Si tuvieras oportunidad de conocer tus probabilidades de sufrir de Alzheimer en un futuro no tan distante ¿la aprovecharías? ¿Y en qué cambiaría tu vida el saberlo? Esta semana, un estudio se cuenta entre los primeros en tratar de responder la segunda pregunta.
Científicos de Israel y los EE.UU. hicieron el seguimiento de cientos de personas, antes y después de su Tomografía por Emisión de Positrones (PET) para evaluar su riesgo de sufrir de mal de Alzheimer. Más allá de si el resultado de ese riesgo fuera positivo o negativo, su salud mental se mantuvo estable. Dicho esto, la gente se volvió menos motivada para mantener hábitos saludables que pudieran reducir su riesgo de sufrir deterioro cognitivo, según indica el estudio.
El mal de Alzheimer es la forma más común de ese deterioro que hoy afecta a más de 7 millones de estadounidenses. Todavía hay debate sobre cómo es que se desarrolla el Alzheimer, pero una de sus características definitorias es la acumulación de placas de beta-amiloide en el cerebro (las placas son acumulación de una forma errónea de plegado del beta-amiloide).
Es una acumulación que comienza años e incluso décadas antes de que la persona exhiba los primeros síntomas del mal de Alzheimer, y un tipo específico de imágenes de PET podría eventualmente detectar la acumulación. Esas imágenes por sí solas no confirman si alguien tiene o tendrá mal de Alzheimer, pero sí puede descartar esa afección (al menos en el futuro cercano) y hoy es una herramienta importante para diagnosticar y monitorear el potencial riesgo de sufrir esa enfermedad.
Ha habido estudios que investigan cómo afecta a las personas el conocer su riesgo de sufrir mal de Alzheimer, pero eran estudios en general pequeños, o con personas que tal vez ya buscaban tratamientos experimentales y potenciales para esa enfermedad, según los investigadores (hay mutaciones heredadas que casi garantizan que alguien sufrirá del mal de Alzheimer a temprana edad). Querían descubrir cómo respondería un grupo relativamente grande de personas cognitivamente sanas al conocer su riesgo después del estudio PET.
Convocaron a 199 personas sanas de 40 años o más con historia familiar de mal de Alzheimer. Antes de efectuar el análisis por PET, se les encuestó en cuanto a su salud mental actual, a su preocupación por su memoria, y su motivación en cuanto a adoptar o mantener hábitos saludables que se cree reducen el riesgo de sufrir la enfermedad, como hacer ejercicio físico con regularidad. A seis meses de recibir los resultados de su PET, volvieron a preguntarles lo mismo.
Los que recibieron resultados que descartaban el riesgo inmediato de Alzheimer, según hallaron los investigadores, mejoraron notablemente sus niveles generales de depresión, ansiedad y preocupación por su memoria. En cambio, quienes recibieron resultados con riesgo confirmado de sufrir la enfermedad, tuvieron menos ansiedad y no se deprimieron o preocuparon en mayor medida que antes en cuanto a su memoria. Sin embargo, los dos grupos informaron tener menos motivación para mantener sus hábitos saludables.
“Nuestros hallazgos sugieren que no hay perjuicio psicológico ante la información del resultado del estudio con PET, tanto si [el nivel de beta-amiloide acumulado] es elevado como si no lo es”, escribieron los autores del trabajo que se publicó el miércoles en Alzheimer’s & Dementia.
Un tratamiento posible
Los hallazgos tienen especial relevancia porque actualmente podríamos estar a punto de ver un avance en el tratamiento del mal de Alzheimer. En los últimos años se han aprobado varias drogas anti-amiloide que pueden eliminar la placa del cerebro y potencialmente frenar o hacer más lento el avance del deterioro cognitivo. Son drogas cuya efectividad es modesta, pero la ciencia trabaja para desarrollar nuevas drogas o métodos que podrían mejorar la potencia de esos tratamientos. Hay otra perspectiva que podría incluir el tratamiento a individuos de alto riesgo con medicación anti-amiloide, muchos años antes de la edad en que se esperaría que tuvieran síntomas.
Si los tratamientos tempranos de prevención pueden funcionar como se espera que lo hagan, quizá las imágenes por PET se conviertan en la herramienta común para confirmar o descartar mal de Alzheimer. Eso significa entender la forma en que reaccionarán las personas, y hasta qué punto importa esa reacción, en especial si lo que se busca es contribuir a reducir el riesgo. Incluso si la medicina de hoy no logra detener el mal de Alzheimer, los estudios calculan que hasta el 45% de los casos tienen vinculación con hábitos y estilo de vida que pueden modificarse para mejor. Por eso, podría ser esencial encontrar la forma de mantener motivadas a las personas, para prevenir el mal de Alzheimer.
“La disminución en la motivación para adoptar cambios en el estilo de vida después de recibir los resultados, [de beta amiloides] elevados o no elevados, nos alerta contra la falsa tranquilidad del proceso de comunicación de los resultados”, escribieron los autores.
En otras palabras, el conocimiento de tu riesgo de sufrir mal de Alzheimer no tiene que ser el final del camino. Más allá del resultado de los estudios, hay muchas cosas que puedes hacer para controlar el envejecimiento de tu cerebro y tu cuerpo, manteniéndolos en forma, desde ejercicio cardio, a la administración de algunas vacunas. Y pronto podría haber más herramientas a nuestro alcance para frenar el deterioro cognitivo.