Darrell West de la centrista Brookings Institution le dijo el año pasado algo a Politico que ni siquiera habría que decir, pero lo recuerdo porque para mí es casi algo que se da por sentado: “Al mercado de valores podrá irle muy bien, pero si hay más desempleo y la IA se lleva los puestos de trabajo, para el estadounidense promedio eso no es bueno”.
Por ahora, al mercado de valores le va bien, y lo mismo sucede con el empleo, pero los estadounidenses detestan la economía y odian la IA. Además, no parecen agradarles los ejecutivos de la IA.
En China las cosas funcionan de otra manera. Allí parece que a la gente le gusta la IA y confía en ella. Después de Nigeria e India, la actitud de China para con la IA es la tercera más confiada del mundo, según una encuesta. Y hay otras encuestas que básicamente dicen lo mismo.
Hay algo que probablemente no afectará a la percepción del público chino: en China es ilegal despedir a alguien para reemplazarlo por la IA. Bloomberg lo había anunciado: a un trabajador chino le comunicaron que le rebajarían el puesto porque su tarea sería automatizada, pero él se negó a aceptar el descenso y lo despidieron. Pero resulta que la compañía no podía hacer lo que hizo.
El tribunal intermedio de Hangzhou tomó la determinación a finales del mes pasado, en varias sentencias referidas a la IA. En una parte, se presenta un principio [traducido con Google Translate aquí] que casi resulta intrigante: “Los empleadores no deben repercutir los costes operativos en los trabajadores”, o “Se prohíbe a los empleadores que pasen los costos operativos a los empleados”.
La declaración en forma más extensa es:
“… la tecnología de IA puede utilizarse para mejorar la eficiencia empresarial, liberar mano de obra y mejorar el bienestar de los empleados, y las empresas pueden aprovechar la tendencia a la transformación, pero al mismo tiempo deben tener en cuenta los derechos e intereses legítimos de los trabajadores, y no pueden reducir unilateralmente los salarios ni rescindir contratos en nombre del cambio tecnológico”.
Probablemente Sam Altman, cuya casa ya sufrió supuestamente dos ataques, se alegre de tener sótanos de concreto reforzado, y tal vez Mark Zuckerberg se construya un búnker en Hawái. A la economía le va bien, por ahora.