Aunque Corea del Norte y Corea del Sur firmaron un armisticio en 1953, nunca terminaron oficialmente la guerra. Hoy, el frente está en otro terreno: la información. No se disparan misiles, pero sí canciones pop, USB con series extranjeras y transmisiones clandestinas.
En las últimas semanas, Corea del Sur reactivó los altavoces propagandísticos que apuntan al norte con música y mensajes sobre libertad. Al otro lado, Corea del Norte responde con himnos militares a todo volumen. Es una especie de duelo sonoro, pero lo más intenso ocurre en silencio, bajo tierra o en la oscuridad de la noche.
Las armas: dramas coreanos, memoria USB y ondas de radio

Desde hace años, activistas y desertores envían USB con contenido prohibido: dramas de Netflix, canciones de BTS, tutoriales sobre democracia. Estos dispositivos cruzan la frontera en cajas de fruta o flotan por los ríos, burlando cercas y patrullas.
Organizaciones como Unification Media Group crean cuidadosamente listas con dos tipos de contenidos: entretenimiento “seguro” y material educativo altamente prohibido. Lo primero inspira curiosidad, lo segundo, peligro.
Y funciona. Muchos desertores aseguran que estas series fueron su despertar. Ver libertad, riqueza y posibilidades en la pantalla los llevó a cuestionar el sistema y, en algunos casos, a huir.
«Lloré viendo una serie surcoreana. Me hizo soñar con otra vida», contó Kang Gyuri, una joven que escapó del norte en barco en 2023.
Kim contraataca: ejecuciones, censura y vigilancia total

El régimen de Kim Jong-un está al tanto del peligro que representa esta “invasión cultural” y ha respondido con dureza.
Nuevas leyes ordenan penas de prisión e incluso la muerte para quienes vean contenido extranjero. Jóvenes son ejecutados por tener videos de K-pop en sus teléfonos.
Además, «escuadrones de represión juvenil» recorren las calles. Castigan a quien use palabras con acento surcoreano, vista de forma «occidental» o hable de actores extranjeros. Los teléfonos norcoreanos incluso autocensuran palabras: si escribes “oppa” (hermano mayor, en estilo K-drama), el sistema lo borra o reemplaza.
Y el contrabando se ha vuelto más difícil. Durante la pandemia, Corea del Norte reforzó la frontera con cercas eléctricas y nuevas patrullas. Ahora, solo los más valientes se atreven a cruzar información.
Estados Unidos se retira… y Corea del Norte avanza

La mayoría de las operaciones para informar a los norcoreanos han sido financiadas por el gobierno de EE.UU. Sin embargo, con el regreso de Donald Trump al poder, se suspendieron fondos clave a medios como Voice of America y Radio Free Asia.
La excusa: reducir «gastos en propaganda radical». El resultado: Kim tiene menos enemigos en el campo informativo.
Activistas advierten que, sin este apoyo, la guerra de la información se estanca. Y Corea del Sur no parece dispuesto a tomar la posta: el conflicto está demasiado politizado. El candidato presidencial favorito incluso prometió apagar los altavoces si gana las elecciones.
Una esperanza persistente… aunque silenciosa
Pese a la represión, los cambios culturales están sembrando algo. «El gobierno no puede borrar lo que ya está en la mente de la gente», dicen los activistas. Aunque aún no hay protestas masivas, hay algo nuevo: jóvenes que piensan distinto, que sueñan, que comparan.
Y mientras los USB sigan flotando río abajo, la guerra silenciosa continuará.
[Fuente: BBC en Español]