 24, Werner Forssmann had a plan – to try the very first heart catheterisation on himself.
Catheterisation is today a common procedure used to find heart defects, deliver medicine and open up blocked arteries. In 1956, Forssmann shared the medicine prize. pic.twitter.com/O8bml06jzX
— The Nobel Prize (@NobelPrize) June 29, 2025
Alexander Bogdanov: transfusiones en busca de juventud
Médico, filósofo y revolucionario ruso, Bogdanov se sometió a más de diez transfusiones convencido de que rejuvenecían cuerpo y mente. Fundó el primer instituto de transfusión sanguínea en Moscú, pero murió tras recibir sangre infectada. Aunque sus conclusiones eran erróneas, sus experimentos contribuyeron al desarrollo de la hematología y a la seguridad en transfusiones.
Russian doctor Alexander Bogdanov starts a series of blood transfusion experiments in the hopes of achieving eternal life.
Among his test subjects is Maria Ulyanova, Vladimir Lenin’s sister. pic.twitter.com/jvKigVZWdw
— 1925 Live (@100YearsAgoLive) October 1, 2024
Stubbins Ffirth: pruebas extremas contra la fiebre amarilla
A inicios del siglo XIX, el estadounidense Stubbins Ffirth intentó demostrar que la fiebre amarilla no era contagiosa. Se untó vómitos de pacientes, ingirió líquidos infectados y se expuso a sangre contaminada, sin enfermar. Se equivocaba: el virus se transmite por mosquitos. Su error, sin embargo, quedó como uno de los ejemplos más radicales de autoexperimentación.
Ciencia y sacrificio: la delgada línea entre riesgo y progreso
Aunque muchas de estas prácticas serían hoy inadmisibles desde un punto de vista ético, no cabe duda de que allanaron el camino hacia descubrimientos que salvan millones de vidas. La medicina moderna se beneficia de su osadía, recordándonos que la frontera entre la temeridad y la genialidad siempre ha sido difusa.
Fuente: Infobae.