Aunque subirnos a un avión puede parecer inofensivo, el cuerpo sufre una serie de cambios que pueden pasarnos factura. Desde la presión hasta el aire seco o la inmovilidad prolongada, todo influye. Si no queremos que nuestras vacaciones comiencen con mal pie, conviene prestar atención a ciertos hábitos que marcan la diferencia.
Hidrátate antes, durante y después del vuelo
La atmósfera en la cabina de un avión tiene un nivel de humedad extremadamente bajo, lo que favorece la deshidratación. Esto puede afectarte incluso aunque no sientas sed. Por ello, lo ideal es beber al menos un vaso de agua por cada hora de vuelo. Además, la piel también lo nota, por lo que se recomienda aplicar crema hidratante antes de embarcar, y en trayectos largos, llevar productos adicionales para mantener la hidratación. En personas con dermatitis u otras afecciones cutáneas, consultar con un dermatólogo puede evitar brotes indeseados durante el viaje.

Evita el alcohol en pleno vuelo
Aunque suene sofisticado pedir una copa de vino a bordo, no es la mejor idea. El alcohol agrava la deshidratación y puede interferir en la correcta oxigenación de la sangre, complicando la adaptación a los cambios de presión. Un estudio reciente incluso sugiere que potencia los síntomas del mal de altura. En resumen, cuanto menos alcohol, mejor.
Mascarilla, desinfección y sentido común
El contagio de virus y bacterias en espacios cerrados como un avión es más común de lo que parece. Llevar mascarilla sigue siendo una estrategia válida, sobre todo en épocas de gripe o si vas a convivir con personas vulnerables. También es útil desinfectar superficies como la bandeja o el reposabrazos con toallitas antibacterianas.
Muévete para evitar problemas circulatorios
Estar sentado durante muchas horas puede aumentar el riesgo de trombosis venosa profunda. Este riesgo se incrementa en vuelos largos, especialmente en personas con antecedentes. Para prevenirlo, conviene estirar las piernas, caminar por el pasillo cuando sea posible y realizar movimientos circulares con los tobillos. En algunos casos, puede ser útil el uso de medias de compresión.

Protege tus oídos de los cambios de presión
El despegue y el aterrizaje pueden provocar molestias e incluso dolor de oídos. Para prevenirlo, puedes masticar chicle, tragar saliva o bostezar durante esos momentos. Las personas con otitis o afecciones auditivas deben prestar especial atención a estas recomendaciones.
Cuidado con lo que comes antes de volar
Los cambios de presión también afectan al sistema digestivo. Los gases se expanden y pueden causar molestias abdominales. Evita alimentos con alto contenido en fibra o aquellos que ya sabes que te provocan flatulencias. Aunque el chicle ayuda con la presión en los oídos, también puede generar gases, así que úsalo con moderación.
Tomar medidas sencillas puede marcar la diferencia entre un vuelo agotador y uno placentero. Cuidar la hidratación, el movimiento, la higiene y la alimentación te permitirá aterrizar con energía y comenzar tu viaje sin contratiempos. Y lo mejor: estos consejos no requieren más que un poco de previsión.
Fuente: Hipertextual.