La energía eólica es símbolo de un futuro más limpio, pero su crecimiento descontrolado empieza a mostrar grietas inesperadas. Mientras más turbinas se suman al horizonte marino, un fenómeno físico conocido como “robo de viento” está desencadenando tensiones entre desarrolladores, países y expertos. En esta carrera por las renovables, incluso el viento necesita reglas.

El efecto estela: un obstáculo que se extiende con el viento
En alta mar, donde se multiplican los parques eólicos para alimentar la transición energética, un fenómeno invisible está generando alertas. Se trata del llamado “robo de viento”, que ocurre cuando un conjunto de turbinas ralentiza la corriente de aire que debería llegar a otro parque ubicado detrás. La consecuencia directa: menos energía producida, con pérdidas que pueden llegar al 10 %.
Este fenómeno, técnicamente conocido como efecto estela, se produce porque las turbinas alteran la velocidad del viento a su paso. “Detrás de cada turbina el viento es más lento, y lo mismo ocurre detrás de todo el parque”, explicó Peter Baas, de la firma holandesa Whiffle. Bajo ciertas condiciones, esta alteración puede extenderse más de 100 kilómetros, afectando a proyectos vecinos sin previo aviso.
El problema crece a medida que se instalan más turbinas en espacios limitados, especialmente en regiones como el Mar del Norte o el Báltico. Lo que parecía una solución limpia y cooperativa empieza a presentar rasgos de competencia encubierta.
Un recurso sin dueño, pero con mucho en juego
Frente a esta situación, investigadores y gobiernos intentan anticiparse. En Reino Unido, el profesor Pablo Ouro lidera un proyecto que estudia estos impactos para prever escenarios hacia 2030, cuando se proyecta una expansión masiva de turbinas marinas.

Pero el desafío no es solo técnico: también es político y legal. ¿Quién se hace responsable si un parque eólico británico afecta el rendimiento de uno neerlandés? Eirik Finserås, abogado experto en energía marina, advierte que ya hay conflictos legales entre operadores por este motivo, y que podrían escalar si no se definen normas claras.
Con turbinas cada vez más grandes —algunas con aspas que superan los 100 metros—, la eficiencia se convierte en arma de doble filo: generan más energía, pero también estelas más extensas. La falta de acuerdos internacionales agrava la tensión. Algunos especialistas proponen tratar al viento como otros recursos marinos compartidos, como el petróleo o la pesca.
Mientras el mundo acelera su marcha hacia un modelo energético renovable, este fenómeno poco visible pone sobre la mesa una advertencia clara: hasta las fuentes más limpias requieren planificación, cooperación y reglas claras.
Fuente: Meteored.