La última vez que un ser humano caminó sobre la Luna fue en diciembre de 1972, durante la misión Apollo 17. Más de medio siglo después, regresar al satélite no solo requiere nuevos cohetes, naves y módulos de aterrizaje. También implica resolver una cuestión fundamental: cómo conseguir que el cuerpo humano soporte el viaje y pueda trabajar con normalidad cuando llegue a la superficie lunar.
China está investigando precisamente esa parte menos visible de su programa lunar. Su objetivo oficial sigue siendo llevar astronautas a la Luna antes de 2030 y, para prepararse, ha recurrido a una herramienta mucho más sencilla que un cohete: una cama.
Hasta 30 días sin ponerse de pie
El experimento, denominado Dixing-3, comenzó en mayo de 2026 y dividió a los voluntarios en distintos grupos que permanecieron acostados durante 15 o 30 días.
Durante ese periodo tuvieron que comer, asearse, dormir, orinar y defecar sin levantarse. Al mismo tiempo, los investigadores realizaron mediciones fisiológicas y probaron diferentes estrategias destinadas a reducir los efectos negativos de permanecer durante largos periodos en condiciones similares a las de un vuelo espacial.
La postura es fundamental en estos estudios. Mantener a una persona acostada con la cabeza aproximadamente 6° por debajo de los pies provoca que los fluidos corporales se desplacen hacia la zona superior del organismo y reduce la carga sobre huesos y músculos de las piernas.
Estos cambios permiten reproducir en la Tierra algunos de los efectos que aparecen durante una estancia prolongada en microgravedad.
Dixing-3 añadió además posiciones con la cabeza elevada para investigar condiciones de gravedad reducida y, especialmente, la transición entre diferentes niveles gravitatorios.

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El problema de llegar a la Luna después de semanas sin gravedad
La cuestión resulta especialmente importante en una misión lunar.
Durante buena parte del viaje, los astronautas se encuentran prácticamente en microgravedad. Sin embargo, cuando llegan a la Luna pasan a trabajar bajo una gravedad equivalente aproximadamente a una sexta parte de la terrestre.
El organismo debe adaptarse rápidamente justo cuando los astronautas necesitan caminar, utilizar herramientas y realizar actividades sobre la superficie.
Según el Centro de Astronautas de China, las contramedidas probadas durante Dixing-3 mostraron efectos positivos sobre los sistemas óseo, muscular y cardiovascular, aunque todavía no se han publicado resultados científicos detallados del experimento.
La investigación también puede servir para misiones orbitales prolongadas. China tiene actualmente un astronauta de Shenzhou 23 realizando un experimento de permanencia en órbita de un año, diseñado precisamente para estudiar los límites fisiológicos de los vuelos espaciales de larga duración.
China lleva casi dos décadas acostando voluntarios
Dixing-3 no es un experimento aislado. China realiza este tipo de investigaciones desde 2007.
En 2019 desarrolló Dixing-2, un ensayo mucho más prolongado en el que 36 hombres participaron en un protocolo de reposo de hasta 90 días con la cabeza inclinada 6° hacia abajo.
La NASA y la Agencia Espacial Europea utilizan estudios similares porque permiten investigar desde tierra problemas como la pérdida de masa muscular, el deterioro óseo y las alteraciones cardiovasculares asociadas con los vuelos espaciales.
Mientras tanto, China continúa desarrollando el cohete Long March-10, la nave Mengzhou, el módulo lunar Lanyue y el traje Wangyu para alcanzar su objetivo de llegar a la Luna antes de 2030.
NASA, por su parte, apunta actualmente a comienzos de 2028 para realizar con Artemis IV el primer alunizaje tripulado de su nuevo programa lunar.
Más de medio siglo después de Apollo 17, regresar a la Luna vuelve a ser una carrera tecnológica. Pero también es una carrera para conseguir que, después de viajar cientos de miles de kilómetros en microgravedad, el cuerpo humano pueda volver a ponerse de pie y trabajar en otro mundo.