Viajar al espacio modifica prácticamente todo lo que ocurre dentro del cuerpo humano. La ausencia de gravedad puede reducir la densidad ósea, alterar la visión, debilitar los músculos y afectar al sistema cardiovascular. Ahora, una nueva investigación sugiere que también puede cambiar profundamente la manera en que funciona el intestino.
El estreñimiento es un problema conocido entre los astronautas, pero un equipo de investigadores de la Universidad de Copenhague y la NASA ha encontrado indicios de que detrás de esa dificultad para ir al baño podría esconderse un fenómeno metabólico mucho más amplio.
El estudio analizó muestras de sangre de 52 astronautas que participaron en misiones de entre dos y nueve meses en la Estación Espacial Internacional y encontró una señal sorprendentemente consistente: poco después de llegar al espacio, las bacterias intestinales empiezan a fermentar más proteínas de lo habitual.
El problema empieza cuando las bacterias se quedan sin fibra
Normalmente, muchas bacterias del intestino utilizan los carbohidratos procedentes de la fibra como fuente de energía. Durante ese proceso producen compuestos que, en cantidades adecuadas, pueden resultar beneficiosos para el organismo.
Pero cuando la fibra disponible disminuye, algunas bacterias pueden cambiar de combustible y comenzar a descomponer proteínas.
Este fenómeno se conoce como fermentación de proteínas.
Los investigadores encontraron en la sangre de los astronautas varios metabolitos asociados precisamente con este proceso. Los resultados sugieren que los alimentos podrían permanecer más tiempo dentro del intestino durante los vuelos espaciales, permitiendo que las bacterias agoten antes la fibra disponible y recurran posteriormente a las proteínas.
Sin embargo, el estudio no midió directamente el tiempo que tardaban los alimentos en atravesar el sistema digestivo, por lo que el tránsito intestinal más lento sigue siendo una explicación propuesta a partir de los cambios metabólicos observados.

Los cambios aparecen pocas semanas después de llegar al espacio
Uno de los aspectos más llamativos de la investigación es la rapidez con la que aparece esta transformación.
Los científicos observaron que los marcadores relacionados con la fermentación de proteínas aumentaban durante las primeras semanas de la misión y permanecían elevados durante buena parte de la estancia en el espacio.
Una vez que los astronautas regresaban a la Tierra, los niveles comenzaban a normalizarse.
Esto apunta a que el entorno espacial podría producir una modificación relativamente rápida en el funcionamiento del ecosistema intestinal.
No se trata solamente de estreñimiento
La fermentación de proteínas genera distintos compuestos que pueden atravesar la pared intestinal y llegar al torrente sanguíneo.
Algunos de estos metabolitos se han relacionado en investigaciones anteriores con efectos negativos sobre distintos órganos.
Según los investigadores, determinados productos de esta fermentación se han asociado con daño renal, alteraciones del estado de ánimo y una reducción de la capacidad de concentración. También podrían influir en la comunicación entre el intestino y el cerebro a través del llamado eje intestino-cerebro.
Esto resulta especialmente relevante en los vuelos espaciales de larga duración, donde los astronautas ya están sometidos a factores como aislamiento, radiación, cambios en los ciclos de sueño y pérdida de masa muscular.
🚀 Christina Koch can now add "space plumber" to her résumé!
The Artemis II astronaut fixed a toilet issue aboard the Orion spacecraft just hours after launch. pic.twitter.com/Tp1gIPULo4
— TMZ (@TMZ) April 3, 2026
La solución podría empezar por algo tan simple como la dieta
Los investigadores creen que conocer este mecanismo podría ayudar a diseñar nuevas estrategias para proteger la salud de las futuras tripulaciones.
Una posibilidad sería aumentar la cantidad o el tipo de fibra presente en la alimentación de los astronautas. También podrían estudiarse prebióticos u otros tratamientos destinados a favorecer el tránsito intestinal y mantener un equilibrio adecuado de la microbiota.
La cuestión será especialmente importante para futuras misiones de larga duración hacia destinos como la Luna o Marte, donde los astronautas podrían pasar meses o incluso años lejos de la Tierra.
Lo aprendido en el espacio también podría servir en la Tierra
El fenómeno no tiene por qué limitarse a los astronautas.
Las personas que permanecen inmovilizadas durante largos periodos, por ejemplo pacientes hospitalizados que pasan mucho tiempo en cama, también pueden experimentar una ralentización del tránsito intestinal.
Por eso, comprender cómo cambian las bacterias intestinales durante los vuelos espaciales podría ayudar a desarrollar tratamientos aplicables también en hospitales.
El estreñimiento de los astronautas parecía hasta ahora uno más de los numerosos inconvenientes de vivir sin gravedad. El nuevo estudio sugiere que puede ser, en realidad, una pista visible de cambios mucho más profundos que ocurren dentro del organismo.