Tecnología al alcance de la muñeca
Cada vez más personas confían en los relojes inteligentes para registrar su actividad física y controlar parámetros de salud. La promesa es simple: un pequeño dispositivo en la muñeca que te da información clave sobre tu cuerpo, desde el conteo de pasos hasta la saturación de oxígeno.
Uno de los datos más utilizados es el recuento de pasos, una medida obtenida mediante un acelerómetro que detecta el movimiento de la muñeca. Según Cailbhe Doherty, investigador de la Universidad College Dublin, esta tecnología es bastante precisa y confiable. Sin embargo, cuando se trata de otros valores, como la presión arterial o la quema de calorías, la exactitud del dispositivo comienza a ser cuestionada.

Los relojes utilizan un método llamado fotopletismografía (PPG) para medir la presión arterial y el oxígeno en sangre. Emiten una luz, generalmente verde, a través de la piel, y analizan la cantidad de luz reflejada para estimar los cambios en el volumen sanguíneo. En el caso del oxígeno en sangre, la luz es infrarroja y roja, lo que permite medir la cantidad de oxígeno en la hemoglobina.
Otro dato destacado es el VO2 máx, un indicador del volumen máximo de oxígeno que el cuerpo puede absorber y utilizar. Un VO2 máx elevado se asocia con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, por lo que se ha convertido en una métrica clave en la salud y el deporte. Sin embargo, según el doctorando Rory Lambe, los relojes inteligentes tienen un margen de error considerable en esta medición, que puede oscilar entre el 5% y el 13%.
¿Qué tan precisos son realmente?
Los estudios han demostrado que la precisión de los relojes inteligentes varía dependiendo de la métrica evaluada. En el caso de la frecuencia cardíaca y el GPS, la exactitud es bastante alta, permitiendo un monitoreo fiable. Sin embargo, los problemas aparecen cuando intentan medir el sueño o el gasto calórico.
La medición del sueño es especialmente compleja porque requiere analizar múltiples señales, como el ritmo cardíaco, la respiración y el movimiento. Cualquier error en uno de estos parámetros afecta la precisión del resultado final. Según Doherty, la «distancia» entre la señal original y la estimación del reloj es demasiado grande, lo que genera mediciones poco confiables.
El caso más crítico es el cálculo de calorías. La mayoría de los dispositivos utilizan acelerómetros y variaciones en la frecuencia cardíaca para hacer una estimación del gasto energético, pero estos métodos están lejos de ser precisos. La investigación del equipo de Doherty encontró que el margen de error en la medición de calorías oscila entre el 30% y el 150%. Esto significa que un reloj inteligente podría decirte que has quemado 1,000 calorías cuando en realidad solo han sido 300.
¿Importa que los relojes inteligentes no sean perfectos?
A pesar de sus imprecisiones, estos dispositivos pueden ser herramientas útiles para fomentar hábitos saludables. Un estudio realizado en la Universidad de Australia del Sur demostró que el uso de rastreadores de actividad física motiva a las personas a moverse más. En promedio, los usuarios aumentaron su actividad diaria en 1,800 pasos y caminaron unos 40 minutos más al día.

El investigador Ty Ferguson explica que muchas personas subestiman su nivel de actividad, y recibir datos concretos sobre su movimiento les ayuda a tomar conciencia y mejorar sus hábitos. Incluso si los valores no son exactos, proporcionan una referencia útil para hacer seguimiento de la actividad física.
Sin embargo, la falta de precisión puede llevar a la desconfianza. Un estudio reciente mostró que muchos usuarios abandonaron el uso de relojes inteligentes al notar inconsistencias en los datos. Si un dispositivo ofrece información poco fiable, es más probable que el usuario deje de utilizarlo con el tiempo.
¿Se volverán más precisos en el futuro?
Los expertos creen que la precisión de los relojes inteligentes mejorará con el tiempo, pero no por cambios en el hardware, sino por la evolución de los algoritmos. Doherty señala que las empresas como Apple y Google están recopilando enormes cantidades de datos de los usuarios, lo que permitirá afinar sus modelos y hacer que las mediciones sean más exactas.
A medida que más personas usen estos dispositivos, los algoritmos podrán aprender de grandes volúmenes de información y mejorar su precisión en áreas como la detección del sueño y el cálculo del gasto energético.
Por ahora, los relojes inteligentes ofrecen herramientas valiosas para monitorear la salud, pero no son perfectos. Su utilidad radica en la capacidad de motivar a los usuarios a ser más activos y conscientes de su bienestar, más allá de la exactitud de cada métrica.
[Fuente: BBC]