El teléfono se ha convertido en una extensión de la mano: lo consultamos más de 200 veces al día y dedicamos cerca de 76 días completos al año a la pantalla. Este exceso alimenta el fenómeno del doomscrolling, el hábito de consumir de manera compulsiva noticias negativas. La buena noticia es que existen métodos para revertirlo y aprender a scrollear de forma más consciente.
El efecto dopamina y el ciclo del doomscrolling
Cada notificación activa un circuito de recompensa en el cerebro: un “me gusta” o un comentario generan dopamina, lo que nos impulsa a revisar el teléfono una y otra vez. El problema surge cuando ese mismo mecanismo nos mantiene enganchados a información angustiante, que dispara ansiedad y tristeza, según advierten los psicólogos Brad Marshall y Lindsay Hassock, autores de Do Not Disturb.

Consecuencias para la salud mental
El doomscrolling perpetúa un estado de alerta constante. Esto altera el descanso, incrementa el estrés y dificulta la concentración. Además, la sobreexposición a noticias negativas afecta la calidad de nuestras relaciones personales. Los datos son elocuentes: solo en 2024, el estadounidense promedio pasó cinco horas diarias conectado al móvil.
Del doomscrolling al hopescrolling
La alternativa se llama hopescrolling: buscar contenidos que inspiran, educan y aportan motivación. Para lograrlo, los expertos recomiendan:
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Fijar límites de tiempo: 10 minutos para noticias y luego bloquear la app.
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Gestionar notificaciones: desactivar avisos reduce la tentación de revisar el móvil compulsivamente.
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Curar el feed: seguir cuentas y proyectos que generen emociones positivas, para que el algoritmo sugiera publicaciones similares.
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Observar las emociones: preguntarse cómo se siente uno frente a la pantalla y cortar cuando aparece estrés o irritabilidad.

Hacia un uso más consciente de la tecnología
El objetivo no es renunciar al móvil, sino convertirlo en una herramienta que favorezca la creatividad, la alegría y la conexión real. Reemplazar el doomscrolling por el hopescrolling es un pequeño cambio que, con práctica, puede transformarse en un hábito. Cada recaída ofrece la oportunidad de identificar patrones y reforzar una relación más saludable con la tecnología.
Fuente: Infobae.