En parques, colegios y redes sociales, cada vez es más habitual escuchar a padres hablar a sus hijos en un idioma que ellos mismos aprendieron de adultos. No son nativos, pero buscan darles a sus hijos un acceso temprano al bilingüismo. Este fenómeno —la inmersión lingüística en el hogar— crece desde los años 60, pero su impacto real ha comenzado a estudiarse de forma sistemática. La ciencia ofrece respuestas claras, matices importantes y advertencias que conviene tener en cuenta.
Los pioneros: de Yugoslavia a Australia
El primer caso documentado surgió en 1965, cuando un lingüista serbio decidió criar a su hijo exclusivamente en inglés. El resultado: ningún efecto negativo sobre su serbio nativo, aunque el inglés quedó como lengua secundaria conforme aumentó el peso del entorno social.
En los años 70, un profesor australiano repitió el experimento con sus tres hijos en alemán. Tras doce años de análisis, los niños desarrollaron un bilingüismo sólido, comparable al de familias nativas. Sus manuales se convirtieron en referencia para investigadores y padres.

Los padres: dudas, estrategias y expectativas
Los temores más comunes son dos: transmitir errores y provocar retrasos del lenguaje. La evidencia es clara: no hay impacto negativo. Los pequeños errores quedan compensados por la exposición a múltiples fuentes de la lengua (series, canciones, libros, maestros, nativos…).
La clave está en cuánta exposición reciben los niños. La guía más aceptada indica que, para que una lengua minoritaria se consolide, debe representar al menos el 25% del tiempo despiertos.
Los expertos señalan que las estrategias “monolingües” (mantener siempre la lengua extranjera y no responder en la lengua dominante) tienden a producir mejores resultados, siempre que no generen estrés o rechazo. La armonía familiar pesa más que cualquier método.
Los niños: qué aprenden, cómo y hasta cuándo
Los estudios muestran que su desarrollo lingüístico es comparable al de otros niños bilingües: al principio mezclan idiomas y hacen interferencias, pero lo superan pronto.
Sin embargo, surge un patrón universal: la lengua del entorno siempre acaba dominando. En España, esto significa que el inglés tenderá a quedar en segundo plano, especialmente cuando comienzan la escolarización. Por eso muchos expertos recomiendan que ambos progenitores hablen la lengua extranjera en casa.

Algunos niños pueden mostrar resistencia cuando descubren que sus padres hablan la lengua del colegio. Es una fase frecuente y, a veces, lleva a abandonar la inmersión.
La sociedad: apoyo, incomprensión y el peso de la identidad
El entorno social puede facilitar o dificultar el proceso. A menudo, la decisión genera incomprensión: ¿por qué renunciar a la lengua materna? Los estudios muestran que esto no afecta al afecto ni al vínculo emocional, pero sí puede influir en la motivación familiar. En otros casos, el apoyo externo (escuelas, amistades, recursos) impulsa la continuidad.
¿Funciona realmente? La conclusión científica
Los testimonios de las familias son mayoritariamente positivos. La ciencia confirma que es una práctica viable, eficaz y enriquecedora… siempre que se sostenga en el tiempo y cuente con suficientes recursos externos.
La inmersión lingüística en el hogar no es una solución mágica, pero sí una herramienta poderosa cuando se aplica con constancia, flexibilidad y expectativas realistas.
Fuente: TheConversation.