En un mundo donde cada decisión puede tener consecuencias enormes, no basta con decir “no lo sabía”. No todo desconocimiento es igual, y hay uno que duele más: el que proviene de la irresponsabilidad, la desidia o la arrogancia. En tiempos de crisis, esta diferencia no es un matiz académico: puede marcar la frontera entre el desastre y la prevención.
Ignorar no es lo mismo que no querer saber
Hay muchas cosas que simplemente no sabemos, y eso no tiene nada de malo. No todos debemos ser expertos en física cuántica o literatura persa. Esa ignorancia es natural. Pero cuando alguien con responsabilidades críticas desconoce lo que está obligado a saber, entramos en el terreno de la nesciencia: una ignorancia con consecuencias.

Esta distinción se vuelve especialmente grave en roles jerárquicos. Tal como planteó el “Principio de Peter”, muchas personas ascienden hasta alcanzar un cargo para el que no están preparadas. Allí, lo que era una ignorancia inofensiva se convierte en una amenaza sistémica. No es lo mismo no saber por falta de oportunidad, que no saber por falta de responsabilidad.
Valencia y una tragedia que no era inevitable
El reciente temporal que azotó Valencia expuso esta diferencia con una claridad dolorosa. Las advertencias estaban disponibles, los informes eran claros, y las infraestructuras ya habían sido señaladas como vulnerables. No fue una sorpresa. Fue una negligencia. Y esa negligencia tiene nombre: nesciencia.
Miles de personas quedaron atrapadas en sus hogares. No por falta de previsión meteorológica, sino por la falta de reacción de quienes debían actuar. No saber lo que uno tiene que saber en el momento adecuado no puede justificarse. Especialmente cuando hay vidas en juego.
Poder y responsabilidad: una ecuación inseparable
Estar al mando implica más que tomar decisiones: significa asumir sus consecuencias. Un liderazgo responsable no se escuda en la ignorancia ni delega culpas. Se prepara, se rodea de expertos, escucha y actúa con base en evidencia. La autoridad exige competencia, y la competencia exige humildad para aprender continuamente.
Karl Popper lo resumió con precisión: “La verdadera ignorancia no es la falta de conocimiento, sino negarse a adquirirlo”. En ese sentido, el saber no es solo un deber técnico, sino también un compromiso ético.

No podemos permitir liderazgos que improvisan
El futuro presenta desafíos enormes: desde crisis climáticas hasta avances tecnológicos que requieren decisiones informadas. No podemos aceptar liderazgos que improvisan, ni gestiones que eligen la propaganda sobre el conocimiento. La nesciencia institucional no es una carencia accidental: es una forma grave de negligencia.
Cuando lo que está en juego es el bienestar colectivo, la preparación ya no es una opción: es una obligación.
Fuente: TheConversation.